Mostrando entradas con la etiqueta aceptación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aceptación. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de julio de 2012

Una nueva historia... por Elena Savalza


Hace casi un año hablaba con mi amiga Liliana sobre el pasado, sobre “dejar ir”, la aceptación y otras tantas cosas que vienen a nuestras conversaciones habituales cuando una relación termina y te encuentras en proceso de sanar. En ese momento, me atormentaba la idea de cortar de raíz el contacto con uno de los hombres más importantes de mi vida, para lo cual Liliana intentaba darme ánimos y mostrarme su apoyo. Hubo un momento de la conversación en que Lily me dijo: “quizá no tengas que dejar de verlo o de hablarle, a lo mejor, sólo es cuestión de que quieras empezar una historia diferente, pero con la misma persona”.


Poco a poco, con el pasar de los meses, fui entendiendo lo que Liliana me quiso decir ese día: se trataba de eliminar de mi vida y del patrón de los pensamientos relacionados con esta persona, aquellos que me causaran enojo, dolor, rencor y toda clase de emociones negativas; para dar paso al amor, la compasión, el perdón y todas las manifestaciones de magia que se merecía alguien que había formado parte importante de mi vida y que, dentro de todo lo malo que pudiera haber existido, compartió conmigo muchas vivencias y momentos preciosos que guardo para siempre en mis recuerdos y en mi corazón.

Dejé de darle importancia a esta parte y continué mi camino. Con el pasar de los meses conocí más gente, trabajé, me tropecé, me caí, me levanté, me equivoqué y aprendí. Pero el concepto de “iniciar una historia distinta con la misma persona” no se había materializado en mi vida, así que no había tenido la oportunidad de vivir, en realidad, la enseñanza que Lily quería que hiciera parte de mí.

Este fin de semana, sin embargo, algo cambió…


Tuve la oportunidad, gracias a mi hermana Marina, de vivir una experiencia de sanación y reencuentro con la niña que fui, de recorrer mi camino de nuevo y detenerme en los lugares y momentos de mi existencia en los que he aprendido a ser la persona que soy ahora, incluyendo los recuerdos no tan gratos, mis tropiezos, mis errores y los momentos en los que me sentí culpable, perdida y sola.

Agradecí infinitamente lo que hasta el momento tengo y re-aprendí que el camino andado no ha sido en vano, porque hoy soy más fuerte y más sabia, sobre todo porque reconozco que jamás dejaré de aprender de mí y que cuando no sepa qué hacer no tengo que presionarme por tener todas las respuestas; de hecho, hasta es natural que no las tenga. Sin embargo, en todo momento, tendré siempre la opción de volver a la premisa básica: practicar el amor por mí misma.

Así, en el camino de amarme y aceptarme, de pronto vino la oportunidad de aceptar, amar y perdonar a aquellos que, por alguna razón, consideré mis verdugos. Justo allí, recordé a Liliana y la idea de iniciar “una historia distinta con la misma persona”. Y entonces, la magia y el amor que siempre ha existido pero que redescubrí en las últimas horas, hicieron su parte y pusieron frente a mí precisamente a aquella persona con la cual mi corazón me gritaba desde hacía tiempo que tenía que comenzar de nuevo.

La vi así: sin sarcasmo, sin cuestionar, sin intentar justificarme, sin criticarle ni reprocharle que no hubiera actuado como se suponía, según mi percepción, debió haber procedido. Sólo comencé a disfrutar del momento presente que estábamos compartiendo y evitando el hacer preguntas para las cuáles no tendremos jamás una respuesta racional. Saqué de mi bolsa la razón y la lógica, dejando que sólo hablara mi corazón.

¿El resultado? Pasé una de las mejores noches que he vivido recientemente. Entendí, por primera vez en mucho tiempo, que no puede haber magia robada, porque la magia no tiene adjetivos ni títulos de propiedad: simplemente es. Llega porque sí, permanece el tiempo que tiene que permanecer y no necesita más que un corazón y una mente verdaderamente dispuesta a recibirla.

