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lunes, 25 de junio de 2012

"Miss 30"... Por Elena Savalza


Comía con mi amiga Edith hoy a medio día. Eso no es nada raro. Comemos juntas con relativa frecuencia ya que su oficina y la mía se encuentran a unos cuantos minutos, así que cada que la agenda nos permite (como buenas mujeres “ocupadísimas”), nos damos una escapada a un restaurante cercano.

Hablábamos de todo lo acontecido en el fin de semana, de los chismes nuevos, de algunos proyectos en el trabajo que me tendrán un poco más tiempo fuera de Manzanillo, de las próximas elecciones, de mi columna del martes, de mis hermanas, de su trabajo... y sí: también de hombres. En una conversación de mujeres, es un tema prácticamente ineludible, aunque nos resistamos a admitirlo.

Edith hacía un curioso recorrido virtual por mis galanes presentes, pasados y futuros. Curiosamente, llamó “ex” al más reciente y me reí como loca de lo bien que sonaba ponerle ese prefijo que lo dejaba justo en el tiempo en el que debe estar: el pasado.

Al ver lo limitadas y poco factibles que sonaban mis opciones, Edith me dice:

-         Tendremos que conseguirte un novio para tu cumpleaños.
-         ¡Aún falta mucho!- le respondo.
-         ¡Ni tanto! Menos de dos meses…- Reflexiona ella.




Me llegó una momentánea "crisis de la edad", al recordar que cumpliré 30 años el próximo agosto. Inevitablemente, también vino a mi cabeza la palabra con la que la sociedad más fastidia a las mujeres solteras de mi edad, por mucho que nos modernicemos: SOLTERONA. Sí, así de despectivo y de fuerte, como si a las casadas les llamaran “casadonas” o a las divorciadas “divorciadonas”.

Recordé la charla que tuve con mi papá la última vez que lo vi, donde me insinuaba, a solas y sin bromear, su “preocupación” por mi persistente soltería. También recordé que el sábado, mientras hablaba con una amiga, ella me decía que el “conseguir marido” no era cosa del destino, si no que funcionaba igual que cualquier otra meta: tenía que estar en mi cabeza, diseñar mi estrategia y empeñarme en esa “empresa” tanto como en cualquier otro proyecto personal o profesional para lograrlo. De repente, a todo mundo comenzó a preocuparle mi estado civil.

Y entonces me puse a pensar… ¿Cuándo fue la última vez que me enamoré? ¿Cuándo fue la última vez que desperté acompañada? ¿Cuándo fue la última vez que me formé en la fila de las solteras para conseguir el ramo en una boda? ¿Cuándo fue la última vez que me imaginé con un vestido de novia? La primera y la segunda, no hace tanto tiempo; la tercera y la cuarta, ni siquiera puedo recordarlo. Vi a mí alrededor e hice un recuento de mis amigas casadas ¿Cuántas eran verdaderamente felices? ¿Cuántas no tenían cara de fastidio y arrepentimiento? Pero mi introspección no terminó allí. Cerré los ojos y vi hacia el futuro. Hubiera querido decirles que me vi en una hermosa casa, con un esposo y uno o dos hijos… pero ni remotamente se parece a la idea del futuro perfecto que pasó por mi cabeza. Las tareas de mis hijos que se supone que debí haber añorado sólo eran equiparables al número de visas que tenía mi pasaporte, así que ya se podrán imaginar cómo viajaba mi fantasía: en un avión y hacia una ciudad, un país o un continente muy lejos de aquí.


Sí, alguna vez me ilusionó el “… y vivieron felices para siempre”, lo confieso. Sin embargo, ya pasó bastante tiempo desde que el cuento de hadas se adaptó a una realidad con la que me siento más que cómoda: el  hecho de ser Princesa de Cuento depende hoy solamente de mí y no de la existencia de un Príncipe Azul que, dicho sea de paso y a juzgar por los últimos que conocí, han estado un poco deslavados. Entendí que no necesito ningún rescate porque solamente he estado presa entre mis miedos y mis decisiones cuando he querido estarlo y cuando ello me ha significado un aprendizaje valioso en mi vida; pero, por fortuna, siempre he podido encontrar la llave de mi torre y bajar de ella para continuar por el Camino de la Magia.

Así que, lamento decepcionar a mi papá y a la comunidad entera, pero esta soltería es más por decisión que por obstinación y mucho menos por resignación. Entiendo que este corazoncito (el mío) tiene mucho más amor qué dar  y sentir y que jamás lo volveré a cerrar porque el último, el anterior, el primero o el que lo habitó hace años lo hubiesen dejado un tanto maltratado. 


Creo que mi corazón ya tuvo todas las remodelaciones pertinentes y está listo para volver a habitarse. Seguramente será maravilloso cuando suceda, pero en tanto llega ese momento hay más amigos, más cafés, más vino tinto, más películas, más bares, más ciudades, más proyectos, más pasiones y mucha pero mucha vida por vivir.



