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sábado, 12 de enero de 2013

“¿Por qué no te has casado?” y otras preguntas incómodas de los 30’s... Por Elena Savalza


Advertencia a los lectores:

Si tienes una familia feliz y completa, estás casada y/o tienes hijos, tienes una pareja estable o eres hombre, probablemente creas que estoy exagerando. Pero si tienes 30 años o más, eres una mujer trabajadora y profesionalmente exitosa, pero tu estado civil y tu cuenta de Facebook le dicen al mundo que eres “Soltera”, estoy segura de que sabrás de qué hablo.

Es un hecho casi científicamente comprobado que, cuando tu vida profesional es más o menos prolífera, tienes la agenda más saturada que el Presidente de la República (pero sin su séquito de asesores y asistentes personales) y además intentas sacar adelante tus estudios, porque sabes que el aprendizaje no se detiene, mantener una relación amorosa (noviazgo, matrimonio o lo que quieras) y tener hijos, es una misión muy pero muy complicada. No digo que no se pueda, pues conozco a muchas mujeres que lo logran y que tienen una vida equilibrada entre el éxito profesional y su vida en familia; pero, sin temor a equivocarme, para la mayoría de las mujeres el pretender tener una vida laboral exitosa lleva consigo el llegar por las noches a casa y dormir en una cama vacía. Ese precio, no todas están dispuestas a pagarlo.

Afortunadamente, conozco cada día más mujeres que se atreven a tomar el riesgo y viven felices con lo que les deparó el destino, además de disfrutar sus logros. Piénsalo así: estadísticamente somos más mujeres que hombres, por lo cual es completamente lógico que alguna de nosotras quede soltera. Sin embargo, nuestro día a día aún nos impone el reto de romper un enorme paradigma: “Mujer Soltera” no es igual a “Mujer Sola”… y mucho menos “Mujer Infeliz”.

Preguntas como el “¿Por qué no te has casado?” o “¿Por qué no tienes novio?”, o comentarios como “Se te está yendo el tren”, “Por lo menos, ten un hijo para que no te mueras sola”, o “Métele velocidad porque la fecha de caducidad se te está acercando”, hacen que incluso a la más segura de las mujeres, le entre el pánico escénico por su futuro y caiga en fuertes depresiones o cometa errores como aceptar comportamientos inaceptables por parte de alguna pareja, sólo por creer que “no agarrarán más”. Créanme: conozco cada caso, que se sorprenderían de saber las cosas que llegamos a permitir por no pasar la “agonía” de la soledad.

Debido a todos estas interrogantes e ideas preconcebidas que, lejos de ayudar a la causa de las mujeres, hacen que de cuando en cuando nos sintamos más que miserables y hasta reconsideremos el “¿por qué?” de nuestra existencia en el planeta, me he dado a la tarea de compartir con ustedes, algunas reflexiones sobre el tema que, con bastante conocimiento de causa, puedo abordar hoy:


No te tomes tan en serio los comentarios de los demás. Recuerda que, aún en nuestro tiempo, se tiene la creencia de que la única realización posible para una mujer es casarse y tener hijos. Aunque nuestra incursión en el ámbito profesional ya es bastante bien recibida, no podemos negar que nos educaron (también a mi) para casarnos, tener hijos y formar una feliz familia. Es completamente normal que los que ya están de aquel lado nos digan a los que no, que nos “apuremos”, porque ya estamos en la recta final. El tener 30 años o más, y no tener pareja, no te convierte en una fracasada y tampoco tienes por qué justificar ante nadie ni tu soltería ni tu falta de descendencia. El amor y todas las cosas buenas del mundo, llega solo; siempre que estés abierta y receptiva para permitirles entrar a tu vida.

No querer casarte o tener hijos no te hace rara ni anti natural. ¡Para nada! Simplemente en la vida de todo ser humano existe una escala de prioridades, si entre las tuyas no figura el matrimonio o la familia en primer lugar, apégate a lo que para ti funcione y te haga feliz, sin pensar en lo que “la naturaleza” dicta. Después de todo, nadie puede criticar qué es lo correcto o lo incorrecto. Para mí es muy simple: lo correcto es lo que te hace feliz y las únicas prioridades que debes cumplir son las tuyas.

Rodéate de gente exitosa y positiva. Hay gente cuya mente siempre está activa y productiva y en sus pensamientos y palabras no existe espacio para amargar la vida de los demás, lejos de eso, se dedican a mejorar todo lo que tocan a su alrededor. Esa es la gente de la cual debes rodearte y de la que debes procurar aprender.

