Mostrando entradas con la etiqueta pareja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pareja. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de febrero de 2012

La cereza del pastel... Por Elena Savalza


“Un día, cuando aún éramos amigos, me dijiste que tú te visualizabas viajando, trabajando o escribiendo, mucho más que casada y con hijos y una vida en pareja. Es por eso que no me pude decidir por ti, porque creo que jamás admitirías un compromiso…

No significa que no te quiera: te quiero mucho y quizá me arrepienta de esto, pero no me puedo arriesgar…”

Pareciera que pasó una eternidad desde que escuché esas palabras de la boca de un hombre del que me había enamorado. Hoy sé que no hace tanto tiempo, pero definitivamente, ya no duele como esa noche.

Recuerdo que eran las 2 am y no podía parar de llorar. Lo peor, fue que había muy pocas de mis amigas a quienes hubiera podido llamar para compartir la frustración que me originó escuchar lo que escuché. Así que terminé llorando sola y durmiendo poco, en una noche terrible.

El tiempo pasó y decidí intentar soltar: la situación, la persona, mis sentimientos y la confusión que me originó que todo eso me hubiese sucedido justamente a mí. Decidí esperar, dejar de actuar, dejar de hablar, ser paciente, no hacer nada más que concentrarme en perdonar; sobre todo, perdonarme a mí misma por no ser la mujer perfecta y porque con todo lo bonito que pudiera soñar para mí en cuanto a mi futuro profesional, no pudiera en ese momento y con esa persona, conjugarlo también con el hermoso cuento de hadas que, en el fondo, deseo tanto como cualquier otra mujer.

Decidí seguir adelante porque entendí que, por mucho que me hubiera gustado que las cosas fueran distintas, había una sola realidad: él estaba haciendo una elección y yo lo único que podía hacer era respetar sus razones, aunque no me parecieran justas o correctas. Finalmente, no estaba en mis manos hacerlo cambiar de opinión.

Antes de decidirlo traté de convencerlo de que, cuando le dije eso, yo no estaba enamorada y que el amor podría hacer cambiar muchas cosas, pero no fue suficiente. Parecía no haber vuelta atrás. Después de todo, el amor parecía no poder con cualquier obstáculo, como se dice en todas las novelas románticas…

Poco después, el aspecto profesional se acomodó para que pasara exactamente lo que ese día él utilizó como su argumento para no decidirse por mí. Todo lo que había querido que me sucediera, me estaba sucediendo. Nuevas oportunidades de viajes, trabajo que adoro, escribir para una publicación…

Pero por alguna razón, no podíamos dejar de vernos ni de estar en contacto el uno con el otro. Por más barreras y más negativas, había un “algo” que hacía que estuviéramos siempre conectados.

Sin embargo, él no estaba para mí al 100%.  ¿Por qué? No lo sé. Podría culparme y decir que tiene que ver con mi carácter o con mi manera de vivir. Podría justificar su decisión (o indecisión) con el miedo a que las cosas no funcionaran. Podría argumentar también falta de amor…

En fin,  justificaciones sobrarían, pero el caso es que él no estaba y no estaría por su propia decisión.

Fue allí donde entendí una de las grandes complicaciones de la vida de una mujer, al definir nuestras prioridades: el amor de un hombre como “la cereza que adorna el pastel” o el amor de un hombre como “el pastel completo”.

Yo tengo un “pastel completo”, se llama VIDA PROPIA. Este pastel está hecho de muchos ingredientes: mi familia, mis amigos, mi desarrollo profesional, mi salud, tiempo para hacer lo que a mí me gusta, mis sueños, mis deseos, mis creencias, mis propias metas y aspiraciones y la forma en que éstas se van materializando.  Mi energía se concentra en preservar y mejorar todo esto y el proceso me hace feliz.

Anhelo, sin embargo, que mi pastel tenga una cereza. Esa “cereza” es la relación de pareja con un hombre que pueda complementar el pastel, entendiendo que a estas alturas del partido, sería muy difícil arreglarme la vida, porque lo único que deseo es compartirla con él.

Un hombre que me empuje y a quien empujar. Un hombre con quien compartir nuestras metas conseguidas, nuestros sueños, aspiraciones y nuestras motivaciones diarias, sea todos los días una aventura digna de vivir.

¿Hasta dónde podemos llegar cuando nuestra necesidad de ser amadas y aceptadas se vuelve más fuerte que nuestro amor propio?

¿Confundimos a menudo la necesidad con el amor mismo?

¿Estaríamos de verdad dispuestas a borrar por completo nuestra esencia para convertirnos en la sombra de aquel con quien se supone debiéramos compartir nuestra vida, mas no entregársela?

¿De verdad el amor se trata de ver por los “ojos del otro” y borrar nuestra propia identidad por convertirnos en la mujer sumisa que, aún ahora, muchos asumen como modelo de virtud y perfección?

El amor se trata de compartir, lo sé. Pero… ¿Debo entregarlo absolutamente TODO y correr el riesgo de quedarme sin nada, e incluso, quedarme sin MI?

Se los dejo de tarea…

Gracias por continuar leyéndonos. Celebramos un año desde el inicio de este sitio y vamos por más…

Ahora más cerca de ti:

En Facebook, da click en “Me gusta” dentro de nuestra fan page Mujeres Adictas a los Monstruos.

En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza.



domingo, 20 de noviembre de 2011

De los "Amigos con Derecho" y otros Monstruos... Por Elena Savalza

La verdad es que ya extrañaba esa adrenalina. Hacía meses que no les contaba alguna aventura loca, simplemente porque no la había tenido.  Lo único que pasó fue que me clavé tanto en mi trabajo que no tuve ninguna noche digna de resumirse en 4 páginas tamaño carta… hasta este viernes.