En mis nuevos 30 años, ya no necesito a un Príncipe Consorte que me haga sentir completa, sencillamente porque soy una mujer completa. El hombre que llegue a ocupar mi brazo y a formar parte de mi vida, tendrá un enorme reto a vencer en esta cabeza dura y poco convencional, en apariencia; pero que en el fondo quiere lo que todas quieren, sin renunciar a sus aspiraciones personales y profesionales (las cuales tengo muy claras) y mucho menos a ser yo misma por agradar a alguien más.

Si ese hombre existe, lo único que falta es que nos encontremos, porque estoy segura de que ya nació (¡eso espero!). Pero, si por cuestiones estadísticas, recordando que en el mundo existimos más mujeres que hombres, resulta que no existe y la etiqueta de SOLTERONA estará permanentemente pegada en mi frente, no hay problema. Estoy segura de que a estas alturas he adquirido la sabiduría y entereza  necesaria como para saber qué hacer con mi vida y con mi tiempo, y para trascender más allá de si dejo o no descendencia y contribuyo a la perpetuidad de mi apellido. Y lo mejor, es que sé que seguiré aprendiendo y eso me emociona más que darme miedo.


Así que hoy, en estos meses que me restan para disfrutar el último número de mis años 20’s, orgullosamente puedo darle Gracias a Dios por todo lo bueno que ha venido a mi vida y decir que estoy lista para la nueva década.

Mis queridas “Miss 30” del mundo: pronto me les uno… ¡allá les voy!

Nota: Mientras termino de escribir y edito esta entrada, estoy viendo por enésima vez “Sex and the City”…  ¿Mayor inspiración que esas 4 mujeres hermosas para sentirme divina a mi edad?


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martes, 18 de octubre de 2011

El poder de elegir... Por Elena Savalza

El 17 de Octubre de 1953 se publicó, en el Diario Oficial de la Federación, la reforma al Artículo 34 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la cual se reconocía a la mujer mexicana como “ciudadano”, con todos los derechos y obligaciones que esto implica, entre los cuáles se encontraba, también, el Derecho al Voto Electoral.

Demasiadas chicas como nosotras, lucharon desde siempre para conseguir la tan anhelada equidad y el reconocimiento de nuestros derechos.

De ninguna forma, la intención de esta nota es generar la típica polémica sobre si son mejores los HOMBRES o las MUJERES. Para ser sincera, encuentro mucho más sentido en debatir quién ganará el Clásico de Clásicos en el futbol mexicano, Chivas Vs. América, que formar parte de la famosísima y trillada “Guerra de Sexos”.

Mucho se habla de la discriminación que sufrimos las mujeres en muchísimos aspectos, incluyendo el laboral o el sexual. No voy a negar que, en algunas ocasiones, he visto a mujeres cercanas a mi sentirse relegadas por su condición de MUJER, pero si volteas a tu alrededor te darás cuenta que cada vez esta situación es menos común.



En alguna entrada anterior, mencioné que muchas veces ni siquiera necesitábamos ser discriminadas o relegadas por los hombres, sino que, entre nosotras mismas, somos las que nos “metemos el pie” una a la otra.
(Ver entrada http://mujeresymonstruos.blogspot.com/2011/06/monstruo-6-no-me-odies-por-ser-bonita.html )


Sin embargo, hoy me preocupa algo muy distinto y te quiero hacer una pregunta directa:

¿Te has discriminado TÚ  MISMA por ser mujer?

¡Sí, ya sé! Seguramente estarás pensando que me volví loca y que tú serías “incapaz” de discriminarte por ser mujer, porque eres hermosa, maravillosa, todopoderosa y todos los adjetivos calificativos que terminan en “osa” y te hacen sentir como una verdadera Diosa.

Pero… ¿qué crees? Muchas veces, lo hacemos de forma inconsciente y en apariencia, inofensiva. Te voy a citar tres ejemplos muy claros, que me tocó vivir de cerca:

1.        A mi hermana Isabel, la menor, mis papás y hermanos le dijeron durante toda su vida que estudiara una profesión “para mujeres”, mientras mi papá añoraba tener un hijo Ingeniero. Hoy por hoy, mi papá tiene un Ingeniero en la familia: la “Ingeniero Chabelita” que tiene unos hermosos ojos cafés, un largo y ondulado cabello negro y cuerpo de eterna jovencita quien, entre semana, cambia sus hermosos tacones por botas con casquillo. Su “Ingeniero”, trabaja en una de las empresas cementeras más importantes de México, codo a codo, con sus congéneres masculinos y, aunque es la única mujer en su área, está feliz. Si Isa se hubiera comprado eso de “porque soy mujer, no puedo”, si jamás se hubiera atrevido a quitarse el disfraz de princesita para calzarse unas botas de trabajo y un casco, probablemente tendría las manos más bonitas, pero su espíritu se lo habría reclamado.

