Mostrando entradas con la etiqueta metas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta metas. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de enero de 2013

“¿Por qué no te has casado?” y otras preguntas incómodas de los 30’s... Por Elena Savalza


Advertencia a los lectores:

Si tienes una familia feliz y completa, estás casada y/o tienes hijos, tienes una pareja estable o eres hombre, probablemente creas que estoy exagerando. Pero si tienes 30 años o más, eres una mujer trabajadora y profesionalmente exitosa, pero tu estado civil y tu cuenta de Facebook le dicen al mundo que eres “Soltera”, estoy segura de que sabrás de qué hablo.

Es un hecho casi científicamente comprobado que, cuando tu vida profesional es más o menos prolífera, tienes la agenda más saturada que el Presidente de la República (pero sin su séquito de asesores y asistentes personales) y además intentas sacar adelante tus estudios, porque sabes que el aprendizaje no se detiene, mantener una relación amorosa (noviazgo, matrimonio o lo que quieras) y tener hijos, es una misión muy pero muy complicada. No digo que no se pueda, pues conozco a muchas mujeres que lo logran y que tienen una vida equilibrada entre el éxito profesional y su vida en familia; pero, sin temor a equivocarme, para la mayoría de las mujeres el pretender tener una vida laboral exitosa lleva consigo el llegar por las noches a casa y dormir en una cama vacía. Ese precio, no todas están dispuestas a pagarlo.

Afortunadamente, conozco cada día más mujeres que se atreven a tomar el riesgo y viven felices con lo que les deparó el destino, además de disfrutar sus logros. Piénsalo así: estadísticamente somos más mujeres que hombres, por lo cual es completamente lógico que alguna de nosotras quede soltera. Sin embargo, nuestro día a día aún nos impone el reto de romper un enorme paradigma: “Mujer Soltera” no es igual a “Mujer Sola”… y mucho menos “Mujer Infeliz”.

Preguntas como el “¿Por qué no te has casado?” o “¿Por qué no tienes novio?”, o comentarios como “Se te está yendo el tren”, “Por lo menos, ten un hijo para que no te mueras sola”, o “Métele velocidad porque la fecha de caducidad se te está acercando”, hacen que incluso a la más segura de las mujeres, le entre el pánico escénico por su futuro y caiga en fuertes depresiones o cometa errores como aceptar comportamientos inaceptables por parte de alguna pareja, sólo por creer que “no agarrarán más”. Créanme: conozco cada caso, que se sorprenderían de saber las cosas que llegamos a permitir por no pasar la “agonía” de la soledad.

Debido a todos estas interrogantes e ideas preconcebidas que, lejos de ayudar a la causa de las mujeres, hacen que de cuando en cuando nos sintamos más que miserables y hasta reconsideremos el “¿por qué?” de nuestra existencia en el planeta, me he dado a la tarea de compartir con ustedes, algunas reflexiones sobre el tema que, con bastante conocimiento de causa, puedo abordar hoy:


No te tomes tan en serio los comentarios de los demás. Recuerda que, aún en nuestro tiempo, se tiene la creencia de que la única realización posible para una mujer es casarse y tener hijos. Aunque nuestra incursión en el ámbito profesional ya es bastante bien recibida, no podemos negar que nos educaron (también a mi) para casarnos, tener hijos y formar una feliz familia. Es completamente normal que los que ya están de aquel lado nos digan a los que no, que nos “apuremos”, porque ya estamos en la recta final. El tener 30 años o más, y no tener pareja, no te convierte en una fracasada y tampoco tienes por qué justificar ante nadie ni tu soltería ni tu falta de descendencia. El amor y todas las cosas buenas del mundo, llega solo; siempre que estés abierta y receptiva para permitirles entrar a tu vida.

No querer casarte o tener hijos no te hace rara ni anti natural. ¡Para nada! Simplemente en la vida de todo ser humano existe una escala de prioridades, si entre las tuyas no figura el matrimonio o la familia en primer lugar, apégate a lo que para ti funcione y te haga feliz, sin pensar en lo que “la naturaleza” dicta. Después de todo, nadie puede criticar qué es lo correcto o lo incorrecto. Para mí es muy simple: lo correcto es lo que te hace feliz y las únicas prioridades que debes cumplir son las tuyas.

Rodéate de gente exitosa y positiva. Hay gente cuya mente siempre está activa y productiva y en sus pensamientos y palabras no existe espacio para amargar la vida de los demás, lejos de eso, se dedican a mejorar todo lo que tocan a su alrededor. Esa es la gente de la cual debes rodearte y de la que debes procurar aprender.