Resulta que estaba viviendo una feliz y tranquila historia con un chico que recién se me cruzó en el camino. La forma en que lo conocí fue un tanto peculiar: un día recibí una solicitud de amistad de un desconocido que tenía varios amigos en común conmigo, entre ellos, Ámbar. Al ver su perfil, antes de admitirlo, le pregunté a ella quién era, a lo cual me respondió que era un amigo de su novio, que era “buena onda” y que lo admitiera.

Habiéndolo admitido, un día, él entabla comunicación conmigo dejándome un mensaje para invitarme a salir con otro grupo de amigos. Yo respondí diciendo que no podía (lo cual era verdad, porque cuando lo leí, no me encontraba en Manzanillo) y que sería en otra ocasión. Debo confesar que me intrigó ese chico que, de una forma tan desfachatada, para mi gusto, me invitó a salir sin siquiera una presentación previa.

Así seguimos teniendo comunicación esporádica por el chat, mientras yo hacía gala de mis malos modales y de todo lo nefasta que puedo ser para tratar a las personas cuando me pongo mi coraza de autodefensa y de sarcasmo.

En uno de tantos días, en los que al iniciar una conversación conmigo yo estaba de buen humor (cosa que no es tan difícil, sólo que él, en particular, no había tenido mucha suerte con eso) me invitó a salir para conocernos y yo acepté.

En cuanto lo vi, supe que me gustaba. Realmente me sentí muy cómoda con él y me la pasé increíble desde las primeras horas que pasamos juntos. Puedo decir que, a pesar del extraño comienzo, estos últimos días fueron de los más felices que recuerdo en mi historia reciente.  

Todo marchaba sobre ruedas porque, desde un inicio, dejamos en claro que lo nuestro sería “sin compromisos”, es decir, seriamos “amigos con derechos”, con todo lo que eso implica. Realmente, nunca supe si quería de verdad una relación así, pero en ese instante me pareció divertido y simplemente decidí relajarme y aceptar lo que la vida me estaba poniendo enfrente.

Así que, estando claras las reglas del juego, la relación (o como fuera que se llamara lo que tuvimos) caminó de lo más relajada. Era como estar con un amigo que sabía que, dijera lo que dijera o hiciera lo que hiciera, me aceptaría con todo y mis defectos. Fuera presiones, fuera miedos, fuera máscaras. No había que quedar bien, ni había que esforzarse demasiado por esconder mi lado oscuro, porque realmente no importaba mucho que él tuviera una buena o mala opinión sobre mí. Finalmente, sabía que había una fecha de caducidad muy próxima y lo que importaba era vivir el momento, porque quizá mañana no lo volvería a ver.

En los pocos días que convivimos, pude darme cuenta de algunas cosas de él que me gustaron: por ejemplo, su USB estaba repleta de buena música (que no me alcanzó a compartir); hablaba muchísimo más que yo (¡y miren que eso no es tan fácil!), pero también era bueno escuchando, por lo cual siempre había algo divertido e interesante qué platicar; le encantaban las películas rositas (como a mí) y, además,  nunca había conocido a nadie tan puntual, que me avisara con suficiente anticipación si se retrasaría en llegar por mí, aunque solamente fueran 10 minutos. Obvio, hubo muchas más, pero no podría mencionarlas todas aquí...

Pero… (¿Por qué, cuando empiezas a pasarla bien, siempre hay un “pero”?) desde la primera semana, las “piedras en el camino” comenzaron a aparecer. A los pocos días de salir con él me entero de que, antes de conocerme, también conoció a una de mis mejores amigas y, de alguna forma, se tejió entre ellos una historia previa que no pasó a mayores, pero que originó cierta fricción en mi grupo. Como personas adultas y sensatas que solemos ser (la mayoría de las veces), pudimos arreglar nuestras diferencias y, digamos, que recibí “banderazo” por parte de mi amiga para continuar con esta naciente historia de... (¿Nada?) Bueno, dejémoslo en “historia”.

Sin embargo, unos días después, dos de mis peores defectos (aunque bien podrían resumirse en uno solo) afloraron en la misma noche: el egocentrismo y el tremendo disgusto que me provoca el sentirme rechazada. Y ustedes son testigos de lo mucho que he luchado contra ese defecto, por todas las broncas que me ha causado en mis relaciones con las personas, en general, pero esta vez, tampoco pude evitarlo.

El viernes, desde muy temprano, le envié un mensaje para invitarlo YO a salir por la noche. Me contestó diciendo que no sabía si se quedaría en Manzanillo y que después me confirmaba, a lo que respondí con un tajante “si no puedes, lo dejamos para después”. Él trató de minimizar la situación y terminé riéndome de mi respuesta, argumentando que tenía SPM (Síndrome Pre-Menstrual).

Transcurrió el día y, por la tarde, me llamó para preguntarme qué haría por la noche. Realmente, no tenía ningún plan concreto porque, en el fondo, esperaba verlo a él, pero sí había algunas actividades alternativas, así que le hablé del plan A, B y C.

Entonces me contesta: “Me voy a dormir un rato, así que si quieres, continúa con tus planes y si sale algo te llamo más tarde para ver en donde estás.  Yo voy a salir con mi amigo…”. O sea, él era plan A para mí, pero definitivamente, yo  no tenía el mismo orden alfabético en su lista de prioridades. Por algo dicen que “no debes tratar como prioridad a quien te trata como opción”.