2.       Cuando estudié la universidad, compartía casa con dos de mis primas, hijas de un hermano de mi papá. Mi mamá vivía constantemente angustiada porque en nuestra casa no había nadie “de respeto”, es decir ¡no había ningún hombre! Aún recuerdo la primera vez que me lo dijo: casi me quito el apellido materno. De alguna forma, su comentario insinuaba que, por ser mujeres, ni mis primas ni yo éramos dignas de “respeto” o que carecíamos de valor por no contar con un hombre que “viera por nosotras”. La realidad ahora, es que esa primera experiencia con la responsabilidad que implica el independizarse del cobijo de mi familia, formó mi carácter de una forma tremenda. Contrario a lo que muchas puedan pensar, el vivir sola y el “no tener un hombre que vea por mí”, jamás ha limitado mi calidad de vida. Sé que si requiero un mecánico, electricista, jardinero, plomero, albañil, etc., siempre podré recurrir a mi vecino que, por una justa remuneración, se encargará de todas esas cosas. Por lo demás, la soltería es “pan comido”.

3.       La semana pasada, mientras recorríamos la zona de desastre en la que se convirtió parte de nuestra colonia por causa de los estragos de Jova, una amiga de mi hermana Marina se atrevió a decir que, como nosotras éramos mujeres, no podíamos hacer nada para ayudar a la gente que estaba padeciendo las consecuencias de vivir en el cauce del río. Ella se refería, al trabajo físico y al esfuerzo que implica tomar una pala, clavarla en el lodo, recogerlo y sacarlo a la calle. No niego que es un trabajo muy cansado y, que mientras yo daba un “palazo”, mis compañeros hombres daban tres, pero eso no significa que mi esfuerzo valiera menos que el de ellos y que no pudiera contribuir. Sencillamente, teníamos determinación de ayudar y encontramos la forma: Marina organizó un mini centro de acopio y se adhirió a un programa promovido por el Párroco de su colonia, llamado “Adopta una Familia”. Hoy está utilizando su liderazgo para convocar a más gente que se sume a ayudar y, en lugar de una pala, Marina tiene los datos de muchos voluntarios que ya están organizados para apoyar a la gente que los requiere, además de colectar ropa para quienes perdieron todo. (Comercial: si alguien requiere mayor información de este programa, avísenme).

Historias como estas las vemos todos los días. Algunas, terminan con éxito; otras, terminan en el “qué hubiera pasado si me hubiera atrevido”. Sin embargo, la conclusión es la misma: si dentro de toda nuestra historia ha habido mujeres que se han atrevido a luchar al lado de los hombres por su reconocimiento y su lugar en la sociedad y si, gracias a ellas, las chicas de ahora gozamos de muchas más libertades y capacidad de decidir, depende de mí y solamente de mí el tomar ese poder que por el hecho de ser humanos, hombres o mujeres, ya tenemos.

Cuando dudas de tu capacidad, cuando desistes de tus sueños, cuando dejas de luchar por lo que quieres, estás discriminando tu poder.


El éxito da más miedo que el fracaso. Sencillamente, nos preparan siempre para fracasar y tenemos una lista enorme de excusas que “justificaran” un mal resultado, por lo cual sabemos que no seremos tan duramente juzgados. Pero no nos dicen cómo manejar el éxito, así que es normal que nos asuste. Además, la crítica y la presión social siempre son tremendas con la gente que triunfa.

Sin embargo, la invitación que te quiero hacer a ti mujer, que hoy me estás leyendo, es que no tengas miedo a utilizar todo el poder que tienes para hacer cosas grandes por ti y por tu entorno.

No busques excusas para no ser lo que quieres ser, hacer lo que quieras hacer (con responsabilidad y respeto a los demás, obvio), ni vivir como quieres vivir.

Ser mujer, debe ser para todas, motivo de orgullo. Ser mujer, debe ser un aliciente para imponerte retos. Ser mujer, es ejercer también ese derecho que hace 58 años nos dieron: ELEGIR.

No todo en nuestro destino está escrito. Dios nos da el argumento, pero nosotros escribimos el guión.

Hoy tú puedes ELEGIR cómo quieres que se escriba la historia de tu vida…

El poder ya lo tienes, sólo te falta tomarlo…

¡Gracias por seguirnos leyendo y hasta la próxima!
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lunes, 1 de agosto de 2011