Y esa historia distinta, con la misma persona, comenzó a escribirse hace unas horas… ¿Cómo terminará? No lo sé y no lo puedo saber. Sé que sucederá cuando tenga que aprender todo lo que Dios quiere que aprenda aquí: ni antes ni después.



No siempre podemos entender ni controlar todo aquello que nos pasa, pero siempre podemos “volver a lo básico”: practicar y sentir el amor, sin intentar explicar todo lo que nos sucede. Debemos confiar en que estamos en el lugar y momento preciso, con las personas correctas, porque todo forma parte de un plan preciso y detallado que alguien, mucho más inteligente, sabio y sensitivo que nosotros diseñó.

En la medida que aprendamos a disfrutar lo que tenemos y dejar de pensar en lo que no tenemos, es como la vida adquiere sentido. Sólo tienes el momento presente… ¡vivámoslo hoy!


Gracias por seguirme:
Todos los martes, mi columna “Desde mis ojos…” en www.letrafria.com
En Facebook, busca la página Mujeres Adictas a los Monstruos y da “like”
En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza

lunes, 6 de febrero de 2012

Volver a Empezar... Por Elena Savalza

Un día te despiertas y te das cuenta de que tu mundo no es ni remotamente parecido al mundo que tenías hace unos días. Pasó en realidad muy poco tiempo, pero fue suficiente como para que todo se pusiera de cabeza en tu vida.

No eres la misma. Te sientes débil, te sientes triste y dormir es la única opción viable para ti, a menos que exista alguna forma de desaparecer o, por lo menos, de volverte invisible por un tiempo.

Dormir y esperar que, cuando vuelvas a abrir los ojos, quien sea que te haya robado todo lo que perdiste lo devuelva a su lugar.

Y escribes, porque es lo único que sabes hacer para sacar de tu corazón todo aquello que te estorba para continuar tu camino. Escribes todas esas cosas que jamás dirás y todo lo que por prudencia, por respeto y por amor, hoy debes callar.

Escribes… escribes mucho. Le escribes a él, le escribes a ella, le escribes a Dios.

Hasta que por fin, después de tanto dar vueltas sobre lo mismo, descubres que tus opciones son realmente muy pocas. Probablemente, se resuman en una sola:

Volver a empezar


¿Cómo? No tienes ni idea. Sólo sabes que en el libro de tu vida ha llegado el momento de cambiar la página. Quizá te gustó la historia que se comenzaba a escribir en los últimos párrafos, pero sabes ahora que nada era verdad y que tienes que continuar leyendo, porque si no, corres el riesgo de perderte de la mejor parte del libro.

Pero antes de volver a empezar, sabes también que hay varias cosas que tienes que plantearte para seguir tu camino:

Perdonarte…

… Porque no eres perfecta…

… Porque el castigarte no hará que cambies lo sucedido…

… Porque no eliges a quien amar…

… Porque la cabeza puede darte mil razones, pero el corazón no entiende de lógica…

… Porque no puedes pasar la vida juzgándote tan duramente…

… Porque enamorarse no es un error…

… Porque tu intención jamás fue lastimar, aunque lo hayas hecho…

… Porque confiar no es tan malo, si lo vemos desde la perspectiva de que “Debemos creer para ver”…

… Porque no puedes controlarlo todo…

… Porque, sin importar cuántas veces te hayas equivocado, te mereces una mejor historia…

… Porque sabes que perdiste algo muy valioso para ti, pero también sabes que nadie te quita lo que es tuyo. Así que si eso que perdiste verdaderamente te pertenecía, regresará a ti en alguna parte del camino y podrás dar continuidad a una historia que, quizá, quedó inconclusa. Pero si no era para ti, Dios se encargará de recompensarte y de llenar el espacio vacío que quedó….