Colgué la llamada, molesta, porque me enfurecen las medias tintas. Es SI o es NO, pero no es un “a ver si se me antoja”. Además, me cuesta un tremendo trabajo decirle a alguien “quiero verte”, por lo que, si ese alguien me rechaza, corrobora mi percepción personal de que es un tremendo error mostrarse vulnerable. Y lo que es peor, estando “claras” las reglas, sabía que no me podía enojar por eso, porque teóricamente yo no podía exigir nada… lo cual me molestaba aún más.

Estaba digiriendo mi molestia cuando, unos minutos más, hace su flamante aparición un tipo que hacía varias semanas había dejado de ver, pero a quien se me “olvidó” avisarle que ya no quería verlo. Me llama y me pregunta que “por qué lo tenía tan abandonado” y que si no quería verlo esa noche.

Pregunta: ¿Qué harías tú sí, de pronto, el chico con el que verdaderamente querías estar te manda a volar (o te deja en stand by, para que no se escuche tan feo) y, de inmediato, se te aparece en la pantalla de tu teléfono la “opción” de sacar a un clavo con otro?

Pues sí, lo admito. Mi primera respuesta fue decirle que lo veía esa misma noche, un poco más tarde. Sin embargo, reflexiono y me doy cuenta de que lo único que me movía a estar con “el otro”, era que el primero me había rechazado, lo cual no era una buena razón para pasar la noche con nadie. Sabía que, de haberlo tomado, la mañana del sábado mi resaca hubiera sido mucho peor de la que tuve.

Entonces llamo a mis amigos y me pongo en sus manos. Estando con ellos, en especial con Chuy, con Ricardo y con Arali, no cometería tremenda estupidez.

Lo primero que me encuentro al llegar es que, el amigo con el que supuestamente él saldría, estaba allí, con mis otros amigos, por lo cual asumí que me había mentido y mi coraje creció. Pero, bastaron solamente unas cuantas palabrotas dichas en el hombro de Chuy para que me sintiera mejor (esa es una de las mejores cualidades de mi hermanito Chuy: sabe cómo ponerme en mi lugar y “bajarme los humos” de inmediato).

Después de un rato, mi chico en cuestión se aparece, mientras yo me aferraba al abrazo de Chuy. Me saluda como a cualquier desconocida y, mientras Chuy intenta soltarme para “cederle el espacio”, yo lo abrazo más fuerte y le digo “No me sueltes, él no está aquí por mí. Si hubiera querido verme, me habría llamado y no lo hizo”.

Transcurre la noche, nos vamos a un bar y yo, en la misma actitud de “no viene conmigo” y “es uno más de la bola”, seguía divirtiéndome, tratando de ignorar su presencia en la mesa, mientras “el otro” seguía mandándome mensajes pidiéndome vernos.

Llega un momento en que se va del bar. La verdad es que, en mi interior, esperaba que me dijera “vente conmigo”, pero no sucedió… Así que lo vi irse, mientras ponía la misma cara de idiota de la cual ya les he platicado en otras ocasiones, tratando de entender qué estaba pasando.

Supongo que Ricardo adivinó mi siguiente pasó, porque me quitó mi celular… pero fue completamente inútil, ya que me empeñé en recuperarlo de inmediato (cuando me pongo necia, no hay quien pueda conmigo).

En cuanto se va, me meto al baño y le marco, reclamándole que se hubiera ido (un cerebro alcoholizado no sabe de lógica, lo siento). Realmente, no entendí muy bien qué fue lo que me contestó porque la música no me dejó escuchar, pero sé, por su tono de voz, que no fue algo muy dulce que digamos.

Enojada, le marco “al otro”, quien seguía “calientito y en la banca”, completamente disponible para ingresar a la cancha y, por si fuera poco, muy cerca del bar donde yo estaba por lo que, antes de que yo terminara de tronar los dedos, ya tenía la tarjeta de cambio lista, solamente esperando que el árbitro diera la instrucción para realizar el movimiento (Ni se nota cuánto me gusta el futbol ¿verdad?).

Salí, lo saludé y le dije que en un momento nos iríamos juntos. Pero de nuevo, Ricardo me detuvo y me tardé más de lo esperado en volver a salir. Cuando salgo, a pesar de los esfuerzos de Richie por convencerme de que me quedara, “el otro” aún seguía esperándome…

Sin embargo, llegado el momento clave, no me pude ir con él. Fue como si toda la cordura que me faltó durante la noche, me hubiera llegado de golpe en ese instante y algo dentro de mi dijera “esto no está bien, realmente tú no quieres irte con él, no seas idiota”.  Me alejé lo más rápido que pude, enojada conmigo, por mi estúpida reacción de sentimentalismo y sensatez que me invadieron en el último minuto, no sin que antes me alcanzara otro de mis amigos (SU amigo) insistiendo en llevarme a casa y en que YO era quien la había regado.

Llegando a casa, decido que eso de los “amigos con derecho” y las relaciones sin compromiso, simplemente no era mi fuerte, por lo menos, no con él: realmente me gustaba y comenzaba a desear cosas que sabía que no podía tener, entre otras, que se quedara conmigo. Así que le envié un mensaje disculpándome por la escena de la llamada y diciéndole que lo mejor era que dejáramos las cosas como estaban, porque había entendido que no sabía cómo manejarlo. Me respondió deseándome una “linda vida”… Y se terminó tan rápido como inició...