4 pasos... Por Elena Savalza

¡Hola a todos!
Espero que tengan un gran inicio de semana. La mía, aunque un poco somnolienta, empezó con muy buenas noticias en el ámbito laboral y personal.
El viernes me retiraba de la oficina, cuando uno de mis compañeritos temporales mencionó que estaba muy estresado, por todo el trabajo que tenemos en puerta, el cual parece no tener fin.
De inmediato, le contesté con mi habitual sarcasmo, que conozco 4 pasos infalibles para relajarse, los cuales compartí también en mi Facebook:
1.        Ve de Shopping
2.       Ve de antro
3.       Incluye un poco de alcohol (dije “un poco”, ¡Eh!)
4.       Búscate un amante
Obviamente, la ocurrencia hizo mella, no solamente en los chicos de la oficina, si no también en varios de mis contactos en Facebook, los cuales me hicieron todo tipo de comentarios, entre buenos, malos y chuscos.
Fue entonces, que decidí el sábado, poner a prueba mi teoría anti- estrés… “a ver qué tal funcionaba”…
Los resultados, fueron los siguientes:
1.        Shopping: Estrené unos fabulosos zapatos color nude, tacón de 12 cm y media plataforma, no por nada pero están ¡divinos! Además, me compré un mini vestido negro, ropa interior y un camisón blanco súper fresco (que por cierto, estoy usando). ¿El resultado?... ¡Salí feliz!
2.       Antro: Un poco indecisas entre el Santo Mezcal y el Bora´s, decidimos junto con Ámbar y nuestro amigo Richard, irnos al Bora´s. La verdad, estuvo más que genial, porque encontramos allí a nuestras amigas incómodas (que ya nos caen bien), de la noche del pleito hace unos meses y compartimos de nuevo la mesa, pero esta vez sin ninguna pelea, por fortuna. (Leer, para mayor referencia, entrada http://mujeresymonstruos.blogspot.com/2011/04/princess-having-fun-por-eso-adoro-el.html)
3.       Alcohol: Resultó que esa noche, los de la barra estaban bastante… emmmm…. ¿dadivosos? Y bueno, las margaritas estaban un tanto “reloaded”, por lo cual con 4 de ellas y una cerveza que me envió un chico de otra mesa, tuve suficiente como para salir un poquito mareada, aunque nada qué lamentar.
4.       Amante: Bien… sé que esta “terapia”, no sería completa si no cumplo con este importantísimo cuarto paso. Sin embargo, aquí de pronto, la cosa no está tan fácil. Pero, había que intentar… así que, aquí viene la historia:

Cuando comenzamos con la primera o segunda margarita, hice junto con Ámbar un brindis “por que no sucediera nada esa noche, que me hiciera escribir sobre ella” (ya saben: aparecidos, pleitos, ligues incómodos, etc.).
Habiendo dicho esto, se acerca un tipo molestoso, el cual tuvimos que desechar abiertamente y morirnos de risa diciendo “mejor no hablo, porque los invoco”.
Después llegó otro tipo y después otro… y así, tuve que concluir mi “maestría en desechar tipos nefastos”, esa de la que, en honor a la verdad, soy alumna aventajada.
De pronto, de la mesa de al lado, se me acerca un chico y me saluda, de forma muy amable y respetuosa.
En ese momento, tuve 2 opciones: la primera, desecharlo como a los otros; la segunda, darle su crédito y permitir que me saludara.
Sin embargo, busqué un término medio y le di una respuesta sarcástica a su pregunta “¿estado civil?”:
-          Soy viuda… - Dije yo- Pero mi amante me mantiene y mi siguiente viaje lo quiero hacer a Cuba, antes de que muera Fidel Castro.
-          Mmmm… ¿Aceptas Cancún? – Me contestó él.
-          ¡No! – contesté – Allí, ya me llevaron…

El chico me vio con cara de “¿y esta tipa qué se cree?”, como es de suponerse, pues nadie te responde así cuando te están saludando.
Cualquiera en su lugar, se hubiera retirado. Sobre todo porque presenció (como después me lo confesó) la forma tan directa en que corrí a los tipos anteriores que llegaron a mi mesa.
Pero él, se quedó. Entonces, me demostró que no se intimidaba fácil, lo cual me hizo saber, que era lo suficientemente inteligente como para saber esperar… cualquier cosa que haya sido la que estuviera esperando.
Platicamos, bailamos, nos tomamos otra margarita y al finalizar, me la pasé verdaderamente bien.
Ayer volvimos a salir. Fuimos al cine y vimos la película de “Something Borrowed” (con la mala traducción al español de “No me quites a mi novio”). Hablamos de los protagonistas y le dije que yo, en su momento, fui Rachel sin final feliz y que él fue Dex, sin final feliz.
Después fuimos a tomarnos un café y entonces, hablamos de muchas cosas más, entre las cuales, salió a relucir el tema “trabajo”.
Mi cara se iluminó y mis ojos brillaron completamente, cuando comencé a platicarle de mi trabajo y de la forma en cómo me gusta lo que hago.
Entonces, él lo dijo:
-          Cuando te escucho hablar así y veo tu rostro, recuerdo cuál era el sentido de mi carrera. Hace mucho, había perdido ese motor, pero tú me recuerdas, lo que es que algo te apasione tanto…