No te conformes con la primera “carcacha destartalada” sólo porque creas que “ya se te fue el tren”. Eso es un error más que común: a veces creemos que la persona que está a nuestro lado, por más imperfecciones, por peor que nos trate o por más cosas inaceptables que haga y que nos duelan, es lo único que hay para nosotras y por más que el día a día nos diga que debemos alejarnos de allí, el temor de quedarnos solas nos hace permanecer e incluso engañarnos con el “mi amor lo va a cambiar” o “no es tan malo como la gente dice”. La gente no cambia sólo porque sí. Estoy segura de que es mucho mejor estar sola, que estar acompañada de alguien que no te respeta ni te valora.

No vivas esperando al hombre perfecto, pero establece una métrica de lo que puede ser aceptable y no te bajes de allí. Muchas mujeres creemos que el tan ansiado príncipe azul de tus cuentos de hadas de la infancia todavía llegará. Si tienes por lo menos mi edad, ya sabes que eso no sucederá. Has conocido los suficientes hombres como para por lo menos identificar qué es lo que esperas en una relación. Establece esa escala y determina cuáles aspectos podrías negociar sin sacrificar tu integridad propia. Pero lo más importante: no permitas comportamientos o actitudes inaceptables, sólo porque creas que no puedes esperar más. Ese hombre bueno que estás esperando, si es que está en tu camino, llegará cuando menos lo pienses. Mientras tanto, debes encontrar sentido a tu vida y desarrollar otros aspectos que te harán sentir feliz y completa.

Tener un hijo no es la única forma de trascender. Si hay algo que he escuchado muchísimo es eso de que si muero sin hijos, no habré dejado ninguna huella en la vida. Sin embargo, considero que la gente al morir es recordada por sus obras, por las enseñanzas que dejó en vida, por la gente que ayudó y por el empeño que puso en cada una de sus acciones. Probablemente yo no tenga hijos, o quizá sí, no está en mis planes aún y realmente no siento la necesidad, el “llamado de la naturaleza” o cualquier cosa que se sienta cuando estás a punto de dar ese paso. Pero estoy segura de que, aunque nunca llegue a ser madre, encontraré otra forma de ser recordada (¡quizá escriba algún día un libro!).

Revisar las razones adecuadas por las cuales convertirte en madre. Considero que ser madre es la decisión más importante que se puede tomar en la vida, porque de ti dependerá nada más y nada menos que el futuro de otro ser humano que no pidió venir. Si lo deseas y crees que asumirás correctamente esta responsabilidad, adelante. Pero si sólo lo haces por “no sentirte sola”, te recuerdo que los hijos, como toda la gente que está en nuestra vida, son prestados: Dios decide cuándo se van y cada ser humano forja su propio destino, así que por más hijos que tengas jamás podrás atarlos a quedarse contigo toda la eternidad.

No pretendas encontrar fuera, lo que no tienes dentro de ti. Esto es muy importante: si la única razón para tener pareja o hijos es porque así te sentirás menos sola, más querida o necesitada, estás en un grave error. El amor inicia contigo misma y si no lo tienes de sobra por ti, será muy difícil que lo encuentres en alguien más. No confundas la necesidad con el amor. El hecho de “necesitar” a una persona para enfocar en ella tu atención, no implica necesariamente que la ames.

Intenta mantener contacto con el mundo real y entablar lazos fuertes y duraderos, fuera de una relación de pareja. Estoy segura de que, aunque seas soltera, tienes amigos, familia, trabajo, escuela y todo un mundo de posibilidades para estar ocupada y entablar lazos duraderos que sean lo suficientemente satisfactorios como para descubrirte a ti misma y explorar todo tu potencial creativo. Disfruta al máximo todo lo que hagas y cada una de las etapas de tu vida, pues es de todos esos momentos de los que se construye una vida plena y feliz. Tampoco caigas en el error de, por el hecho de no estar con nadie, descuidar tu aspecto personal o tu salud: tú eres lo más importante y verte bien es fundamental para sentirte internamente bien.

Esto no es una biblia, ni una norma o una ley. Las líneas escritas anteriormente son simplemente el punto de vista de una servidora, quien ya recibió las suficientes críticas por su estado civil y gracias a ellas descubrió que más allá de lo que los cánones sociales nos dicten, se puede ser feliz sin necesidad de tener un “príncipe consorte”, aún a los 30. El secreto es muy simple: haz lo que te gusta y mantente abierta a todas las posibilidades. Quizá la vida te sorprenda… cómo quiera que esto sea interpretado.

Nos leemos (o escuchamos) muy pero muy pronto…

Un fuerte abrazo a tod@s...