Mientras tanto “el otro”, me llama súper enojado (con sobrada razón) porque lo dejé esperando en la entrada del bar. Me dijo que estaba cansado de que lo llamara nada más cuando a mí se me antojara y que el mundo no giraba a mi alrededor (estoy segura de que no es la primera vez que escucho eso), pero que, lo de haberlo dejado esperándome como idiota fuera del bar, era mucho más de lo que él le podía permitir a ninguna mujer.

Me disculpé (también con él) y le dije que no tenía la menor intención de pasar ni esa, ni ninguna otra noche más con él y que no estaba en condiciones de explicar mi conducta, pero que consideraba que, lo mejor, era ya no vernos. A juzgar por su mensaje del sábado por la noche, donde volvía a pedir verme, creo que no quedó del todo convencido, pero de la misma forma, ya no daré marcha atrás.

Mientras escribía esto, pensé en que un buen título para esta entrada bien pudo haber sido “Cómo perder a dos hombres en la misma noche”, pero entiendo que, para haber perdido algo, primero debería haberlo tenido. La realidad, es que nunca tuve NADA.

Pero, como dice el sabio refrán “Cuando pierdas, nunca pierdas la lección”, así que aquí va el resumen de lo aprendido esa noche:

1.        Nunca, bajo ninguna circunstancia, mezcles vodka con cerveza, sobre todo si estás molesta y tienes cólicos menstruales.

2.       Cuando un verdadero amigo te quita el celular y se lo guarda en la bolsa derecha de su pantalón, déjalo allí… está mejor que en tus manos.

3.       Jamás, jamás, pero JAMÁS llames a un chico porque estés enojada con otro. No es justo para ninguno de ellos… y mucho menos, para ti.

4.       Nunca comiences “nada” sin concluir historias anteriores. Así sea solamente una relación de “amigos con derecho”, cada etapa de la vida por corta que sea, merece tener bien marcado su inicio y su final (“Enfoque a Procesos”, Elena ¡Por Dios!).

5.       Decide lo que necesites y no aceptes menos. A veces es bueno detenerse a esperar, porque si nunca dejamos de movernos, las cosas más valiosas de la vida, las que llegan solas, quizá no puedan alcanzarnos.

6.       En cualquier caso, el orgullo y el egocentrismo son pésimos consejeros… pero cuando les das un poco de alcohol, pueden ser tus peores enemigos.

7.       Tener un “amigo con derecho” requiere inmunizar a tu corazón para no sentir. Si sabes que el tuyo no tiene sus vacunas al día, mejor no juegues con fuego, porque resultarás quemada.

8.       También se puede aprender de las historias cortas y Dios siempre te manda a la gente por algo. Disfruta y déjate llevar. Al final, aunque sea por poco tiempo, habrá valido la pena.

9.       Si tienes excelentes amigos que hacen lo posible por evitarte un frentazo, no arruines sus esfuerzos haciendo siempre lo que te viene en gana y, de vez en cuando, acepta que te puedes equivocar.

10.    Recuerda que “Dios no hace huevos al gusto, no endereza jorobados y no sirve desayunos en la cama”. Si tienes ganas de un café, muévete y ve por él: así funciona la vida.

¡Nos escribimos pronto y gracias por seguirnos leyendo!

Ahora más cerca de ti:

En Facebook busca nuestra Fan Page Mujeres Adictas a los Monstruos y da click en "Me gusta"
En Twitter sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza

viernes, 23 de septiembre de 2011

"Derecho de Admisión"... Por Elena Savalza

Amo Manzanillo, sin duda. Ese Manzanillo que rompe con todos los pronósticos y que se niega a admitir a “Hilary” por mucho que los reportes meteorológicos digan que a esta hora, debería estar lloviendo, con alto oleaje y con fuertes ráfagas de viento.

Hoy tengo que tomar como sede el VIPS, porque no me da tiempo de comer en casa (de preparar, sobre todo) y porque, además, muero de ganas de unas crepas. Así que en este caso, la falta de tiempo es un pretexto que decido usar a mi favor.

Mientras espero que me tomen mi orden, aprovecho la tranquilidad que todavía se siente en este pasillo del restaurante, para escribir todas las cosas que traigo en la cabeza desde anoche y parte de la mañana de hoy.

Desde que escribo en este blog, me han pasado cosas padrísimas. Me he liberado de miedos (Monstruos), he expresado mis ideas, conocido gente fabulosa y mi cuenta de amigos en Facebook y seguidores en Twitter, ha crecido infinitamente, lo que me ha permitido conocer muchísimas más ideas y opiniones que han enriquecido mi forma de pensar.

Sin embargo, hoy quiero platicarles de la lección más importante que he aprendido a través de la escritura como forma de poner en orden mis ideas y sentimientos, sobre nuestro tema favorito, el amor:

“El corazón no se reserva el derecho de admisión”

¿Cómo llegué a esta conclusión? Muy sencillo:

Anoche pase un muy buen momento con el chico que mi corazón reconoce como “equivocado”, pero que actualmente, mi cuerpo encuentra bastante “adecuado” (¡Ups!... ¿Lo dije?).

Hoy por la mañana, a pesar de la resistencia a levantarme debido a la enorme desvelada que sentía (por obvias razones), no pude menos que disfrutar enormemente la conversación con uno de los chicos más interesantes que he conocido recientemente y al cual, mi cerebro podría reconocer como “el adecuado”, a pesar de que si le pregunto a mi corazón o a mi cuerpo, lo reconocerían como “el equivocado” (No me pregunten por qué, pero así funciona).