Perdonar a terceros…

… Porque no puedes pedirle a otros que actúen como tú quisieras…

… Porque no todos comparten tu perspectiva de lo correcto…

… Porque cada quien actúa conforme a las herramientas espirituales con las que cuenta…

… Porque no puedes pedirle a un gato que ladre, ni a un perro que maúlle…

… Porque no eres responsable del actuar de los demás…

… Porque quizá la conclusión no fue del todo justa y te llevaste la peor parte, pero fue tu elección el dar final así, sabiendo que era la forma de dañar menos a la gente que quieres…

… Porque el resentimiento crea ataduras más fuertes que el mismo amor…

… Porque Dios se encarga…

Aceptar

… Porque nada de lo que sucedió lo puedes cambiar ahora…

… Porque sea que te parezca duro, cruel, injusto, inconveniente o mezquino, en cualquier hora, en cualquier momento, estás donde tienes que estar y el universo marcha como debe ser…

… Porque hasta cuando estás mal, estás bien…

… Porque te espera algo mejor, a partir de que aceptes tu presente y conozcas exactamente el lugar donde te encuentras parada…

… Porque no puedes recomenzar sin hacer un recuento de tus recursos, por lo cual es necesario que te centres en tu realidad actual…

… Porque en esto, como en todo, Dios tiene una lección para ti, que descubrirás muy pronto…

Despedirte

… Porque aquello que tuviste fue útil y valioso en su momento, pero ya cumplió su ciclo en tu historia…

… Porque debes alejarte de todo aquello que te causa dolor, sean personas o situaciones…

… Porque sólo dejando ir, podrás dar espacio para que cosas nuevas y mejores vengan a tu vida…

… Porque nada en esta vida dura para siempre: ni tu angustia, ni tu tristeza, ni tu culpabilidad, ni tu rabia, ni tu dolor…

… Porque todo pasa y todo cambia, así es la vida…

Ver hacia adelante

… Porque aún te queda mucho por hacer, mucho por vivir, mucho por aprender, mucho por lo cual sonreír…

… Porque tienes familia, amigos, trabajo, salud y proyectos…

… Porque aún queda amor en tu corazón…

… Porque dentro de ti tienes todo lo necesario para vivir una vida plena, sin ataduras al pasado…

… Porque aun puedes hacer muchas cosas buenas por ti y por los demás…

… Porque nuevas metas y nuevos proyectos están esperando que decidas levantarte de la cama e ir por ellos…

… Porque el café de la mañana, sabe mejor cuando sabes que tienes mucho por lo cual despertarte…

… Porque hacia atrás ni para tomar impulso…

… Porque Dios está contigo y no necesitas nada más que eso…

… Porque si Dios te dejó caer, también te dará la valentía para levantarte…

… Porque en tu mente y en tu corazón, siempre serás esa Guerrera Fénix que resurge de las cenizas, regresando más fuerte que nunca…

Y ahora que ya lloraste, ya gritaste, ya dormiste, ya viviste el dolor y la desesperación hasta cansarte, solamente debes perdonarte, perdonar, aceptar, dejar ir y gritarte en voz alta:

¡Volvamos a empezar!

“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza y quien a Dios tiene, nada le falta…”

Ahora más cerca de ti:

En Facebook, da like a nuestra página Mujeres Adictas a los Monstruos
En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza

jueves, 3 de noviembre de 2011

Remodelación.- Paso #1: Removiendo escombros... Por Elena Savalza


¡Hola a todos!