No te conformes con la primera “carcacha destartalada” sólo porque creas que “ya se te fue el tren”. Eso es un error más que común: a veces creemos que la persona que está a nuestro lado, por más imperfecciones, por peor que nos trate o por más cosas inaceptables que haga y que nos duelan, es lo único que hay para nosotras y por más que el día a día nos diga que debemos alejarnos de allí, el temor de quedarnos solas nos hace permanecer e incluso engañarnos con el “mi amor lo va a cambiar” o “no es tan malo como la gente dice”. La gente no cambia sólo porque sí. Estoy segura de que es mucho mejor estar sola, que estar acompañada de alguien que no te respeta ni te valora.

No vivas esperando al hombre perfecto, pero establece una métrica de lo que puede ser aceptable y no te bajes de allí. Muchas mujeres creemos que el tan ansiado príncipe azul de tus cuentos de hadas de la infancia todavía llegará. Si tienes por lo menos mi edad, ya sabes que eso no sucederá. Has conocido los suficientes hombres como para por lo menos identificar qué es lo que esperas en una relación. Establece esa escala y determina cuáles aspectos podrías negociar sin sacrificar tu integridad propia. Pero lo más importante: no permitas comportamientos o actitudes inaceptables, sólo porque creas que no puedes esperar más. Ese hombre bueno que estás esperando, si es que está en tu camino, llegará cuando menos lo pienses. Mientras tanto, debes encontrar sentido a tu vida y desarrollar otros aspectos que te harán sentir feliz y completa.

Tener un hijo no es la única forma de trascender. Si hay algo que he escuchado muchísimo es eso de que si muero sin hijos, no habré dejado ninguna huella en la vida. Sin embargo, considero que la gente al morir es recordada por sus obras, por las enseñanzas que dejó en vida, por la gente que ayudó y por el empeño que puso en cada una de sus acciones. Probablemente yo no tenga hijos, o quizá sí, no está en mis planes aún y realmente no siento la necesidad, el “llamado de la naturaleza” o cualquier cosa que se sienta cuando estás a punto de dar ese paso. Pero estoy segura de que, aunque nunca llegue a ser madre, encontraré otra forma de ser recordada (¡quizá escriba algún día un libro!).

Revisar las razones adecuadas por las cuales convertirte en madre. Considero que ser madre es la decisión más importante que se puede tomar en la vida, porque de ti dependerá nada más y nada menos que el futuro de otro ser humano que no pidió venir. Si lo deseas y crees que asumirás correctamente esta responsabilidad, adelante. Pero si sólo lo haces por “no sentirte sola”, te recuerdo que los hijos, como toda la gente que está en nuestra vida, son prestados: Dios decide cuándo se van y cada ser humano forja su propio destino, así que por más hijos que tengas jamás podrás atarlos a quedarse contigo toda la eternidad.

No pretendas encontrar fuera, lo que no tienes dentro de ti. Esto es muy importante: si la única razón para tener pareja o hijos es porque así te sentirás menos sola, más querida o necesitada, estás en un grave error. El amor inicia contigo misma y si no lo tienes de sobra por ti, será muy difícil que lo encuentres en alguien más. No confundas la necesidad con el amor. El hecho de “necesitar” a una persona para enfocar en ella tu atención, no implica necesariamente que la ames.

Intenta mantener contacto con el mundo real y entablar lazos fuertes y duraderos, fuera de una relación de pareja. Estoy segura de que, aunque seas soltera, tienes amigos, familia, trabajo, escuela y todo un mundo de posibilidades para estar ocupada y entablar lazos duraderos que sean lo suficientemente satisfactorios como para descubrirte a ti misma y explorar todo tu potencial creativo. Disfruta al máximo todo lo que hagas y cada una de las etapas de tu vida, pues es de todos esos momentos de los que se construye una vida plena y feliz. Tampoco caigas en el error de, por el hecho de no estar con nadie, descuidar tu aspecto personal o tu salud: tú eres lo más importante y verte bien es fundamental para sentirte internamente bien.

Esto no es una biblia, ni una norma o una ley. Las líneas escritas anteriormente son simplemente el punto de vista de una servidora, quien ya recibió las suficientes críticas por su estado civil y gracias a ellas descubrió que más allá de lo que los cánones sociales nos dicten, se puede ser feliz sin necesidad de tener un “príncipe consorte”, aún a los 30. El secreto es muy simple: haz lo que te gusta y mantente abierta a todas las posibilidades. Quizá la vida te sorprenda… cómo quiera que esto sea interpretado.