En ese momento, caí en la cuenta de que NO NECESITO UN AMANTE. Sencillamente ya lo tengo: amo lo que hago y me genera tanta pasión, que estoy segura que no se sustituye con la media hora (o si tengo suerte, unos minutos más) de placer que podría generarme el acto sexual, con alguien que no me inspire esa chispa.
Estoy segura, que muy pocos hombres han puesto en mi cara y en mis ojos, la luz que yo también sentí que irradié, cuando le platicaba lo mucho que me gusta hacer lo que hago, lo que espero, lo que sueño y como a veces, me he dejado sorprender, siendo el resultado por demás fascinante.
De hecho, solamente recuerdo a 3 hombres en mi vida, que me han hecho poner esa cara… y ninguno está conmigo ya. Sin embargo, mi trabajo, lo que soy, lo que he aprendido y las bonitas experiencias que me ha generado, me acompañan y me acompañarán siempre y lo mejor de todo, es que sé que esto no termina, porque no hay límites. Tanto como mi imaginación y mis ganas de crecer y de creer que se puede, me lo permitan, es hasta allí a donde puedo llegar. Solamente yo, pongo las metas.
Pero además, este fin de semana, fue productivo en otra cosa:
Entendí que no tengo que hacerme la tonta, ni fingir que soy o que no soy. Este chico me respetó como mujer inteligente y me trató, intelectualmente, como su igual, sin olvidar la premisa básica de que también soy mujer y me gusta ser tratada con delicadeza. Se portó en todo momento, como todo un caballero, lo cual siempre es gratificante.
No sé si este chico (quien me dijo que lo bautizara con el seudónimo de Vampiro “no me acuerdo que…”) vaya a permanecer entre mis amigos o no. A mí, me gustaría que sí… pero eso, no lo decido yo, porque Dios nos manda a las personas con un fin y él, en pocas horas, ya me enseñó bastante.
Como verán, siempre, en cualquier circunstancia y en cualquier evento,  a veces por insignificante que parezca, hay algo bueno que sacar y que aprender…
En fin, eso es todo por la tarde de hoy, en la cual, debo seguir trabajando desde casa mientras se termina de fumigar la oficina.
Nos leemos muy pronto y muchas gracias por seguirnos…

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martes, 26 de julio de 2011

"Las mujeres bien portadas, nunca hacen historia"... Por Elena Savalza

Hola a todos…  ¡Qué gusto volver a escribir para ustedes!
La verdad, he andado bastante concentrada en el proyecto que, como les dije, me trajo a la ciudad de Colima, para retomar mi olvidada carrera de Consultor. Dicho de otra forma, estoy ocupada haciendo lo que quiero.
La concentración ha debido estar al máximo, pero también sentía ya la necesidad de escribir. Como estoy convencida de que nadie da lo que no tiene y me sentía un tanto “desencanchada”, me di a la tarea de ponerme a leer, para poder escribir.
Normalmente, siempre tengo algo qué leer. Sin embargo, la semana  pasada, olvidé poner algún libro en mi maleta.
Así que, me salí a la calle a “explorar”  un poco el territorio y buscar algo interesante qué leer. El resultado fue muy bueno: a unos pasos de la casa que temporalmente llamo “mi casa”, está una tienda donde tienen una vasta colección de títulos antiguos y modernos, a muy bajo costo, puesto que son libros usados.
Recuerdo, que cuando vivía en Guadalajara, era clienta asidua de este tipo de establecimientos, así que mi corazoncito dio un vuelco de alegría cuando volví a encontrar, aquí en Colima, un lugar como ese.
Me puse a explorar y me quedé con dos títulos: “Once Minutos” de Paulo Coelho y “Domina” de Bárbara Wood. Por menos de cien pesos, tuve excelente material de lectura.
Salí feliz, a devorar primero, “Once Minutos”. Me inspiró momentáneamente, pero quizá no estaba en buen momento para escribir sobre sexo, así que de este, luego les platico.
Sin embargo, ayer comencé a leer “Domina”… ¡Wow!... realmente hizo volar bastante mi imaginación.
Habla de la historia de una chica llamada Samantha. Creció en Inglaterra, en una familia desunida, donde su padre la culpó siempre por “causar” la muerte de su madre durante el parto, la cual, al no permitirse anestesia porque supuestamente las mujeres debemos sufrir los dolores de parto para expiar las culpas de nuestra madre Eva, al haberse dejado tentar por la serpiente y, a su vez, tentar a Adán a comer la fruta prohibida; murió sin remedio.
Samantha crece, como Dios le da a entender, aprendiendo muchas cosas de la vida, a través de los ojos de otras personas, distintas a su familia. Antes de cumplir 15 años mueren su padre y sus dos hermanos, así como un vecino suyo que la protegió. Ingresa en un internado para “señoritas” y allí tiene la formación “adecuada” para una chica que, a su edad, solamente podría aspirar a casarse.
Pero, por azares del destino, conoce a una Doctora, que hace que el rumbo de su vida cambie.
Inspirada por ella y desafiando las costumbres de la época (la historia se lleva a cabo entre 1860 y 1880), decide ingresar a la Facultad de Medicina en Estados Unidos, muy lejos de casa y cruzando el océano en barco.
Samantha sufrió toda clase de discriminación y acoso, por ser la única mujer en su clase. De entrada, recibió el rechazo de muchas universidades, de sus maestros, de sus compañeros y de muchas mujeres que la veían como una “loca inmoral”, por elegir una profesión que no era propia de una señorita decente, conforme a los prejuicios de la época.
Sin embargo Samantha, sorteando toda clase de obstáculos, se titula como Médico siendo la mejor de su clase y la única mujer después de muchos años en egresar de la carrera de Medicina.
Samantha, sentó un precedente importante para lo que ya entonces, eran los primeros esfuerzos del movimiento femenino en aquella época.