Les saludo con mucho gusto desde la calurosa y siempre hermosa (¡Wow! ¡Ya hasta hago rimas!) Ciudad de Manzanillo, que, como dato cultural, es el Puerto Comercial más importante de nuestro querido México, pero también es un lugar lleno de paisajes hermosos. Si no me creen, dense una vuelta por la Bahía de La Audiencia y recorran las calles empedradas y empinadas de Las Hadas contemplando un atardecer y los buques arribando al puerto: comprenderán por qué se los digo. Sin embargo, de eso les contaré después…

Recordarán que hace casi un mes declaré públicamente tener mi corazón “Cerrado por Remodelación”. Pues bien, ese mismo día les prometí que, aunque en ese momento aún no tenía un plan específico, debía comenzar cuanto antes el proceso de remodelación porque no quería que, de ninguna manera, mi corazón fuera a terminar completamente en ruinas como finca abandonada... por mucho que el “abandonador” haya sido el amor de mi vida.

Les confieso que llevo casi dos semanas intentando escribir esta entrada y no ha sido una tarea fácil. Cuando imaginé la palabra “proceso”, lo primero que vino a mi cabeza fue un aire de autosuficiencia y una voz interior (que se parecía mucho a la mía, pero algo más prepotente… ¡y miren que no tengo la voz dulce!) que me decía:

-          “Elena: pero… ¿qué te pueden platicar a ti de procesos? ¡De eso vives! ¡Te pagan por diseñar y rediseñar procesos de trabajo del giro que se te presente!

Así que, mi primer intento de escritura, fue algo como esto:

Proceso de Remodelación

Objetivo: Estandarizar los criterios de trabajo, lineamientos y políticas para restaurar un corazoncito roto, con la finalidad de volverlo a poner en circulación.

Alcance: La secuencia de actividades marcadas en este proceso inicia desde la toma de conciencia de que existe un problema qué arreglar con el corazón hasta que  éste queda listo para la reapertura.

Responsabilidades: Solamente yo y nadie más que yo…

Este primer borrador me arrojó un profundo fracaso. Tuve que admitir que mis conocimientos teóricos y técnicos en la materia, no me servían absolutamente de nada cuando se trataba de comenzar una remodelación que, como “producto final”, suponía la enorme responsabilidad de “sacar al mercado” un corazón completamente listo para ser habitado nuevamente.

Es curioso, pero me cuesta mucho menos trabajo entender cómo funciona una importación, una exportación, un sistema de procuración de justicia, un trámite ante alguna dependencia de gobierno o hasta la infraestructura del sistema de agua potable. Sin embargo, entender cómo es que funciona mi corazón actualmente o cómo ha funcionado desde que tengo uso de razón, me altera los nervios de una manera que ni siquiera pueden imaginarlo.

Así que, ante la demostración más pura de la incapacidad de mi mente para procesar esta información y lograr una secuencia de pasos medianamente adecuada para iniciar, le pido (otra vez) a mi corazoncito loco que me diga por dónde iniciar.

Y el corazón habló (bueno, creo que gritó un poquito)... y me dijo: “Elena… ¡Por el principio! ¡No puedes pensar en una remodelación si primero no retiras los escombros!”.

“Retirar escombros”… ¡Muy bien, Corazón! Pero… define “escombros”.

Imaginando a mi corazón como a un edificio, empezaré por decir que en algún momento fue una moderna y reluciente construcción, diseñada por el mejor de los Arquitectos del Universo: Dios. Estoy segura de que, en su momento, contempló una construcción perfecta y lista para ser habitada. Es decir, mi corazón fue creado para ser un Hotel Gran Turismo o una Residencia en “La Punta”, “Puerta de Hierro” o “Bosques de las Lomas” (Dato cultural 2: hago mención de zonas residenciales muy exclusivas en Manzanillo, Guadalajara y México, D.F., respectivamente).

Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que este “edificio”, llamado Corazón de Elena, haya alojado en su interior algunos inquilinos que, probablemente, no han tenido el cuidado suficiente con él. O quizá es solamente el desgaste ocasionado por el paso del tiempo o algún fenómeno natural inclemente o todo y nada a la vez…

El caso es que, ahora, existen restos tirados por allí de un amor que alguna vez habitó con todas las comodidades dentro de mi corazón, pero del cual se fue desgastando el material poco a poco, casi de forma imperceptible, hasta que la estructura no pudo soportarlo y colapsó, haciendo un sonido estruendoso al caer (lágrimas, dolor y gritos) y dejando restos tirados por todos lados, entre polvo y basura, que hicieron imposible transitar por sus pasillos de nuevo.