Nos leemos (o escuchamos) muy pero muy pronto…

Un fuerte abrazo a tod@s...


Gracias por seguirme:

Todos los lunes, mi columna "Desde mis ojos..." en Letra Fría | Las noticias como son
También los lunes, escúchame en "Mujer Universa" por Tiempo Logístico | La voz del comercio exterior a las 7 pm (tiempo del Centro de México)
En Facebook, busca las páginas El diván de Elena y Mujer Universa y da click en "Me gusta"
En Twitter, sigue a mi cuenta personal @elenasavalza

sábado, 25 de febrero de 2012

La cereza del pastel... Por Elena Savalza


“Un día, cuando aún éramos amigos, me dijiste que tú te visualizabas viajando, trabajando o escribiendo, mucho más que casada y con hijos y una vida en pareja. Es por eso que no me pude decidir por ti, porque creo que jamás admitirías un compromiso…

No significa que no te quiera: te quiero mucho y quizá me arrepienta de esto, pero no me puedo arriesgar…”

Pareciera que pasó una eternidad desde que escuché esas palabras de la boca de un hombre del que me había enamorado. Hoy sé que no hace tanto tiempo, pero definitivamente, ya no duele como esa noche.

Recuerdo que eran las 2 am y no podía parar de llorar. Lo peor, fue que había muy pocas de mis amigas a quienes hubiera podido llamar para compartir la frustración que me originó escuchar lo que escuché. Así que terminé llorando sola y durmiendo poco, en una noche terrible.

El tiempo pasó y decidí intentar soltar: la situación, la persona, mis sentimientos y la confusión que me originó que todo eso me hubiese sucedido justamente a mí. Decidí esperar, dejar de actuar, dejar de hablar, ser paciente, no hacer nada más que concentrarme en perdonar; sobre todo, perdonarme a mí misma por no ser la mujer perfecta y porque con todo lo bonito que pudiera soñar para mí en cuanto a mi futuro profesional, no pudiera en ese momento y con esa persona, conjugarlo también con el hermoso cuento de hadas que, en el fondo, deseo tanto como cualquier otra mujer.

Decidí seguir adelante porque entendí que, por mucho que me hubiera gustado que las cosas fueran distintas, había una sola realidad: él estaba haciendo una elección y yo lo único que podía hacer era respetar sus razones, aunque no me parecieran justas o correctas. Finalmente, no estaba en mis manos hacerlo cambiar de opinión.

Antes de decidirlo traté de convencerlo de que, cuando le dije eso, yo no estaba enamorada y que el amor podría hacer cambiar muchas cosas, pero no fue suficiente. Parecía no haber vuelta atrás. Después de todo, el amor parecía no poder con cualquier obstáculo, como se dice en todas las novelas románticas…

Poco después, el aspecto profesional se acomodó para que pasara exactamente lo que ese día él utilizó como su argumento para no decidirse por mí. Todo lo que había querido que me sucediera, me estaba sucediendo. Nuevas oportunidades de viajes, trabajo que adoro, escribir para una publicación…

Pero por alguna razón, no podíamos dejar de vernos ni de estar en contacto el uno con el otro. Por más barreras y más negativas, había un “algo” que hacía que estuviéramos siempre conectados.

Sin embargo, él no estaba para mí al 100%.  ¿Por qué? No lo sé. Podría culparme y decir que tiene que ver con mi carácter o con mi manera de vivir. Podría justificar su decisión (o indecisión) con el miedo a que las cosas no funcionaran. Podría argumentar también falta de amor…

En fin,  justificaciones sobrarían, pero el caso es que él no estaba y no estaría por su propia decisión.

Fue allí donde entendí una de las grandes complicaciones de la vida de una mujer, al definir nuestras prioridades: el amor de un hombre como “la cereza que adorna el pastel” o el amor de un hombre como “el pastel completo”.

Yo tengo un “pastel completo”, se llama VIDA PROPIA. Este pastel está hecho de muchos ingredientes: mi familia, mis amigos, mi desarrollo profesional, mi salud, tiempo para hacer lo que a mí me gusta, mis sueños, mis deseos, mis creencias, mis propias metas y aspiraciones y la forma en que éstas se van materializando.  Mi energía se concentra en preservar y mejorar todo esto y el proceso me hace feliz.