El personaje, fue una revolucionaria. Fue una chica que, sin importarle romper paradigmas, morirse de hambre, sortear acoso, humillaciones, degradaciones de su intelecto, entre otras cosas, salió adelante y fue admirada por muchas otras, ya que les facilitó el camino, para entrar en un mundo de hombres, que finalmente aprendieron a respetarla, independientemente de si usaba faldas o no.
Aún no termino de leer ese libro, pero hoy, después de haber estado hasta las 2 de la mañana despierta por estar inmersa en la lectura y estarme muriendo de sueño, algo se movió en mí y me puso a pensar…
Quizá Samantha, sea un personaje ficticio, pero estoy segura, que hubo muchas “Samanthas” en su época y las sigue habiendo. Mujeres visionarias y valientes, que no se dejan vencer a la primera adversidad y que luchan por lo que quieren.
Me quiero preguntar y les quiero preguntar a ustedes: “¿Qué están haciendo para mejorar su entorno?”
¿Eres de las que solamente se quejan, agachan la cabeza y dicen “es verdad, yo no puedo”? ¿O eres de las que, a pesar de cualquier obstáculo, siempre te levantarás, pintarás una sonrisa en tu rostro y enfrentarás lo que sea necesario con tal de lograr tus sueños?
Estoy segura, que en tu interior, hay una Samantha que tiene la fuerza suficiente para perseguir con ahínco sus sueños. Solamente es cuestión de que la dejes salir.
Si murieras mañana ¿cómo te gustaría ser recordada? ¿Querrías ser la niña buena que siempre siguió las reglas, pero que nunca hizo nada con su vida?
¿O te atreves a “portarte mal” y salir del esquema tradicional?
Yo, por lo menos… prefiero “portarme mal”… Quizá, haya quien me lo reproche. Pero estoy segura, que si niego mi esencia “mal portada” y hago lo que todo mundo espera, de todas formas no daré gusto a nadie, pero sí, seré tremendamente infeliz.… sencillamente, porque no soy yo…
En cambio, puede ser que el mundo no me recuerde o que no aparezca en ningún libro de historia. Pero sí sé, que si algo de lo que (a veces, de forma irreverente) escribo, deja huella en ti y te motiva a cambiar; mi tarea como mujer, está hecha... y eso me hace muy pero muy feliz.
Un abrazo a todos y nos seguimos leyendo…
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sábado, 16 de julio de 2011

Redefiniendo "Éxito"... Por Elena Savalza

Semana de contrastes, sorpresas, apuros y mucho estrés…
Mientras el cuerpo me reclamaba, con síntomas de embarazo (dolor de cabeza, náuseas, falta de apetito, exceso de sueño y cero ganas de salir) que le “bajara” a mi tensión, yo sentía que esta semana no terminaría jamás.
Para colmo, “sequía lingüística”… Sí, exceso de monstruos que desenterrar e incapacidad mental y emocional para reconocerlos. Así me pasa a veces, cuando tengo demasiadas cosas en la cabeza, pero eso ustedes ya lo saben…
Sin embargo, de nueva cuenta sé, que no hay plazo que no se cumpla.
Hoy estoy aquí, en mi último día de trabajo en una empresa que me abrió sus puertas y a la que tengo muchísimo qué agradecer; sobre todo, valorando muchas cosas: la importancia de dejar una buena imagen y el camino abierto, lo indispensable que es ser sincero con los demás, pero sobre todo, con uno mismo y también, el invaluable aprendizaje que todas las experiencias de nuestra vida nos aportan.
Las cosas vividas en los últimos días, también han dejado en mi cabeza una nueva locura: la redefinición de éxito.
Según nuestra querida amiga Wikipedia, a la que siempre recurro en estos casos, ÉXITO puede significar:
  • un nivel de estatus social;
  • el cumplimiento de una meta/objetivo;
  • lo opuesto al fracaso;