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martes, 4 de septiembre de 2012

De las galletas de la suerte y otras lecciones del tercer piso... Por Elena Savalza


Comía en un restaurante japonés de la Ciudad de México, en mí más reciente visita, unos días antes de mi cumpleaños. Estaba sentada, nada más y nada menos que del lado izquierdo del “amorcito platónico” del que les conté hace algunas entradas. Entre bromas, kushiages, sushi y salsa de soya, contemplaba de perfil los preciosos ojos verdes que me siguen trayendo medio loca, por más esfuerzos que hago por no recordarlos y que me siguen arrancando la misma sonrisa estúpida al recordarlos mientras escucho su voz por teléfono, aunque sea sólo para checar avances en el único asunto en común que tenemos (hasta ahorita): el trabajo.

Al terminar de comer y pedir la cuenta, el Mesero nos acercó a todos (¡Ups! Casi lo olvido, pero además de nosotros había 3 comensales más en mi mesa) una galleta de la suerte. Todos abrimos nuestra galleta y uno a uno leyeron el mensaje que venía al interior. Mi sonrojo fue enorme al abrir mi galleta y sacar mi mensaje:

“No confundas tentación con oportunidad”


¡Vaya, vaya! ¡Ni siquiera lo leí en voz alta! ¿Comía a un lado de la “tentación”? ¿Tenía a mi lado una “oportunidad”? No lo sabía, pero sí sé que cuando leyó mi mensaje, taladró con su mirada la mía, sonrió de manera cínica y dobló el papelito para regresármelo de inmediato. Desde ese día, no he dejado de pensar en el mensaje que encerraba esa frase.

Siempre he creído que las oportunidades se presentan sólo a quienes son lo suficientemente receptivos para interpretar las señales que las acompañan. Muchas veces, el éxito en cualquier aspecto de la vida depende de la preparación, la disciplina y el esfuerzo constante que rendirán frutos justo en el momento correcto o en el “oportuno”, siempre que sepamos identificar cual es este. Pero… ¿y las tentaciones? Supongo que esas siempre están allí, intentando distraer nuestra atención y desviarnos del camino trazado hacia nuestras metas. A lo mejor ni siquiera es tan malo caer en ellas, porque estoy segura de que siempre significarán un aprendizaje. Seguramente nuestro camino sería más rápido sin estos obstáculos, sin embargo, no cambiaría por nada algunas tentaciones en las que he caído en mi vida. Sólo sé que ahora todo aquello, tentación u oportunidad, forma parte del camino escalado y aprendido durante los “3 pisos” que forman parte del almanaque de recuerdos y experiencias de mi vida.

Y así, desde el balcón de mi “tercer piso”, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones con las que inicio mi nueva década:


Permite que te alcancen las cosas indicadas, dejando de perseguir las equivocadas. A veces nos aferramos tanto a las cosas que creemos correctas que la perseverancia se vuelve obstinación. En este tiempo he aprendido que es una habilidad absolutamente necesaria, casi vital, el aprender a soltar las riendas de vez en cuando. Sólo permitiendo que la naturaleza y la energía propia de la vida hagan su parte, es que lo bueno y lo necesario para nosotros podrá alcanzarnos. El resultado seguramente valdrá la pena.

Ser soltera es una maravillosa oportunidad de enamorarte de alguien más: de ti misma. A mis 30 años he conocido el amor y el desamor, la alegría de la vida en pareja, el romance de quien recién comienza una relación, la miel, las palabras cursis y tiernas, los detalles románticos, las serenatas, peluches, flores y hasta uno que otro anillo (¡aunque no lo crean!). Sin embargo, es justo ahora cuando valoro a la primera persona que debí amar desde siempre y que sé que me acompañará por el resto de mi existencia. En mis mejores momentos y en los peores: YO soy todo lo que tengo y estoy feliz por ello.

Amar lo que haces e imprimir pasión en ello, es una llave segura hacia el éxito. Creo que no hay persona con mejor fortuna que aquélla que puede levantarse todos los días y salir a “trabajar” sin sentir que lo hace. Me considero una de ellas y eso me hace sentirme maravillosamente bien. Tengo un trabajo útil, que me permite involucrar mi creatividad, que trasciende y con el que puedo influir en otras personas y que, a corto o a largo plazo, me regala todos los días gratificaciones tangibles: sólo por eso, independientemente del beneficio económico, debo considerarme exitosa porque no cualquiera puede presumir amar lo que hace.