En algunos intentos por reanudar la normalidad, he invitado a entrar a otros “inquilinos”. Sin embargo, no solamente no es agradable habitar un corazón con escombros tirados por todas partes, sino que es por demás inseguro, puesto que un nuevo accidente podría llegar a ocurrir, poniendo en riesgo la integridad de todos.

Así que, ni duda queda: antes de pensar en un nuevo habitante para mí corazón… ¡fuera escombros! Honestamente, considero que esta es la parte más complicada de este proceso. De entrada, porque la gran mayoría de las veces, me cuesta trabajo distinguir el momento preciso de “dejar ir”. Esto pudiera sonar un tanto contradictorio, si tomo en cuenta que hace mucho que vivo sola y que mi familia más cercana es mi hermana Marina, aquí en Manzanillo, pero el resto se encuentran a muchos kilómetros de distancia. Me he mudado muchas veces y tengo amigos en muchas ciudades distintas y en los últimos años he tenido pérdidas muy importantes de gente que he querido mucho; pero aun así, reconozco que tengo dificultades para “dejar ir”.

Si me preguntas que cómo lo sé, te daré unos tips: si en tu haber reconoces como “familiares” ciertas señales como migraña, indigestión, sobrepeso o retención de líquidos, cuestiónate si tu cuerpo no está tratando de decirte algo sobre el fino arte de aprender a “dejar ir”.

Sin embargo, en este caso, sé que no es negociable, así que les compartiré mis pequeños primeros pasos, para efectos prácticos, en el tema del retiro de escombros:


1.        Llorar por mí: Sí. Ya sé que tengo una cuenta enorme de lágrimas a mi favor. Lágrimas que lloré por él y que, definitivamente, él no se merece más lágrimas de mi parte. Pero ¿qué creen? Yo si me merezco más lágrimas, tantas como considere necesarias, porque sencillamente, no conozco una forma más sana de sacar el dolor que no sea llorando. Es un acto completamente normal y disminuirá, en un futuro, el riesgo de afecciones cardiacas y de adquirir algún tipo de cáncer. Soy fiel creyente de que lo que tus ojos no lloran tu cuerpo lo expresa en forma de enfermedad, así que prefiero no quedarme con nada y “sacar” todo lo que tenga que sacar.

2.       Decir adiós: Reconozco que le he dicho adiós varias veces y de muchas formas. Pero no ha sido un adiós desde el fondo de mi corazón. Siempre ha sido un adiós pensado en que la respuesta de su parte sea: “Dame otra oportunidad, te prometo que estaré contigo… ¡No te vayas!”. Este duro nuevo adiós implica algo más: representa la firme convicción de decir desde adentro: “te quiero mucho, pero te quiero fuera de mi vida”. Esta nueva forma de decir adiós supone dejar ir con amor y, sobre todo, con profundo agradecimiento por todas las cosas vividas y compartidas. (Recomiendo leer: “Te amo… no me llames” de Joan Brady)

3.       Escribir: El otro día, mientras ponía en práctica este pequeño paso, de pronto mis manos teclearon lo siguiente: “Escribo solamente porque sentí la necesidad de sacar, de la única forma que lo sé hacer, los escombros que quedan en mi corazón en ruinas” seguido de un “Gracias por ayudarme a descubrir partes de mi corazón y de mi cuerpo que ni siquiera yo misma sabía que existían”. Debo confesar que yo sola me di miedo cuando leí lo que había escrito. Tanta lucidez, tanta belleza e intensidad juntas, me aterraron. Sin embargo, esas líneas resumen exactamente el sentido de mi escritura. Ante la imposibilidad de decirle cara a cara todo lo que he sentido, le escribí hace unos meses un correo horrible. No me arrepiento de ello, puesto que me quité un gran peso de encima. Pero reconozco que no todo fue malo, así que esta última vez escribí algo con mucho mayor sentido y claridad, sin necesidad de enviarlo, porque finalmente desde el fondo de mi corazón ya estaba diciendo adiós, así que no tiene razón de ser el dar continuidad a la comunicación que no nos llevará a nada.