Si bien, la mayoría de nosotros podemos coincidir con la relación directa entre éxito y dinero o cosas materiales, estos días me han hecho pensar en que probablemente, no estén tan errados los que hablan del éxito relacionándolo con “amar lo que hacemos y hacer lo que amamos”.
Como les platiqué antes, por mucho tiempo fui Consultor y disfruté mucho esta etapa. Es sensacional llegar a una empresa y ver cómo, poco a poco, te conviertes en agente de cambio, llegando a inspirar a esta gente hasta entonces desconocida, a realizar cada día las cosas un poco mejor, atreviéndose a innovar y a romper esquemas.
Aprendes muchísimo de los distintos problemas organizacionales y de los “dolores” de cada una de las empresas que te toca visitar. Conoces mucha gente, muchas formas de pensar y de hacer distintas y es inevitable aprender, al mismo tiempo que enseñas.
Cuando tocas una organización y después la dejas, nunca vuelves a ser la misma, porque siempre te llevas mucha de la sabiduría de toda esta gente, además de la satisfacción de haber dejado también mucho de ti.
Y definitivamente… ¡esa sensación me fascina!
Por unas o por otras, tuve que desviar mi campo laboral hacia otro lado, pero el destino me puso de nuevo en ese camino, dándome la oportunidad además, de conocer otras cosas nuevas.
Descubrí, como me dijera Pamela el martes, mi “adicción por el micrófono” y por la comunicación, debido a que frecuentemente, somos invitadas por un amigo en común a un programa de radio; a la par de mi adicción por la escritura, que descubrí aquí con ustedes.
Hoy, puedo volver a combinar todas mis “adicciones laborales”… y ¡además cobrar por ello! Eso, irremediablemente, me tiene feliz.
Así que, en esta ocasión debo darle completa la razón a la persona que dijo que éxito es “hacer lo que amas y amar lo que haces”.
Pensándolo así, me puedo dar cuenta de que, siendo el trabajo el lugar en el que más horas de mis días paso, debo hacer lo necesario porque mi trabajo me haga feliz. Lo demás, vendrá por añadidura.
Por lo tanto, el lunes inicia una nueva aventura, de regreso a mis “raíces profesionales”. Regresa una Elena más madura, más feliz y dispuesta a luchar arduamente por lo que ella sabe ahora, es otra de sus pasiones.
Temporalmente, me mudo a una ciudad cercana a Manzanillo: Colima, la ciudad capital del estado. Me esperan allá nuevas experiencias y muchas cosas por aprender de mí.
De entrada, dormir en una nueva cama, convivir con gente distinta, conocer bien la ciudad (que aunque no me lo crean por la cercanía, no conozco muy bien)… Lo más interesante: no viviré sola, lo cual también será una nueva experiencia, ya que estoy acostumbrada a hacerlo.
Pero estoy segura, que todo ello me dejará nuevo aprendizaje, el cual estaré compartiendo con ustedes desde allá.
Para terminar, les dejo una frase del tristemente fallecido hace unos días, el cantautor argentino Facundo Cabral, quien muriera violentamente hace una semana:

“Bienaventurado aquél que no cambia el sueño de su vida, por el pan de cada día”

¡Muchas gracias por seguirnos y les mando un abrazo, donde quiera que nos lean!

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lunes, 27 de junio de 2011

Monstruo #6: "No me odies por ser bonita"... por Elena Savalza

Para quienes al leer el título de esta entrada, se les haya ocurrido pensar: “¡Ay, Elenita! Bájale a tu vanidad…”, les pido por favor que se relajen y sigan leyendo, porque mi intención con este escrito dista mucho de hacer una descripción elocuente de mis atributos físicos.
Estoy completamente segura de que, prácticamente todos los que nos hacen el favor de leernos, han escuchado la famosa frase:
“Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”