No dejes de bailar porque no sea bien visto. Y tampoco dejes de reír, ni de gritar, ni de hacer todo lo que te haga feliz porque alguien más diga que no es correcto. La felicidad está hecha de pequeños instantes y de pequeñas locuras. Al final del camino, estos pequeños chispazos de alegría y de rebeldía serán los que te den fuerzas en los momentos difíciles. La única persona a quien debes complacer es a ti mismo.

Cuando te pierdas, vuelve al principio. Siempre tendrás la oportunidad de volver a empezar, no importa las veces que te equivoques.  La vida es una serie de ciclos que deben ser cerrados. Unas veces estamos abajo y otras veces arriba, al centro o a los lados, porque la vida es así y el cambio es lo único constante. En el camino siempre podemos equivocarnos, desviarnos o extraviarnos. Esto no es el fin del mundo si aprendes las lecciones que en cada paso y en cada obstáculo la vida tiene para ti. Siempre, por más bajo que se caiga, hay una oportunidad de levantarse y por más lejos que se llegue en dirección equivocada, con fe y voluntad podemos retomar el camino correcto.

Cuando tu cabeza no pueda decidir, sigue a tu corazón.  Suelo pensar y buscar  alternativas para todo, los pros y los contras. A veces me agobio tanto que nunca sé que es lo correcto. En los últimos meses, sin embargo, he practicado el seguir a mi corazón. ¿El resultado? Soy menos perfecta, pero mucho más feliz.


Hoy les dejo estas líneas como bienvenida, en espera de descubrir las sorpresas y experiencias que esta etapa recién iniciada seguro tiene para mí.

¡Gracias por seguirme leyendo y hasta pronto!


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miércoles, 8 de junio de 2011

Monstruo #4: La presión por la delgadez extrema... Por Elena Savalza

Hola a tod@s, ¡Qué gusto saludarles de nuevo desde este espacio!
Quiero hablarles de un Monstruo con el que sé que muchas de ustedes, mujeres, se sentirán identificadas; y, del que no está de más que ustedes hombres, que nos hacen favor de leernos, se enteren de qué forma puede afectar la vida de una mujer y, que en lo posible y sin importar lo que Shakira diga, cuando mueve su escultural cuerpo en el nuevo video de Rabiosa (no apto para anoréxicas en recuperación), traten de ser comprensivos con nosotras si de pronto no cumplimos con ese prototipo de perfección.
Estoy hablando del Monstruo de: “La presión por la delgadez extrema”.
Si alguien puede hablarles de este Monstruo con todo conocimiento de causa, soy yo. Crecí en una familia donde, por el lado de mi mamá, la genética bendijo a mi abuela materna (q.e.p.d.) y a mis tíos con un cuerpo delgado. Sin embargo, por el lado de la familia de mi papá, absolutamente todos heredaron la tendencia a la obesidad de mi abuela paterna (q.e.p.d.), junto con una amplia colección de enfermedades relacionadas con la misma (diabetes, hipertensión arterial, problemas cardiacos, etc.).
Con esta mezcla de genes, en mi familia se dio una curiosa “alternancia”. Somos 9 hermanos y mis papás se las ingeniaron para traernos al mundo en parejita: es decir, primero tuve 2 hermanos, después 2 hermanas, después 2 hermanos, después nací yo y me siguió otra hermana y al final, mi hermano menor. Pero lo chistoso de esto, es que en cada una de las “parejitas” había un “gordo” y un “flaco”, como mi mamá decía.
En la parejita formada por Isabel, mi hermana menor, y yo ¿adivinen a quién le tocó cargar toda su vida con la etiqueta de “gorda”?... ¡A mí!
Sabemos, que todo lo que los niños pueden tener de hermosos y maravillosos, también lo pueden tener de crueles, cuando su creatividad está mal enfocada. Así que, desde muy pequeña me tocó padecer las burlas e infinidad de apodos por esta situación. Sí, entre otras “linduras”, nunca me dejaron usar la bicicleta “para que no la fuera a romper” (y hasta la fecha no sé andar en bicicleta, ¡ups!), o por ejemplo, una vez mi hermano se fracturó el hombro jugando en un resbaladero y todos me dijeron que había sido “porque yo le caí encima”. Fue tremendo para mi, que tan solo tenía 4 años, ver llorar de dolor a mi hermano de entonces 10 años por el dolor de la fractura. Me sentía verdaderamente culpable, porque en efecto, accidentalmente yo caí encima de él, pero de ninguna forma podría haber causado la lesión que él tenía en ese momento.
A la edad de 7 u 8 años, era tan consciente de mi “gordura”, que ¡me ponía a dieta yo sola! Imaginen a una niña de esa edad, matándose haciendo ejercicio y suprimiendo a su manera, la tortilla, las grasas y buscando los pocos productos bajos en grasas que en esa época había. Es cruel, pero desafortunadamente, eso les hacemos a nuestras niñas infinidad de veces al ponerles la etiqueta de “gorda”, sin enseñarlas a llevar una vida sana.