Y entonces, con el grato sabor de boca por las ideas compartidas con este chico que verdaderamente me pone a pensar y que reta a mi cerebro a ponerse a su nivel; y, con los recuerdos de los besos y caricias compartidas con el que anoche me hacía recordar la diferencia biológica básica entre “niño” y “niña”, volteo con mi corazón y le pregunto con la mayor sinceridad que puedo, al fin que sé que con él no puedo andarme por las ramas: “¿Tú qué opinas?”

Y el corazón opinó: pero su respuesta, ya la conozco y ya la podrán adivinar…

Muchas veces el corazón ama a quien menos méritos ha hecho para “conseguir el favor de nuestro amor" (¿Leíste Ámbar?), dicho con todo sarcasmo, pues creo que el amor no se condiciona, se da o no se da.

Sin embargo, el amar a una persona no implica necesariamente que puedas construir una relación duradera y satisfactoria con ella. A veces, simplemente ésta no es “factible” por distintos factores que nada tienen que ver con el amor o la falta de.

Lo que sí tenemos que tener en claro, es que construir una relación es cosa de dos y que siempre es importante establecer para nosotros mismos qué es lo que queremos para una relación de pareja, qué es lo que no queremos y que estamos dispuestos a aportar (y en ocasiones, sacrificar y ceder) para que ésta se desenvuelva de manera exitosa.

Es muy importante el amor en una relación de pareja, sin embargo, al darle paso a la razón, también debemos de tener en cuenta muchos otros aspectos que son más bien de lógica y de “conveniencia”, aunque la palabra suene fuerte; sin dejar de lado, el buen sexo (¡por supuesto!).



Mi conclusión de este medio día, tal como se lo platiqué a Ámbar mientras charlábamos un poco hoy, es que es verdaderamente afortunada la persona que, además de sentir amor, logra llegar a buenos acuerdos que le permitan llevar una relación de pareja armoniosa y constructiva. Si esto además, viene acompañado de unas muy buenas sesiones sobre el colchón… ¡se ganó la lotería!

Pero no le podemos poner al corazón la leyenda de “NRDA” (Nos Reservamos el Derecho de Admisión) como en los antros. El amor, simplemente no la respeta.

Debemos permitirnos sentir, conocer y vibrar con toda la gama de sensaciones que el estar enamorados nos produce. Si es o no, la persona “conveniente” para nuestra vida, eso lo decidirá nuestra razón, independientemente de lo que el corazón llegue a sentir y entonces estará en nosotros, la difícil decisión de saber a quién escuchar.

Por lo tanto hoy, sin reservarme el “derecho de admisión”, decido disfrutar del AMOR que mi corazón siente y sentirá por siempre por Aquél con quien la razón, el destino, la vida, las circunstancias o Dios, no quiso que construyéramos juntos un futuro.

También decido, no sentirme culpable por disfrutar del sexo con quien, en este momento, despierta todas esas tan agradables sensaciones en mi cuerpo.

Y tampoco me culpo, por disfrutar de la compañía y del agradable reto que representa para mi intelecto, de quien de forma tan inteligente y sensible, mantiene mi cerebro corriendo con toda velocidad.

Lo que no me permito, es ponerle una barrera a mis sentimientos, mis emociones y mis sensaciones, disfrazada de objetividad, prejuicios o dudas. Porque hoy sé, que equivocarse solamente es opción, de quien que se arriesga a vivir...

Gracias por seguirnos leyendo y, muy en especial, por compartir nuestros enlaces…

¡Hasta la próxima!

Ahora más cerca de ti:

En Facebook, busca la página Mujeres Adictas a los Monstruos y da click en "Me gusta"
En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza

lunes, 29 de agosto de 2011

Cuando el cambio te sorprende... Por Elena Savalza

En mi experiencia como Consultor e Instructor y en mi vida, muchas veces he escuchado y dicho la frase “la única constante es el cambio”. Es más, les puedo decir que normalmente, cuando comenzamos con la etapa de planeación estratégica en una organización, lo primero a lo que recurrimos es a esta frasecita, que aunque un tanto trillada, encierra mucho de verdad: explica de qué forma la vida no se detiene (por mucho que a veces quisiéramos) y que en la medida que tengamos la capacidad de adaptar nuestros objetivos y planes (empresariales o personales) en función a las nuevas situaciones, seremos más “competitivos”, tanto en el mercado como en la vida misma… incluso si nuestro principal “competidor” somos nosotros mismos.
Pues bien, hoy quiero hablar un poquito del cambio. Digo que solamente “un poquito”, porque el tema podría ser tan extenso que no nos alcanzarían las 141 entradas que este blog ya tiene, para abordarlo de la forma en que el tema se merece, en función del impacto que puede generar en nuestras vidas.

Pero aun así, me aventuro a abordarlo…

Hace unos meses, como todos pudieron darse cuenta, tuve una “regresión al pasado”, en la cual comienzo por primera vez un proceso de duelo para superar la ruptura (de la cual hace ya casi 3 años… ¡gracias!) con el amor de mi vida. Esto sucedió, al comenzar el mes de junio de este año. ¿Tarde? Sí, bastante. Pero quizá mi corazón y mi mente tenían entonces demasiados cambios qué asimilar y dejaron de lado este, por demás importante.

Haciendo un pequeño resumen de lo que ha sido mi vida en ese lapso, casi 3 meses, puedo decir que he tenido durante este proceso, los siguientes avances:


·         Llorar a mares: No es bonito, para nada. Sobre todo, cuando la mayoría de las personas a tu alrededor interpretan el acto de “llorar” como una muestra de debilidad e incluso, puede llegar a molestarles. Creo que de todo, lo más básico, resultó lo más complicado. Aunque por suerte, las lágrimas no duran mucho y les puedo decir, que después de esos “primeros días”, no han venido de nuevo a mis preciosos ojos.