La teoría popular dice, que por más que las mujeres gocemos hablando mal una de la otra e incluso poniéndonos de pronto y como al descuido una “piedrita en el camino” con la esperanza de que la otra caiga; al final, siempre terminamos saliendo en nuestra propia defensa, para evitar que esa otra, salga lastimada; por el simple principio de solidaridad que nuestro propio género nos exige.
Sin embargo, con tristeza les expreso que me he encontrado en la experiencia diaria, que no siempre ocurre así…
Tengo la fortuna de contar con muy buenas amigas. Gracias a Dios, jamás ha faltado a mi lado una gran mujer en quien confiar y debo confesar que, normalmente, son mis buenas amigas las que con su apoyo, me han hecho salir a flote cuando de pronto creo que el barco se me ha hundido.
Pero también, recientemente he notado una tendencia: mientras más crezco profesionalmente, mientras más tiempo pasa y sigo soltera y sin hijos, mientras más muestro mis capacidades y habilidades en el terreno laboral, mientras más pregono mi libertad de pensamiento y mis ideas, me convierto también en el blanco predilecto de críticas y ataques.
Y adivinen de quiénes…. ¡De mujeres!
Sí, de mujeres que quizá eligieron el matrimonio como forma de vida y que ahora anhelan la libertad que yo sí tengo. De mujeres que eligieron estudiar la Licenciatura en MMC (mientras me caso) y ahora están insatisfechas con su carrera. De mujeres casadas y con hijos que anhelan, quizá, sus más tiernos años de juventud. De mujeres que quizá no se atreven a expresar libremente lo que piensan y sienten por temor a esa crítica y ven con cierto recelo el que yo sí lo haga.
Hablo en primera persona, pero sé que muchas de las que nos leen han pasado en determinada situación por lo mismo. También sé que cada cabeza es un mundo y que hay mujeres que, a pesar de cualquier diferencia, siempre mostrarán mucho respeto y apertura ante ideas que no necesariamente coincidan con las suyas.
Pero, a esas otras mujeres, las que critican y agreden, quiero decirles, con el debido respeto y admiración que me merece cada una de ellas, por el simple hecho de tener la profesión más difícil del mundo: la de ser MUJER…
Sí, me declaro “prófuga del altar”, porque me he escapado algunas veces de él. Ha sido demasiado simple la razón: cada día que pasa, me niego más a la idea de casarme “porque se me va el tren” y agarrar cualquier carcacha de marido. No veo el matrimonio como una puerta de salida de una vida insatisfecha, si no como una opción para que, a través de él y con la elección correcta, pueda contribuir a una sociedad mejor.
Por fortuna, descubrí que tengo más opciones de vida que de la misma forma, me han hecho feliz….
Pero la soltería tampoco es un “camino de rosas”. Como todo en esta vida, tiene sus pros y contras. A veces anhelo un marido con quien pelear o llegar a casa y encontrar quien me dé un beso y un abrazo. A veces quisiera no preocuparme por pagar mis cuentas y solamente dedicarme a decorar mi casa o a tomar el té con mis amigas.
He tenido, sin embargo, la oportunidad de “sacarles” dinero a varios hombres poderosos y ricos con los que, por azares del destino me he relacionado, pero he elegido no hacerlo; sencillamente, porque denigra mi capacidad de autosuficiencia y porque sé que de todas las cosas que un hombre podría aportar a mi vida, el dinero es una de las que, gracias a Dios, puedo proveerme sola.
Elegí una carrera que me apasiona, pero en la que en infinidad de ocasiones, he estado expuesta a tipos que por el simple hecho de ser mujer y estar soltera a mis 28 años, creen que estoy “necesitada de afecto” y me hacen toda clase de propuestas para tener sexo con ellos a cambio de muchas más cosas de las que se pueden imaginar y de las que la sabiduría popular cuenta. Para colmo, muchas veces estos tipos, han sido clientes importantes o mis propios jefes y he tenido que sonreír y decir “no, gracias” con toda la sutileza del mundo, porque no puedo ser "ni tan sangrona ni tan fácil". Me ha tocado hacer  malabares para encontrar el sano punto medio, que ponga a salvo mi integridad física y moral, pero también mi trabajo.
E irónicamente, son tipos que tienen una esposa, que en muchas ocasiones me ve como “una amenaza”, porque secretamente piensa, que por no tener marido quiero quitarle al suyo… sin saber absolutamente nada de mi vida, mis gustos y lo que realmente deseo para mí.
Y bueno… quizá si haces un recorrido por todas las entradas de este blog escritas por mí, vas a corroborar que ha habido más de un hombre en mi vida. ¿Bueno o malo? No lo sé… yo pude hacerlo y así se me han dado las cosas. Si tú elegiste al mismo hombre para siempre y así eres feliz, yo no te juzgo.
Quizá algún día yo encuentre también al hombre que haga que entienda esa perspectiva. Pero también, muchas veces creo que ya lo encontré… y lo dejé pasar, porque sé que la felicidad tiene varios caminos y probablemente, el mío no es el que, por tradición, se le pinta a una Princesa de Cuento de Hadas.
Si, anhelo algunas veces, un Príncipe Azul en mi cuento. Pero con el tiempo aumenta el estándar y me vuelvo más exigente. Así que ya no me conformo con cualquier Sapo para compañero de vida… pero eso no implica que no los disfrute, aunque sepa que “no son el adecuado”. La eterna lucha por encontrar el Príncipe Azul, no se ha vuelto el motor de mi vida, porque afortunadamente, cuento con muchos sueños más.
Digo lo que pienso y lo que siento. Lo escribo cortés y diplomático, pero igual lo digo. No por cinismo, por descaro o por exhibicionismo, si no porque no sería yo, si no compartiera con ustedes algo que me apasiona: comunicar.


Como tú, he tenido miedo, he dudado, me enojado hasta con Dios… Pero también, he reído mucho y vivido mi vida al máximo. Realmente existen muy pocas cosas que haría distinto si tuviera otra oportunidad. He aprendido de todo lo que me ha pasado, bueno y malo; pero eso no implica que de pronto, caiga de nuevo en los mismos errores, sencillamente porque soy un ser humano. No soy perfecta… solamente soy una mujer.
Me entristece ver, cómo de pronto podemos atacar y criticar, sin saber lo que hay detrás. Pero me enoja sobremanera, el presenciar que muchas veces no necesitamos ser maltratadas ni denigradas por ningún hombre, como en nuestro papel de “víctimas” decimos: entre nosotras mismas tenemos a nuestras principales depredadoras.
No es pecado ser soltera ni profesionalmente exitosa. No es pecado ser independiente y autosuficiente. No es pecado vivir sola. No desear tener hijos por el momento, no me convierte en un monstruo contra natura. Tampoco es delito ser guapa y desenvolverse en ambientes de “hombres”… Solamente es una forma de vivir que algunas elegimos…
Por eso, con toda la dignidad y el derecho que me otorga ser una mujer que ha luchado por lo que ha deseado y que sabe que aún le falta mucho por conseguir, pero también por aportarle a este mundo para que sea un lugar mejor, te digo también, mujer: “No me odies por ser bonita”.
El día que dejemos de vernos como nuestras propias enemigas y dejemos de ser nuestras principales depredadoras, ganaremos el respeto y la voz por la que tanto hemos peleado en nuestra sociedad, en todos los aspectos.

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