Elenita creció y se convirtió en Elena, pero nunca pudo alcanzar el estándar autoimpuesto, no solamente por la estilizada figura de sus hermanas, que comían y comían sin engordar ni un gramo; si no que, ahora, era consciente de que en el mundo existían mujeres como Claudia Schiffer, Naomi Campbell o Cindy Crawford, que eran las top models más famosas de su época de secundaria y que se veían divinas en esos cuerpos delgados.
Si bien, siempre tuve suerte con los chavos, nunca me sentí completamente segura de gustarles de verdad, me costaba mucho trabajo creer que mi cuerpo de verdad les atrajera. Pero lo peor fue, cuando conocí a mi novio de toda la universidad.
Él provenía de una familia donde todos eran muy delgados y físicamente muy agraciados. Y, para colmo, él tenía una hermana hermosísima y súper delgada que era su adoración. Por lo cual, ahora la competencia no era solamente con mis hermanas y con las chicas de la pasarela, sino también con mis cuñadas.
Entonces, la presión sí se volvió insoportable.  Pero agravó cuando salí de la universidad y me di cuenta de que en el ámbito laboral, él tenía que convivir con muchas mujeres muy guapas.
¿La consecuencia?... comenzó una incesante guerra por la delgadez. Me mataba de hambre, me mataba haciendo ejercicio, escogía la ropa cuidadosamente para que ni un solo rollito de grasa corporal asomara por fuera del pantalón o de la blusa, jamás me permití rayas horizontales ni prendas claras en la parte baja.
Llegué al grado de auto medicarme con toda clase de sustancias para quemar grasa o inhibir el apetito. Sustancias que, ahora, sé que están prohibidas por la FDA y que muchas ya hasta las sacaron del mercado mexicano por ser altamente dañinas para la salud.
Me moría de pavor de pensar siquiera en ver a su familia o a la mía y que me dijeran: “¿estás engordando?” (De hecho, aun me sucede a menudo). Todo mi mundo giraba alrededor de verme súper flaca y aún así, no conseguía ser tan flaca como mis hermanas o las top models. Jamás pude ponerme una talla 5 porque mi complexión natural no es para talla 5, pero la talla 7 llegó a lucir verdaderamente horrible en mi cuerpo, porque… no la llenaba; y mejor ni les platico de las veces que me preguntaron si tenía cáncer, SIDA o usaba drogas.
Cuando terminé con él, la costumbre se quedó tan arraigada, que repetí el patrón de comportamiento con el resto de mis galanes: tenían una novia flaca, una Barbie hueca. Incluso, en una ocasión, bajé de peso tan drásticamente que deje de menstruar por 2 periodos seguidos y hasta creí que estaba embarazada.
Hace más de 2 años la historia cambió: tuve un acontecimiento personal muy fuerte, algo que me hizo entender que ser flaca no te abría las puertas, ni del éxito ni del amor: tuve dos pérdidas demasiado fuertes en el terreno sentimental y laboral.
Sin embargo, en ese momento no estaba en condiciones mentales y espirituales de lidiar con el dolor que eso significaba, así que enfoqué de forma negativa el liberarme de la presión por ser delgada. Para colmo, al comenzar un poco de estabilidad en el terreno personal y laboral, me empecé a atiborrar de trabajo;  así que comía mal, descansaba mal y no hacía nada de ejercicio, por lo tanto mi problema se agravó y subí muchísimo de peso.
Hoy las cosas son distintas: sé que el ser extremadamente delgada no te soluciona la vida, sé que hay cosas más importantes que un cuerpo bonito y me he dedicado más a cultivar mi parte intelectual, profesional y espiritual.
También sé que si bien, la apariencia física cuenta, el amor y la amistad verdaderos, van mucho más allá de un cuerpo bonito.  Mi familia me quiere aunque sea “la gorda”, como mi papá sigue diciéndome.
Veo mis fotografías de cuando era súper flaca y no me reconozco.  De hecho, ahora que lo pienso ni siquiera disfrutaba serlo y jamás aprecié mi figura estilizada. Aún ahora mucha gente me pregunta sobre mis épocas de “flaca”, como si hubiera sido un crimen haber engordado (y como si me hicieran un favor al recordármelo), sin saber lo que había detrás de la Barbie.
Pero, como a mis casi 29 años ya tengo la madurez suficiente de “disfrutar” verme bien por MI, por mi salud y por mi autoestima, sin importar el estándar que la moda, mi familia o algún galán impongan; decidí volver a bajar de peso, de una forma racional y consciente. Me puse en manos de una profesional, estoy cambiando de hábitos, volviendo a hacer ejercicio y disfrutando el proceso de volver a ser una Barbie…
Tengo una semana en el programa y me siento muy bien, además, ya perdí casi 4 kilos… ¡y vamos por más!
Puedo perder “peso”, pero ya no pierdo “piso”. Ya sé que ser “flaca” no es lo más importante. Ya sé que si consigo un aumento o un ascenso, no será por mi cuerpo si no por mi preparación y dedicación. Ya sé que si un galán se queda conmigo o no, no será por mi figura de Barbie, si no por muchos otros factores que sorprendentemente, a veces nada tienen que ver con la atracción física. Y también sé, que lo que más importa es que mi mente esté sana y yo me sienta en paz y en armonía con mi interior, porque esa actitud y esas ganas de vivir, las reflejo al exterior y son las que me hacen ser tan atractiva como ya soy, independientemente de los kilos que (todavía) me sobran.
Hoy soy consciente de que tengo tantas cosas buenas qué dar, que no cabrían en un pantalón talla cero y que lo mejor de mí, no está en mis caderas ni en mi cintura.
Es estético y agradable a la vista ver un cuerpo bonito, pero no lo es todo.  Es fantástico verte al espejo y que te devuelva una sonrisa de aprobación, porque a todas nos gusta sentirnos bonitas y que nos volteen a ver. Por lo menos yo, me declaro fanática de la atención.
Con el tiempo, inevitablemente el cuerpo se arruga y se vuelve flácido, la grasa le gana al músculo, nuestro metabolismo se vuelve lento y nuestro cuerpo envejece sin remedio; pero lo que pongas en tu mente y en tu corazón, permanece siempre contigo y es tu mejor carta de presentación.
Así que, chicas: ¡A quererse mucho, sentirse bien consigo mismas y a mantener una actitud positiva, ya que esa es la mejor rutina de belleza!