4.       Hacer espacio físico: Este acto fue meramente simbólico. Aprovechando que, con el Huracán Jova, hubo por todas partes campañas que nos invitaban a donar ropa, me puse a limpiar mi clóset y mis cajones. Era impresionante la cantidad de cosas que tenía que no utilizaba. Aún con todo lo que saqué, volteo a ver mis cajones y siguen llenos ¡No entiendo cómo es que cabía con todo eso! Después, continué con mis papeles, revistas (¡mis libros nunca, eso sí!) y todo lo demás, dejando bastante espacio para volver a llenar. La lección que me dejó esto, es que en los espacios sobre saturados, difícilmente entrará algo nuevo.

Y bien. Esto es lo que yo estoy haciendo, pero no con esto quiero decir que esto sea lo que se deba hacer. No sé si ya terminé con este primer paso de retirar los escombros o no,  pero sí sé que la respuesta solamente la tiene mi corazón y que, aunque sea difícil, debo buscarla dentro de mí, antes que pretender que venga de cualquier fuente externa.

Lo que en este caso estoy aprendiendo es que, no importa cuánto te tardes en la remoción de escombros, es sumamente importante que lo pongas en práctica ya, antes de que tu corazón sea consumido por la basura y el polvo y, entonces sí, nunca más pueda acceder a él… ni siquiera tú mismo.

Este proceso, apenas comienza… ¿cuál es el siguiente paso? No lo sé con claridad, pero espero que pronto se los pueda compartir…

¡Gracias por seguirnos leyendo y hasta la próxima!

Ahora más cerca de ti:

En Facebook, busca la página "Mujeres Adictas a los Monstruos" y da click en Me gusta

En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza

lunes, 6 de junio de 2011

Si me voy antes que tú... Anónimo


Si me voy antes que tú, no llores por mi ausencia; alégrate por todo lo que hemos amado juntos.

No me busques entre lo muertos, en donde nunca estuvimos; encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido si tú y yo no nos hubiésemos conocido.

Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hayamos creado juntos: en el sudor compartido tanto en el trabajo como en el placer y en las lágrimas que intercambiamos.

Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado y que, irremediablemente, recibieron algo de nosotros, y llevan incorporado -sin ellos ni nosotros notarlo- algo de ti y algo de mí.

También nuestros fracasos, nuestra indolencia y nuestros pecados serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles, sino humanos.


No te ates a los recuerdos ni a los objetos, porque dondequiera que mires que hayamos estado, con quienquiera que hables que nos conociese, allá habrá algo mío. Aquello sería distinto, pero indudablemente distinto, si no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante tantos años; el mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.


No llores mi ausencia, porque sólo te faltará mi palabra nueva y mi calor de ese momento. Llora, si quieres, porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso, porque cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya sólo pueden hablar los ojos.



Así, con esa esperanza, deberás continuar dejando tu huella, para que, cuando tu muerte nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore ya sin ruptura a la Única Creación, muchos puedan decir de nosotros: si no se hubiesen amado tanto, el mundo estaría más triste.

martes, 17 de mayo de 2011

COMPLEJIDAD... Por Elena Savalza

… Inicio esta entrada con una definición de COMPLEJIDAD…

Complejidad es la cualidad de lo que está compuesto de diversos elementos. En términos generales, la complejidad tiende a ser utilizada para caracterizar algo con muchas partes que forman un conjunto intrincado.

Según Wikipedia, complejidad no es algo negativo, de hecho, lo marca como una cualidad. Y debe serlo, porque poder hacer que distintos elementos funcionen juntos, no debe ser nada fácil.
Sin embargo, hoy escuché una connotación negativa acerca de la complejidad… Escuché decir que un hombre, no quiso involucrarse con cierta mujer “por no gustarle la complejidad”…
Con mi normal curiosidad y aprovechando la conversación que tenía con un amigo, le hice un cuestionamiento directo:

¿Cómo definirías a una MUJER COMPLEJA?

Su respuesta me dejó gratamente sorprendida:

“Compleja, es la mujer perfecta y entre más compleja, más perfecta. La mujer debe ser polifacética, diferente y a veces superior para poder ser el sexo opuesto. Tú eres tan compleja que hasta tu foto de perfil da trabajo verla,  sin llegar a los extremos. Porque hay mujeres que son más complejas que hacer gárgaras boca abajo”…

Mi amigo se refería a mi foto de perfil de Facebook, la cual me muestra casi de cabeza puesto que me la tomé yo misma. Estoy con lentes y gorra, pues estaba dando un paseo en barco por la bahía. Pero el punto principal no es ese. La reflexión que hoy no pude esperar para compartir es la siguiente:


… Si eres una mujer directa, que dice lo que quiere y lo que espera sin faltarle al respeto a su interlocutor…
… Si eres una mujer generosa, capaz de dar todo de sí mismo a los demás, sin que ello signifique ponerte de tapete ante nada o ante nadie…
… Si eres una mujer ambiciosa, que sabe lo que merece y no se conforma con recibir menos…
… Si eres una mujer segura de sí misma, que hace uso racional del miedo y dice lo que piensa, aceptando que la crítica es parte normal del aprendizaje y de la convivencia humana…
… Si eres una mujer confiada y confiable, que es digna de dar y recibir confianza, incluso a aquellos a quienes a veces su cerebro dice que no, simplemente porque cree que todos merecen la misma oportunidad de equivocarse…
… Si eres una mujer compasiva, que es capaz de sentir genuinamente el dolor de los demás y la empatía por sus problemas, sin por ello convertirse en una “arregla vidas” ni olvidarse de sí misma…
… Si eres una mujer emprendedora, que lucha por lo que quiere y hace todo por conseguirlo, basando sus resultados en esfuerzo y preparación constante, más que en la suerte…
… Si eres una mujer perseverante, que encuentra en cada NO una nueva manera de buscar un SI…
… Si eres una mujer digna, que encuentra en cada fracaso una lección para superarse, porque sabe que la principal competencia la tiene con ella misma…
… Si eres una mujer entregada, que en todas sus facetas de madre, esposa, novia, amante, hermana, amiga y profesional, da lo mejor de sí a cada instante porque es firme creyente de que para que las cosas mejoren tiene que empezar por mejorar ella misma…
… Si eres una mujer que llora por lo que su mente y su corazón no pueden comprender y que ríe y disfruta todas las cosas buenas que tiene a su alrededor…
… Si eres una mujer optimista y llena de fe, que sabe que para ver, primero hay que creer…

¡Te felicito! … tú eres una MUJER COMPLEJA y siéntete orgullosa de serlo…

Pero la complejidad no se hizo para todos, por lo que habrá quienes no soporten tu brillo. Como dijera Fernie: “No somos fáciles, valemos la pena”. Y definitivamente, lo complejo no se parece a lo fácil…

Hace unos días uno de mis más recientes maestros me dijo que “a las cosas insignificantes hay que responderles con una sonrisa”…

Probablemente, haya algún hombre que se asuste por tu esencia “compleja”…

Yo te invito hoy a que no te olvides de ponerte tu mejor brillo labial… ¡y SONREIR ante lo insignificante!

jueves, 14 de abril de 2011

"Cuando ya no piense en tí"... Por Elena Savalza

El día de hoy me atreví a mostrarles, algo que escribí hace algunos días en mi debut como poeta...