·         Aceptar: A veces, cuando se pierde se gana. Fue muy difícil entender que, esta no era una pelea cualquiera, sino la última. Aceptar que ya no volveré a verle, ni tendré el derecho de llamarlo o escribirle “sólo para ver cómo está”, no ha sido fácil e incluso, a veces me siento de nuevo tentada a hacerlo, pero en este caso, la razón sí ha podido más que el corazón y me he mantenido a raya. Cada día, la ansiedad por saber de él, ha sido mucho menor, sin embargo, en los próximos días (que será su cumpleaños) con seguridad, será mi prueba de fuego, por lo cual no puedo cantar la victoria aún.

·         Re enfocar mis prioridades: En esta parte, ha habido dos aspectos fundamentales. El primero, fue el preocuparme un poco más por mí y traducido a términos prácticos, se resumió en hacer cambios en mi alimentación y volver a ejercitarme, con lo cual, realmente me ha ido bastante bien. El otro cambio, fue retomar mi carrera como Consultor, que era otra de mis pasiones, con lo que, realmente me he sentido muy satisfecha y ha ocupado gran parte de mi tiempo y mi cerebro. Así que, aunque el  corazón reniegue, el cerebro ni se ha enterado.

Se preguntarán por qué hago esta rápida “revisión de resultados”. Pues bueno, les explicaré:

En estos 3 meses, la sola idea de pensar en un “hombre” en mi vida, me producía una tremenda apatía. De hecho, comencé a entrar en una etapa en la que ya había adoptado la resignada etiqueta de “solterona” que convertí en “chingonería”.

Sin embargo, aunque sigo coincidiendo en que la “chingonería” es mi estado ideal y sigo excluyendo de mis planes inmediatos cualquier actividad que involucre un compromiso formal a largo plazo con una pareja, por estar fuera de mis prioridades inmediatas, había un aspecto que no había considerado dentro de la “justificación de exclusiones”: SEXO.

Así es: a mí perfecto plan de vida, en el cual la pareja no se vuelve como una “materia obligatoria” para obtener el grado, sino más bien forma parte de las “optativas”, se le olvidó considerar, ni como “taller”, el que pasada la tristeza inicial, mis hormonas iban de nuevo a recordarme que si bien soy una persona pensante, objetiva, equilibrada, inteligente, con múltiples actividades, que apenas si tiene tiempo para pensar en otra cosa que no sea trabajo entre semana sin olvidarse de su vida y un poco (bueno, a veces mucho) de vida social el fin de semana; también soy, en su esencia más natural y rudimentaria… una MUJER.

Y entonces, cuando ni siquiera pensaba en sexo, cuando ni consideraba la posibilidad (y que conste que no por falta de “ofertas” pues eso siempre abunda), la oportunidad llegó a mí, pero esta vez acompañada de otro factor: atracción y reciprocidad.

¡Adivinaron! Conocí a alguien…

El sábado nos fuimos al Bora’s Ámbar y yo, debido a que nadie más se quiso unir a la convocatoria. Llegamos solitas, pero, como siempre, terminamos la noche en “multitud”. Resulta que me encontré a un amigo, que a su vez, llevaba a otro amigo y los invité a sentar a mi mesa. Al rato, llegaron nuestras amigas de todos los sábados, después los “guaruras” y así, comenzó a extenderse nuestra red.

Estaba en lo más divertido de la noche, cuando de pronto lo vi. Alto, delgado, blanco tirando a rubio. Cosa curiosa, porque normalmente, a mí me atraen más los morenos. Pero algo vi en él que me gustó. Se acercó a mí (después de un par de miradas coquetas por parte mía mientras bailaba, obvio) y nos presentamos.

Como la música estaba casi terminando, salimos del bar y nos quedamos platicando en la entrada. Fue un momento agradable, la verdad. Resultó que, por cuestión trabajo, teníamos algunas cosas en común y de pronto nos enfrascamos en una agradable (aunque un tanto superficial) conversación.

En eso, salió Ámbar con el resto de nuestros amigos y seguimos la fiesta en la playa. Fue entonces cuando volví a sentir ese “no sé qué” que jamás me he explicado, pero que hace la diferencia entre “sólo amigos” y “algo más que amigos”…


Tengo que reconocer, que me la pasé muy bien con él. El niño fue lindo, atento, divertido y me reí muchísimo. De hecho, es la primera vez que conozco a alguien “soltero y sin compromisos” (es decir, ningún hijo o ningún divorcio a cuestas, ni ex molestosas) que me gustara lo suficiente como para que me despertara “pensamientos pecaminosos” a pesar de mi estricta determinación por no incluir hombres en mi vida.

¿Qué va a pasar ahora? No tengo ni la menor idea. Pero de esto, hay algo que me gusta: la completa y total falta de expectativas ante este hecho. Por curioso que parezca, no espero nada ni de la situación ni de la persona.

Vive a unas calles de mi casa, sé dónde vive, donde trabaja, en qué horario va, quién es su jefe, sabe dónde vivo, tiene mi número y sabe que el Bora’s es algo así como mi “nave nodriza”, además de que sabe que escribiré sobre él hoy; así que, supongo que el destino no necesita demasiada ayuda con toda esa información.