miércoles, 23 de marzo de 2011

APRENDIENDO... Por Elena Savalza

Hola ¿cómo están?... Supongo que recuperándonos del puente, como todos…
Quiero empezar esta semana de escritura (sí, ya sé que es miércoles, pero como no les he escrito, voy empezando semana) haciendo una confesión: estoy padeciendo algo así como sequía lingüística.
Así es. Escribir sobre el Príncipe Fugitivo me dejó mental y emocionalmente más agotada de lo que hubiera querido, al grado de que me ha sido muy difícil escribir en estos días, simplemente, he venido huyendo de cualquier cosa que signifique “meterme dentro de mí”.
Pero bueno, como cualquier otro mal, esto no debe durar para siempre. Así que poniéndome en sintonía y ánimo para mi pronta recuperación, me puse a pensar un poco sobre el aprendizaje reforzado, compartido y recibido, en mis últimas entradas; asumiendo que de todo esto, lo mejor y más rescatable es precisamente el poder haber aprendido a lo largo de los años, todo lo que ya les platiqué y el haberme liberado de uno de los peores mounstros que conozco: la culpa…
Estaba en eso, cuando recordé este texto, que creo que explica exactamente lo que quiero decirles en este momento. Así que, sin más preámbulos, se los comparto, a la espera de que mi sequía lingüística termine hoy, porque creo que “aun tengo mucho que aprender” y mucho que contar….

Yo, que creí saber tanto respecto a relaciones amorosas, últimamente, sin querer y sin darme cuenta, en medio de un amor y otro, observando mis experiencias, mis aciertos y sobre todo, mis errores, he visto que en materia de amor, aun me falta tanto por APRENDER... por ENTENDER... por CAMBIAR... por CORREGIR... por ACEPTAR... por MEJORAR...


DEBO APRENDER que enamorarme no es obsesionarme ni irme a los extremos.

DEBO APRENDER que no debo poner toda la motivación de mi vida en una persona.

DEBO ENTENDER que no se debe rogar amor y que una relación de pareja no es para vivir angustiado.

DEBO APRENDER que si pretendo tener una relación de adulto, debo comportarme como tal.

DEBO ACEPTAR que en el amor, como en cualquier otra cosa de la vida, existen los tropiezos, las caídas y los dolores, y el miedo lo único que hace es dificultar más las cosas.

DEBO APRENDER que no es bueno sobrevalorar, endiosar, ni idealizar a nadie. Porque todos somos humanos, y no debo esperar de mi pareja más de lo que puedo esperar de un ser humano.

DEBO APRENDER que es bueno ser como soy, siempre y cuando eso no implique irrespetar a quien esté conmigo.

DEBO ACEPTAR que en algunas ocasiones es necesario pasar por un gran dolor para conocer una gran felicidad, ya que a veces el suelo del fondo es el más apto para brincar.

DEBO TENER PRESENTE que el sentir algo hoy, no implica que lo sienta mañana, y así como me permito disfrutar, también debo permitirme llorar, ya que el dolor es parte de la vida, al igual que el placer.

DEBO ENTENDER que la comodidad que me brinda la rutina es falsa, porque la vida está en constante cambio, por eso es necesario aprender a tolerar la inseguridad natural que se maneja en la vida cotidiana.

DEBO ACEPTAR que los planes pueden desaparecer en un instante, porque el futuro se mueve como él desee y no como a mi me de la gana. Si éste me permite hacer algunas cosas sobre él, debo estar agradecido y no lamentándome por todo lo que no pude hacer.

DEBO ACEPTAR que alrededor del amor, la sociedad ha creado muchas cosas que son un fraude. Por eso debo dejar de volverle la cara a la verdad sólo por seguir en una falsa comodidad o por miedo al dolor. Si la vida me demuestra que aquello en lo que puse mi corazón es una mentira, debo aceptarlo; llorando, desahogándome y renaciendo como la nueva persona que seré.

DEBO MEJORAR mi autoestima... 

Para que la partida de quien quiero no me haga sentir despreciado, humillado o rechazado.

Para no ser tan sensible al abandono...

...para que no hiera mi ego....

...para no terminar creyendo que me dejaron por feo o por tonto... 

...para poder aceptar que simplemente funcionó el tiempo que tuvo que funcionar.

Para no arrastrarme poniéndome de alfombra a los pies de nadie. 

DEBO ACEPTAR que a quien le agrado hoy, no es seguro que le agrade mañana. Y eso no tiene porqué ofenderme si lo acepto... 

Si acepto que a veces las personas no pueden dar más.

Si acepto que quien esté conmigo tiene derecho a no estarlo... y a que yo ya no le guste. 

Si acepto que quien amo, tiene derecho a tomar sus propias decisiones... aunque a mi no me satisfagan.

DEBO RECORDAR que a veces, lo bueno se obtiene esperando y presionando se arruina. Por eso es necesario tener paciencia, esperar tranquilamente y RECORDAR...

Que la impaciencia es producto de un impulso emocional que tal vez pronto pasará.

Que la impaciencia asfixia a quien está conmigo.

Que la presión se puede convertir en irrespeto. 

Que tomar una decisión mientras estoy impaciente es peligroso, porque estoy influido por un estado emocional extremo y pierdo toda objetividad, ahí no va mi verdad, va mi impulso, mi compulsión, y podría hacer algo de lo que me arrepienta.

Además, si soy paciente no veré como sufrimiento el tiempo que estoy en espera.

DEBO APRENDER a no ser posesivo. El que alguien se vaya no es perder una pertenencia que me gustaba mucho. Mi pareja no es mía, es prestada, y “su dueño” tiene derecho a llevársela cuando desee. Y aunque “ser dueño” de alguien brinde más seguridad que tenerlo prestado, debo entender que eso es una ilusión. Aunque crea que es mía, no lo es, por lo tanto...

No puedo decidir sobre la vida de quien esté conmigo.

No puedo esperar que haga sólo lo que yo desee.

No puedo controlarle, manipularle, adueñarme de ella, ni controlar su destino. 

No debo reclamarle a la vida porque me quitó lo que me prestó.

Pero sobre todo... DEBO APRENDER... QUE NUNCA DEJARÉ DE APRENDER, y que mientras continúo aprendiendo, debo permitirme vivir y sentir. 


Y ahora, que me empiezo a recuperar de los dolores que sufrí gracias a que ni siquiera había aprendido que había mucho que aprender, lo único que me queda es, tomar un gran suspiro y decirme a mí mismo...

¡Bueno amigo... volvamos a empezar!

miércoles, 9 de marzo de 2011

RESCATANDO PRINCESAS... Por Elena S.