Cuando ya no piense en ti, dejaré de pedirle a Dios una sola oportunidad para volver a hablar contigo. Tampoco pediré resignación, aceptación, serenidad ni paciencia… porque nada turbará mi corazón…
Cuando ya no piense en ti, ya no recordaré tu sonrisa, ni tus labios gruesos al besar los míos…
No recordaré tus manos, ni tu piel bronceada, tampoco tus ojos mirándome fijamente, ni tu semblante serio…
Verte por casualidad no hará a mi corazón dar un vuelco, porque ya no latirá por ti…
Cuando ya no piense en ti, no sentiré un hueco en el estómago al verte entrar en las mañanas, tan cerca y al mismo tiempo, tan lejos de mí. No sentiré nunca más, la necesidad de hablarte ni de ver tus fotos una y mil veces, porque tu imagen quedará borrada de mis recuerdos para siempre…
Cuando ya no piense en ti, no repasaré más en mi mente nuestras palabras tratando de encontrar en ellas la razón por la cual ya no estás aquí…
Cuando ya no piense en ti, no buscaré desesperadamente un motivo para odiarte, porque simplemente, odiar no será necesario para olvidar… y porque sé, que el resentimiento puede atarnos más que el mismo amor…
No buscaré tampoco, la respuesta a las millones de preguntas que dejaste cuando te fuiste de mí. Me conformaré con saber que estuvimos juntos tanto tiempo como Dios nos lo permitió a los dos…
Cuando ya no piense en ti, dejaré de imaginar lo que deseé que fuera y lo que no pudo ser. Entonces, habré aceptado que el destino se mueve como Dios quiere y no como yo quiera. Habré asumido que quizá, tú no formabas parte de mi historia y te habré dejado ir…
Cuando ya no piense en ti, habré descubierto cuál fue tu misión en mi vida y habré aprendido la lección que Dios quiso transmitirme a través de ti…
No visitaré la playa donde me enamoré de ti, donde te escuché cantar… no, por lo menos, para tratar de encontrar tu recuerdo entre el ruido de las olas, bajo la luz de la luna y las estrellas brillar. Y no lo haré más, porque simplemente, tu recuerdo ya no me hará falta…
Cuando ya no piense en ti, no recordaré tus labios gruesos besando lenta y apasionadamente los míos. No cerraré los ojos y no te sentiré más…
No trataré de encontrar en mi ropa el perfume de tu cuerpo que dejaste impregnado en el mío al abrazarme, ni trataré de estar de nuevo en el lugar exacto donde nos besamos por primera vez…
Ya no te imaginaré en mi cuarto, en las noches de amor y de pasión que ya jamás tendremos…
Cuando ya no piense en ti, quizá no me busques más… pero no importará, porque yo ya no pensaré en ti…
No me dará miedo ir a algún lugar y encontrarte con otra. No intentaré salir a la calle y caminar sobre tus pasos, solamente para intentar volver a verte…
Simplemente, el mundo que pusiste de cabeza en tan poco tiempo, volverá a girar en el eje normal… y los planetas no tendrán de nuevo peligro de volver a chocar.
Cuando ya no piense en ti; mi cabeza, mi corazón, mis labios y todo mi cuerpo dejarán de extrañarte…
Cuando ya no piense en ti, quizá me busques de nuevo… pero ya no te esperaré. Porque al no pensar en ti, será como si nunca hubieras existido…
Si un día, cuando ya no piense en ti, llego a encontrarte por casualidad, no me desvaneceré ni enrojecerán mis mejillas. Te sonreiré, te saludaré como quien saluda a un amigo querido… y seguiré mi camino sin voltear hacia atrás y sin volver a pensar en ti…
Porque nos unió todo y no nos unió nada, así que al soltarte una vez ya no tendré que soltarte más…
Hoy, solamente me pregunto cuánto tiempo falta para que  ya no piense más en ti…