Anhelo, sin embargo, que mi pastel tenga una cereza. Esa “cereza” es la relación de pareja con un hombre que pueda complementar el pastel, entendiendo que a estas alturas del partido, sería muy difícil arreglarme la vida, porque lo único que deseo es compartirla con él.

Un hombre que me empuje y a quien empujar. Un hombre con quien compartir nuestras metas conseguidas, nuestros sueños, aspiraciones y nuestras motivaciones diarias, sea todos los días una aventura digna de vivir.

¿Hasta dónde podemos llegar cuando nuestra necesidad de ser amadas y aceptadas se vuelve más fuerte que nuestro amor propio?

¿Confundimos a menudo la necesidad con el amor mismo?

¿Estaríamos de verdad dispuestas a borrar por completo nuestra esencia para convertirnos en la sombra de aquel con quien se supone debiéramos compartir nuestra vida, mas no entregársela?

¿De verdad el amor se trata de ver por los “ojos del otro” y borrar nuestra propia identidad por convertirnos en la mujer sumisa que, aún ahora, muchos asumen como modelo de virtud y perfección?

El amor se trata de compartir, lo sé. Pero… ¿Debo entregarlo absolutamente TODO y correr el riesgo de quedarme sin nada, e incluso, quedarme sin MI?

Se los dejo de tarea…

Gracias por continuar leyéndonos. Celebramos un año desde el inicio de este sitio y vamos por más…

Ahora más cerca de ti:

En Facebook, da click en “Me gusta” dentro de nuestra fan page Mujeres Adictas a los Monstruos.

En Twitter, sigue a @princesas_ind y a mi cuenta personal @elenasavalza.



viernes, 10 de junio de 2011

Monstruo #5: "Mientras Me Caso"... Por Elena Savalza

Hola a tod@s, me da gusto volver a saludarles y regresar con temas tranquilos y objetivos después de mis últimas entradas de aventuras intensas y locas, que de verdad, dejaron a mi corazoncito un tanto cansado.
Hoy quiero hablarles de uno de los “monstruos” más comunes para las mujeres en edad “de merecer”: estoy hablando del Monstruo MMC (Mientras Me Caso).
Imaginen a una pequeña Princesita, endiosada como todas, con los cuentos de hadas que Walt Disney magistralmente desarrolló para beneplácito de todas las aficionadas a las historias rosas (¡me súper incluyo!).
Esta Princesita, sabe que algún día llegará su Príncipe y que en ese momento es cuando su vida comienza.
Un día, la Princesita crece y se convierte en la Princesa, pero la ilusión por el “gran día” sigue permaneciendo en su cabeza.
La Princesita cumple 15 años y entonces, ya tiene la edad oficial para poder tener novio; es decir, comienza oficialmente la búsqueda por el Príncipe Azul.  Sí, ese ser que sabe que existe, que se lo ha imaginado muchas veces… pero del cual no tiene la menor idea de para qué lo quiere.  Solamente sabe, que mientras no esté con ella, su vida, su cuento de hadas particular, está a medio terminar.
Los años siguen pasando y la Princesa continua besando Sapos, de los cuales no logra romper el encanto para que se conviertan en Príncipe Azul; sin embargo, sabe que el Príncipe existe y que entre tantos Sapos, en algún momento habrá uno que, al darle su beso de amor incondicional, sufra una metamorfosis que lo lleve a convertirse en su tan anhelado Príncipe.
Este cuento de hadas pudiera tener varias historias alternas:
-          La Princesa encuentra a su Príncipe Azul, se casa y viven felices para siempre.
-          La Princesa no encuentra a su Príncipe Azul, por lo que decide entrar a la Universidad a estudiar la Licenciatura en MMC (Mientras Me Caso). Después de eso conoce por fin a su anhelado Príncipe y se olvida de todo lo que estudió para dedicarse a ser la amada esposa del Príncipe.
-          La Princesa decide esperar y dejar pasar su vida, por un Príncipe que nunca llega (seamos realistas, siendo más mujeres que hombres, a alguna nos va a tocar).
Estas historias, aunque con final diferente, tienen un punto en común:
Una Princesa que ESPERA  por un Príncipe




Así es. Desafortunadamente, aún en nuestros días, algunas mujeres se dedican a ser pasivas espectadoras de la vida, a la espera de que llegue alguien a cambiárselas. Y entonces pasa, que al creernos producto terminado, cuando ya tenemos un marido, nuestra vida se detiene: ya no tenemos ningún reto, ninguna necesidad de luchar por nada, porque en teoría, todo lo hemos conseguido.
Pero… de verdad ¿vale la pena posponer tu vida a la espera del “gran día” o detenerla por creer que ya no hay nada más que el matrimonio?              
No me declaro en contra del matrimonio, para nada. Sin embargo, si estás viviendo un “cuento de hadas” con alguna de las tres vertientes sugeridas arriba, quiero invitarte a reflexionar sobre esto:
  1. Define prioridades: Al hablar de definir prioridades, quizá debiera agregar entre estas dos palabras, la palabra “TUS”. Esto quiere decir que lo principal, es que sepas qué es lo  más importante para ti (no para tu mamá o tu papá, ellos ya eligieron en su momento). Piénsalo de esta forma: si tuvieras que ordenar por importancia las palabras “trabajo”, “familia”, “religión”, “amor”, “pareja”, “amigos”, “vida social”, “tener hijos”, “seguir estudiando”, entre otras, ¿cómo las acomodarías?
Cuando defines qué es lo más importante para ti, necesariamente tienes que cuestionarte sobre cada uno de estos aspectos en tu vida y decidir el orden de los mismos,  por TUS razones, no por lo que diga tu familia, la sociedad, la costumbre; si no porque de verdad, en ese orden piensas enfocar tus esfuerzos para conseguir lo que quieres en la vida.
Recuerda que “el que no sabe a dónde ir, cualquier camino es bueno”. La vida en pareja y la posterior integración de tu propia familia, es un proyecto demasiado importante como para considerarlo “cualquier camino”, ¿no crees?
  1. Experimenta la “autosuficiencia”: Evidentemente, uno de los principales aspectos de la autosuficiencia, es el económico y el moral. Sin embargo, no solamente hablo de eso:
Alguna vez cuestioné a una mujer muy cercana a mí, que estaba casada con un ejemplar nefasto de Sapo, sobre las razones por las cuales seguía casada con él. Su respuesta me dejó atónita: “es que si se me descompone el coche o se funde un fusible, él siempre se hace cargo”. ¡Por Dios! ¡Si los mecánicos y los electricistas también comen! Esto solamente me dejó la conclusión de que esta mujer no tenía ni la menor idea de lo que era ser autosuficiente, porque siempre le resolvieron la vida.
Ser una mujer autosuficiente, implica tomar tus propias decisiones y asumir tus propios riesgos. Es tener la convicción plena de que puedes valerte por ti misma.
Una mujer autosuficiente, elige casarse por amor y porque pretende a través del matrimonio y la vida en pareja, trascender contribuyendo a formar una sociedad mejor. Una mujer dependiente, ni siquiera elige, asume que así debe ser y se resigna, aunque ni siquiera sepa las razones por las cuáles tiene que ser así.
  1. Piensa en las razones válidas para casarse: Casarse es una de las decisiones más importantes de la vida. Y es mayor la trascendencia, porque involucra la convivencia con una persona completamente distinta a ti, educada de forma distinta, con otros valores y otros conceptos que pudieran diferir de los tuyos.
Esto puede ser una experiencia enriquecedora, pero al mismo tiempo, hay que tener ciertos aspectos en cuenta. Considero que uno de los principales es el “¿Por qué te quieres casar?”.
Si entre tus respuestas están algunas de las siguientes, piénsalo dos veces antes de dar el paso:
  • Porque sientes que “se te va el tren”, sobre todo si rondas los 30.
  • Para que te mantengan, porque ya no quieres trabajar
  • Porque ya no quieres vivir con tus papás.
  • Porque estás embarazada, aún cuando no estás segura de que lo ames.
  • Por presiones familiares
  • Porque estás aburrida de la soltería
  • Porque te sientes sola
Si encuentras cierta similitud entre las razones anteriormente mencionadas, con las tuyas actuales, puede ser que creas que necesites casarte, pero no que realmente quieras. Esa pequeña diferencia de conceptos, puede determinar todo tu futuro, así que debes discernir cuál es realmente tu caso.
Como dato adicional, te recomiendo la lectura de El Caballero de la Armadura Oxidada (Robert Fisher, Ed. Obelisco), sobre todo, la reflexión que realiza el autor cuando al Caballero se le cuestiona: “¿Habéis confundido la necesidad con el amor?”.
  1. Enriquece tu vida como persona: Independientemente de si eres soltera o casada, tu vida continúa como PERSONA, así que tienes la obligación contigo misma de seguir aprendiendo y seguir superándote, de ser cada día mejor en todos los aspectos.
Solamente reinventándote cada día e imponiéndote nuevos retos, harás de tu vida una aventura digna de vivirse, sin importar si tienes pareja o no. Además, cuando te mantienes ocupada y al pendiente de tus intereses, cultivando además tu parte intelectual y espiritual, logras convivir armónicamente con la persona más importante de tu vida: TU. Y si puedes convivir contigo misma, es mucho más probable que alguien más, hablando de pareja, también pueda hacerlo.
  1. Determina qué es lo que quieres de tu relación COMO PAREJA: Sí, ya sé que quieres ser “feliz para siempre” y que eso pasará en cuanto llegue tu Príncipe Azul. Pero, ¿realmente sabes qué es lo que comprende el concepto de “feliz para siempre”?
¿Has pensado en lo que estás dispuesta a ceder y en lo que esperas recibir? ¿Has pensado si estás dispuesta a dejar de ver a tus amigos, familia, irte a vivir a otra ciudad o país, si quieres postergar tus aspiraciones profesionales, quién va a hacerse cargo de los gastos de la casa, si quieres tener hijos, quién y cómo se harán cargo de su educación, qué va a pasar si les falta el dinero, bajo qué religión van a educar a su familia y tantos otros aspectos que hay que considerar para tener un futuro con el final de “felices para siempre”?
¡Ah verdad! ¡Eso no lo platican en los cuentos de hadas, pero es real! Este tema lo he ahondado en una entrada anterior, llamada El Príncipe Azul. http://mujeresymonstruos.blogspot.com/2011/03/el-principe-azul-por-elena-savalza.html
  1. Puedes ser soltera o casada, pero jamás eres “producto terminado”: El día que consideres que ya no tienes nada qué aprender, nada qué dar, nada qué mejorar, nada más qué hacer; ese día estarás espiritualmente muerta (aún cuando sigas respirando).
Siempre habrá algo bueno qué hacer por ti y por los demás. Es cuestión de abrir tu mente y tu corazón a nuevas posibilidades y experiencias.
No está mal querer casarse y formar una familia. Sin embargo, no te olvides que antes que ESPOSA o MADRE, eres una MUJER, y como tal, tienes mil posibilidades para crecer y trascender y muchas cosas por hacer y por aportar, independientemente de tu estado civil.
Si hoy fuera el último día de tu vida… ¿Lo querrías vivir en compañía del “Monstruo MMC”?
¡Yo creo que no!

Síguenos en Twitter como @princesas_ind También estamos en Facebook, busca Mujeres Adictas a los Monstruos, entra a la página y da click en "Me gusta".

viernes, 29 de abril de 2011

"Mis metas"... Por Elena Savalza

Hola a tod@s, espero que estén list@s para un nuevo día de trabajo, familia, vacaciones o qué sé yo…
Después de reconocer a mi último monstruo, me estoy tomando un break para reflexionar sobre él, pero la realidad, es que me han pasado muchas cosas buenas en estos días. Sin embargo, en cuestión trabajo ha sido una semana particularmente difícil, por lo que mi mente ha estado concentrada en esto y realmente no me ha dado tanto tiempo de escribir como quisiera, porque he llegado a mi casa con la cabeza en cualquier lado menos aquí.
Les cuento que, además, un buen amigo me ha estado impulsando para escribir sobre otros temas en el ámbito profesional, por lo cual mi concentración como “escritora” ha estado enfocada en esto. Ya pronto les estaré contando de esta nueva aventura.
Sin embargo, para no dejar de alimentar mi cabecita con cosas buenas y cumpliendo con el sagrado deber que adquirí desde que escribo para ustedes, el de “compartir”, les comparto este poema de Virginia Satir, que se titula Mis Metas, que espero les guste tanto como a mí …
Gracias por seguirnos leyendo y los dejo con Virginia Satir…


Mis Metas
“Quiero amarte sin aferrarme,
Apreciarte sin juzgarte,
Unirme a ti sin invadirte,
Invitarte sin exigirte,
Dejarte sin sentirme culpable
Y ayudarte sin ofenderte.
Si puedo obtener de ti el mismo trato,
Podremos conocernos verdaderamente
Y enriquecernos mutuamente…”