Desde que escribí la entrada Reingeniería de Princesas, programé en la alarma de mi celular (sí, ese infernal ruidito que me despierta siempre pasadas las 6:00 a.m.) un texto que refleja lo que quiero que sea mi primer pensamiento en el día: “Reinvéntate hoy”.
Estas dos palabras, me recuerdan la responsabilidad que tengo conmigo a lo largo de las próximas 24 horas. Esa responsabilidad es  R E I N V E N T A R M E.
Deletreo la palabra “reinventar” porque quizá algunas pregunten: “¿cómo te puedes reinventar, si siempre eres tú?”
Pues bien, seguramente cuando vieron el título de esta entrada, algunas quizá se hayan imaginado a una princesa en apuros, encerrada en una torre por una bruja malvada y a un príncipe (guapérrimo, ¡obvio!), montado en su caballo blanco con una tremenda espada, dispuesto a escalar cualquier torre para rescatar a la débil e indefensa princesa, ¿verdad?
Pero ¿qué creen?... ¡Nooooo!... ¡Para nada!
Sin embargo, este pequeño extracto de cuento de hadas que parodiamos en el párrafo anterior, podría ser que no estuviera tan alejado de la realidad: me refiero a la Princesa Prisionera que todas tenemos dentro, encerrada entre nuestros propios miedos y nuestras propias limitaciones. La buena noticia de esto, es que, esos miedos y limitaciones existen en nuestro interior. Al ser producto de nuestra imaginación, nuestra educación y nuestras experiencias, somos las únicas que podemos tomar la espada y erradicarlos para rescatar a nuestra Princesa. Algunos pequeños tips que a mí me funcionan para rescatar a “La Princesa Elena”, se los describo a continuación:
  1. No permitirme salir a la calle sin maquillaje: Les parecerá algo muy vano probablemente, pero, es insustituible para mi estado de ánimo el tomarme mi tiempo para maquillarme cuidadosamente, tomando mi taza de café. Les puedo asegurar que, cuando suena la alarma y me llega la sensación de “5 minutos más, por favor”, el recuerdo del sabor del café y la rutina de maquillaje, hace que la flojera desaparezca en forma instantánea. Además, el darte tiempo para ti, refleja el amor que sientes por ti misma.  A lo largo del día, das mucho de ti a los demás ¿no crees que te mereces que el primer momento del día sea para ti?
  2. Agradecer a Dios por el nuevo día: Damos la vida por sentada, pero realmente, el estar vivos otro día es un regalo de nuestro Dios. Podemos pedirle y suplicarle que nos ayude y que nos guíe, sobre todo cuando estamos en dificultades. Pero funciona mejor, darle gracias por anticipado por los favores que recibirás en este día. Eso te mantiene más receptiva para que las mejores cosas te sucedan.
  3. Aprender algo nuevo: Puede ser tan simple como preguntarle a tu compañero de al lado como hace tal o cual cosa, o como meterte 5 minutos a internet e informarte de las noticias o algún artículo interesante.  Aunque siempre realicemos la misma actividad, tu día no tiene que ser tan rutinario si te das un poquito de tiempo para hacer algo nuevo por ti.
  4. Compartir: Desde que se nos ocurrió la idea del blog, junto con Ámbar y Wendy, no hay día que no haya aprendido cosas nuevas. Simplemente, el hecho de escribirles aquí me obliga a leer más. Además, a través de compartir con ustedes mis choco aventuras y locas ideas, he aprendido mucho de mí misma, cosas que de verdad, antes ni siquiera hubiera imaginado.
Y bueno, para darle un mayor sentido a la palabra “compartir”, quiero despedirme de ustedes compartiendo un fragmento del libro “Dios mío, hazme viuda por favor” de Josefina Vázquez Mota. Dicho sea de paso, es uno de los mejores libros que he leído acerca del desafío de desterrarnos de nuestros miedos y redescubrirnos como mujeres, por lo cual es una lectura altamente recomendable de la que probablemente sea la primera Presidenta mujer en nuestro México querido (ya se “destapó” como pre candidata, a ver que tal le va).
Quiero ser viuda:
Del miedo a ser yo misma.
De todo aquello que me impida el ejercicio de mi libertad.
Del activismo sin razón.
Quiero ser viuda:
De la soledad.
De los rencores y resentimiento
y de la arrogancia de pensar que poseo la verdad.
Viuda:
de los prejuicios que me limitan
para aprender y disfrutar de mí y también de los demás,
del desamor, la indiferencia
y el hastío de vivir
Viuda del olvido de Dios,
porque es reconfortante y prometedor saber
que gracias a tu infinito amor,
haga lo que haga y
esté donde esté
siempre puedo volver a Ti
Como siempre, fue un placer escribir estas líneas. ¡Gracias por seguirnos leyendo y hasta la próxima!