Lo que sí sé, es que en algunas ocasiones la vida también pone a prueba tu capacidad de disfrutarla (con responsabilidad, claro está) y las complicaciones suelen pasar a segundo plano, cuando solamente se trata de vivir y de recibir las cosas buenas y las lecciones que tenga para ti.

Muchas veces, creemos que el cielo está tan nublado que no dejará de llover. Como buenos seres humanos, nuestro instinto de supervivencia nos hace que nos adaptemos a una situación y busquemos la mejor forma de salir adelante con los recursos que tenemos, llegando incluso a disfrutar verdaderamente de nuestra nueva adaptación. Es decir, aprendemos a seguir nuestra vida, con todo y el aguacero.

Pero, por más que planifiquemos, siempre habrá factores externos que de pronto harán que nuestros planes se alteren. Esto no debe asustarnos, al contrario: debemos aprender que, el cambio siempre será constante en nuestras vidas y de nuestra capacidad de respuesta y de cómo afrontemos cada situación, dependerá la calidad con la que vivamos nuestras vidas y la felicidad de cada uno de esos momentos.

Así que, ya veremos en los próximos días, si es que este blog tiene un nuevo personaje del cual platicar…

P.D.: ¡Te dije que escribiría sobre esto!

Para finalizar, les dejo el enlace del video que Ámbar mencionó en su entrada más reciente y que es un resumen del libro de Spencer Johnson “¿Quién se ha llevado mi queso?", cuyo tema principal es la adaptación al cambio.

Gracias por seguirnos leyendo y hasta la próxima…

 Ahora más cerca de ti:
En Facebook, busca la página Mujeres Adictas a los Monstruos y da click en "Me gusta"
En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza

lunes, 18 de julio de 2011

"¿Qué onda con el amor?": Conclusiones al calor del mezcal... Por Elena Savalza

Hola a todos:
Les escribe una relajada Elena, que está sentada plácidamente en un sillón del Starbucks de la ciudad de Colima, capital del estado que lleva el mismo nombre, a tan solo 1 hora con 15 minutos de Manzanillo, el puerto de mis amores.
Como ya les platiqué antes, me acabo de mudar temporalmente (hoy es mi primer día, de hecho), por un proyecto especial de mi retomado trabajo como Consultor.
Los últimos días han sido raros: tensión por la entrega en mi anterior trabajo, una preocupación en el ámbito familiar que, por fortuna, ya tomó su curso normal, y además, preparar el cambio de residencia, que aunque es por poco tiempo y muy poca distancia, no deja de ser foco de tensión.
Pero ahora que estoy aquí, resulta que todo es distinto: la gente con la que debo colaborar, me ha tratado genial y considero que en pocas horas, he conseguido mucho más de lo que esperé, sobre todo en disposición. Por si fuera poco, resulta que siempre sí, viviré solita, en una zona muy bonita que está a unas pocas calles de mi “trabajo de oficina” y además, hay un parque cerca donde puedo salir a correr.
Sin embargo, de la adaptación a mi nuevo entorno, les platicaré después.
Hoy quiero, ya un poco más tranquila con todos los sucesos de los últimos días, platicarles de mi fin de semana.


Después de un cambio drástico de planes, por un problema familiar, decido el fin de semana, aceptar la invitación de Ámbar a cenar.
Pero, por azares del destino (no me pregunten cómo, porque de verdad, ni siquiera sé a qué hora comenzó), me enfrasco en un intercambio de mensajes de texto, digamos un poco… “subidos de tono” con nada más y nada menos que uno de los consentidos de este blog: sí, adivinaron… ¡con Don Sapo!
Cuando veo a Ámbar, yo estaba literalmente “poseída” por las teclas de mi teléfono y una sonrisa estúpida y morbosa invadía mi rostro. Y es que, de verdad, lo prometo… la conexión sensual y la tensión sexual (lo digo así, con todas sus letras, porque ya sé que no es otra cosa) que ese hombre genera en mí, va más allá de cualquier otra cosa. De verdad, es adictivo y es más fuerte que yo.
Después de cenar, fuimos a un bar de una buena amiga y también seguidora de este espacio, Yecko, el bar se llama “Santo Mezcal”. Ampliamente les recomiendo, que cuando vengan a Manzanillo no dejen de visitarlo.
Llegando al Santo Mezcal, a donde iríamos, “solamente porque tenía una consulta qué hacerle a Yecko y no nos íbamos a quedar” (¡ajá!), encontramos a un ex compañero de trabajo de mi hermana menor Isa, que resultó también ser amigo de Yecko, por lo cual, terminamos Ámbar y yo, sentándonos en la barra con ellos.
De pronto, la conversación comenzó a ponerse interesante, puesto que entramos en nuestro terreno favorito: el amor y las relaciones de pareja.
Mientras Yecko y yo, defendíamos una postura un tanto liberal, pragmática y hasta egoísta, según los calificativos dados por nuestros interlocutores; Ámbar y el amigo en cuestión, tenían opiniones completamente distintas a lo que nosotras planteábamos.
Sin embargo, fue una charla por demás interesante, que yo seguía mientras continuaba mi sesión de “cachondeo por SMS” con Don Sapo, quien en ese momento se encontraba intentando materializarme y transportarme hasta su habitación de hotel, que ocupaba esa noche en Cancún.
De esa conversación que se prolongó hasta “el día siguiente”, o sea ayer domingo (eso que solamente íbamos por un momento), puedo sacar las siguientes conclusiones:


·         El amor es un lenguaje universal: Digamos o no, lo aceptemos o no, todos entendemos de alguna forma el concepto de amor en nuestras vidas. Puede incluso tratarse de amor filial, amor por los amigos, por un proyecto o por tu entorno, o en definitiva, por tu pareja; pero todos los seres humanos entendemos el amor como algo esencial en nuestras vidas.
·         Todos tenemos un prototipo de “vida ideal”, que de alguna forma incluye una pareja: Ya sea que pensemos en el tradicional “y vivieron felices…”, que pensemos en un noviazgo eterno, o en un free, absolutamente nadie nos imaginamos sin el apapacho que prodiga una relación de pareja, independientemente del nivel de intensidad o compromiso que exista.
·         No es pecado no querer tener hijos, ni querer una familia tradicional: En teoría, se nos ha educado, sobre todo a las mujeres, para tener una familia “como Dios manda” (papá, mamá, hijos, graduaciones, bodas, bautizos, comidas familiares, partidos de futbol, etc.) Sin embargo, cada día, hay más mujeres (me incluyo) que no tenemos como proyecto de vida una empresa así. Eso, definitivamente no nos convierte en monstruos. Elegimos con responsabilidad, sabedoras de las consecuencias que cualquier tipo de elección traerá en nuestro futuro. Aún ahora, hay quienes voltean a vernos “raro”, pero es una realidad, no todas vemos nuestro futuro lleno de hijos y nietos. A mí, por lo menos, me cuesta mucho trabajo. No descarto que quizá, en otro momento de mi vida podría desearlo, pero definitivamente a mis casi 29 años, no es prioridad.
·         También se puede disfrutar del sexo sin amor: ¡Por supuesto que sí!... y también, siendo mujeres. Defiendo que el sexo es una de las expresiones de amor y comunicación entre pareja más bonitas que conozco y que hacer el amor con alguien a quien amas profundamente es una de las mejores experiencias de la vida. Pero eso no implica, sin embargo, que no sea un acto físico, por lo cual, no siempre es necesario estar enamorado para disfrutarlo. A veces, solamente basta conocer tu cuerpo y que la otra persona te resulte atractivo, agradable y te despierte el deseo… que por cierto, no se parece al amor (si no me creen… ¡pregúntenme por Don Sapo!)
·         “Mi felicidad es responsabilidad mía y de nadie más”: Este fue uno de los tópicos que más conflicto de opiniones generó. Hubo quien dijo que en una relación, tu responsabilidad es hacer feliz a tu pareja. Sin embargo, yo creo que nadie da lo que no tiene. Si yo como persona, espero a que alguien venga a llenar mis vacíos… ¡estoy frita! La principal responsabilidad que, como seres humanos y como mujeres tenemos, es no depender de ningún factor externo para ser felices. Alguna vez leí en el libro de “El Caballero de la Armadura Oxidada” (Robert Fisher, Ed. Obelisco), que “los animales del bosque no esperan a que amanezca nublado o soleado para disfrutar del día que les tocó vivir”. Con los seres humanos pasa lo mismo: mi principal proveedor de felicidad soy yo. Son mis decisiones y la actitud que afronte ante la vida y lo que me pase, lo que determinará la cantidad y calidad de los momentos felices, que construyen día a día mi felicidad. Si yo no encuentro esto en mi interior, difícilmente alguien vendrá a hacerlo por mí.
·         Te puedes enamorar de dos personas al mismo tiempo: Sí, sí se puede. Quizá pueda haber una diferencia en la intensidad, o en las sensaciones que cada una de estas personas te cause, pero se puede y a mí me pasó. Cabe aclarar, que estoy hablando de “enamoramiento”, no de “amor profundo”, este último, es el que debemos construir y que además, lleva implícito otro factor: compromiso de ambas partes.
·         Puedes decidir cuándo alejarte, pero no cuándo enamorarte: El enamoramiento es un proceso natural y carente por completo del más mínimo sentido de lógica. El que diga “yo no me enamoro si no quiero”, se engaña a sí mismo. Lo que sí se puede, es decidir en qué momento retirarte de la batalla, cuando sabes que de alguna forma la has perdido o podrías perderla.
·         El enamoramiento puede tener límite de tiempo, pero el amor, precisa de un trabajo de construcción que requiere un compromiso de pareja: El enamoramiento, dura muy poquito. Incluso puede durarte días u horas… Algunas veces, yo digo en tono de broma, que cuando estoy con alguien “me enamoro” momentáneamente, para disfrutarlo más. Y es que, en realidad, eso puede pasarte. Pero en el momento que esta etapa de ensueño termina, es cuando el verdadero amor pone a prueba su fuerza y su compromiso. Es entonces, cuando de verdad sabemos si la pareja tiene potencial para permanecer junta, o se queda en el bonito recuerdo de lo que fue.
En fin, esto es lo que el mezcal le hace a tu cerebro y a tus ideas. Pero, si además lo acompañas de un rico café y una tarde nublada, realmente podríamos seguir escribiendo por horas, sin encontrarle fin al tema.
Por lo pronto, mi preocupación más cercana es concluir este proyecto y terminar mi estancia en este lugar, porque verdaderamente, comienzo a extrañar la playa.
¡Ah!... pero si ustedes creen que la conversación con Don Sapo, terminó junto con mi mezcal, se equivocan: esa no concluyó, si no hasta el día de ayer por la tarde.
Sin embargo, de eso les platicaré después, cuando no sea horario familiar…
¡Les mando un abrazo desde la bella capital colimense y nos leemos pronto!
Ahora más cerca de ti:
En Facebook busca la página Mujeres Adictas a los Monstruos y da click en "Me gusta"
En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza