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jueves, 16 de junio de 2011

Los extremos rompen más el corazón... Por Fernanda Vieyra

Muchas veces me pregunte por qué Jimena, mi amiga - hermana mexicana tenia tan mala suerte con los hombres.  Si bien, me he cruzado con decenas de estúpidos en mi vida, siendo ya una mujer grande las cosas se tornan algo más difíciles y una se pone algo más exigente. Pero ella es perfecta: joven, dulce, hermosísima, cariñosa, atenta y muy inteligente y aun así  siempre se cruza con cabrones mal paridos que la dejan con el corazón roto y lágrimas para regar los jardines del Palacio de Versalles.
Fue en uno de esos momentos de pensamiento vagabundo, cuando empecé casi sin darme cuenta a comparar a los hombres mexicanos (al menos los que yo conozco) con los argentinos y me di cuenta que quizás el efecto de los chicos del norte sea más devastador por la siguiente razón: son más bipolares.
Los argentinos son, en su mayoría, mucho menos demostrativos, efusivos y cariñosos que los del resto de Latinoamérica. He tenido novios chilenos, he coqueteado con colombianos, venezolanos y mexicanos, y definitivamente éstos son mucho más espontáneos en sus demostraciones de afecto, más latinos.
En cambio el argentino es más creído, más soberbio y por lejos, más frío y menos atento. Entonces cuando empiezan a portarse como cabrones, pues no es sorpresa. Todo les "pasa por pelotas", nosotras somos las dramáticas, las que tomamos todo muy a pecho, las que recordamos todos. Ellos son “Buda en la Montaña”.
En cambio los mexicanos (vuelvo a ellos por mi amiga) son absolutamente cariñosos ¡hasta empalagar!... mientras les dura.
Te escriben unos mensajes que a mí me hicieron preguntar más de una vez: "¿estará ebrio?" y parecieran no tener vergüenza de mostrar su sensibilidad en público etc. Perooooo... (SIEMPRE HAY UN PERO) cuando estas espasmódicas muestras de afecto hacen cortocircuito (generalmente cuando ya te tienen en su manita)… ¡Plop! aparece el presumido y frio que al grito de "¡te calmasssssss!" te deja con la palabra en la boca y las glándulas lagrimales al borde del estallido.

Es por eso que duele más, porque la reacción es más extrema, van de un punto al otro… y para colmo las mexicanas no son tan "chinchudas" como nosotras. Al menos en mi humilde opinión, y comparadas con el resto de Latinoamérica también, las argentinas somos más punzantes, abrasivas y definitivamente cabronas. En cambio las mexicanas tienen ese no se que... tan dulce que me dan ganas de decirles: ¡AYYYY CHICAS, YA MANDENLOS A…! Pero claro, cuando yo lo hago los “Señores DF” me llaman: sentida, grosera, sangrona, etc… ¡CUANDO NO HAGO MAS QUE DECIRLES LAS VERDADES EN LA CARA!
Por eso he llegado a la conclusión querida “Sister” y quien me lea, que debes hacerte más fuerte y menos demostrativa. Entiende que los hombres se la pasan tendiendo trampas invisibles pero trampas al fin. Nunca están del todo seguros, nunca saben muy bien lo que quieren y son más imprevisibles que las erupciones volcánicas del universo completo. Todo muy lindo: las canciones de corazones partidos de Maná y los boleros de Luis Miguel, los chicos de Camila y los de Motel, con sus románticas letras. Las flores, los bombones, lo que sea... ¡¡Pero ojo al piojo!! Como decimos aquí: “Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”.
Parecidas o diferentes, sentidas o sensibles, todas las mujeres merecemos un hombre de verdad, que nos quieras mas allá del envase. Con nuestros defectos y nuestras virtudes, que respete nuestros tiempos, que no se asuste ante nuestras lágrimas y que esté cuando lo necesitamos y cuando no... También. Que nos sea fiel y sincero, que no se escape antes los problemas y que no quiera arreglar los errores con sexo o flores. Eso no sirve amigas ¡de verdad!...
Puede que haya desarrollado un poco de cinismo, pero en lo profundo de mi corazón aún presiento que él está llegando y así también llegará el correcto a tu vida. Como llegó a la de Eva, mi amiga adorable y a la de muchas más...
Solo es cuestión de tiempo... y sobre todo, es cuestión de fe...
Sister y todas las que me leyeron… aquí estoy. Carrie ha vuelto...
A las mexicanas… LAS AMO... son lo más lindo que conocí en la vida…
A Eva... ¿qué puedo decirte?... AMO TU HISTORIA DE AMORRRR... y a vos “Sister” de mi corazón… PUES YA DEJATE DE QUERER SACAR JUGO DE LIMONES SECOS, TIRALE UN FLORERAZO POR LA CABEZA... ¡Y A BAILAR!... QUE LA VIDA TAMBIEN TIENE SU PROPIA COREOGRAFIA Y AUNQUE COMPLICADA, CUANDO SUBAS AL ESCENARIO SERA PERFECTA…
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jueves, 10 de marzo de 2011

"ESPERO CURARME DE TI"... Por Elena Savalza

Hoy me siento especialmente bien. Si ustedes vivieran en Manzanillo, entenderían que es un desperdicio sentirse mal en este lugar.
Para regresar a casa después de trabajar, normalmente debo circular por la Autopista desde el puente de Minatitlán, hasta el entronque para entrar a Salagua. Si volteo a la izquierda, alcanzo a ver la ciudad y la playa desde “La Audiencia” hasta el Puerto Interior. Justo en ese tramo, las puestas de sol son hermosas, con sus colores naranjas entre las palmeras. Ese ambiente,  me hace ponerme poética...
Poniéndome a recordar Sapos y Príncipes, pienso en un poema de Jaime Sabines que se llama Espero Curarme de ti…
“Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de
fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me
receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante. En una
semana se pueden reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se les
puede prender fuego. Te voy a calentar con esa
hoguera del amor quemado. Y también el silencio.
Porque
las mejores palabras del amor están entre dos
gentes que no se dicen nada.


Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama. (Tú saber cómo te digo que
te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame
agua", "¿sabes manejar?, "se hizo de noche"... Entre
las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he
dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te
quiero".)

Una semana más para reunir todo el amor del
tiempo. Para dártelo.
Para que hagas con él lo que tú
quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura
. No
sirve, es cierto.
Sólo quiero una semana para
entender las cosas.
Porque esto es muy parecido a
estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.”
¡Uff!... ¿Qué tal,  eh?... ¿Les gusta?... ¡A mí, me encanta!...
Algo que, sin duda alguna, le debo al Sapo Sin Nombre, es el haber fomentado en mí el amor por la literatura hispanoamericana. Recuerdo que juntos recordábamos algunas veces a García Márquez, Vargas Llosa, Benedetti, Borges, Neruda o Sabines… Quizá fue una de las cosas que más nos unió en su momento. Al grado que tengo por allí en mi “baúl de recuerdos” tres prosas de su inspiración escritas para mí. Ha sido uno de los mejores regalos que ningún Sapo me ha dado, sin temor a equivocarme.
Pero bien, volviendo al poema de Sabines, notarán que estoy subrayando algunas partes del texto. Sobre estas partes quiero reflexionar con ustedes, porque creo que la poesía, además de bella, puede dejarnos mucha enseñanza:
  1. Espero curarme de ti: ¡Wow!, desde el título, nos está sugiriendo el “amor” como enfermedad, puesto que requiere una cura. Pongo entre comillas la palabra amor, porque tengo la firme convicción de que el amor se construye y debe ser recíproco, si no, no podemos llamarlo amor. Del amor, absolutamente ningún ser humano debe ser curado, al contrario, puede ser que el amor sea una de las mejores medicinas que se conozcan pues sus efectos son benéficos a la salud. De lo que sí nos debemos curar, sin embargo, es de la obsesión que produce el querer tener con nosotros a un Sapo que ya se quiso ir. Cuando amamos a alguien, no le hacemos daño. Incluso, podemos amar a alguien sin pedirle permiso, sin decirle siquiera. Lo que verdaderamente daña a otros y a nosotras mismas, es la obsesión por retener a alguien que ya no quiere estar con nosotros, es aquí donde la presión se convierte en falta de respeto. Recuerden: “el único amor que conservas es el que tú das”.
  2. Me receto tiempo, abstinencia y soledad: Esta parte me encanta, porque denota la paciencia que debemos tener con nosotras mismas, para “curarnos” de esa enfermedad causada por el amor unilateral o no correspondido del Sapo en cuestión, al aplicarnos el remedio llamado TIEMPO. El tiempo, de verdad, lo sana todo… Pero además, esta parte destruye la teoría de que “un sapo saca a otro sapo”. Para estar al 100% en una relación, debes estar primero bien contigo misma. Y perdón, pero ninguna de nosotras quedamos en óptimas condiciones después de pasar por un truene con un Sapo, incluso si nosotras mismas nos deshicimos de él.
  3. Las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada: Además de romántica, creo que tiene mucho de verdad. Muchas veces quieres decirle 30,000 cosas al Sapo antes de dejarlo ir, algunas buenas y otras malas. Seguramente, de las malas te vas a arrepentir tarde o temprano; y las buenas, pudieran ser no recibidas con agrado e incluso faltarle al respeto, puesto que el que tú las sientas, no implica que también él las sienta. Así que mejor, si ya no tienes nada que hacer con ese Sapo, evita cualquier tipo de comunicación con él, por muy poética y amorosa que ésta sea.
  4. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura: Obviamente, nos estamos refiriendo al “amor” que sentimos por el Sapo en cuestión, pero más que nada, nos referimos a “soltar al Sapo”. Cuando reconocemos nuestro sentir con respecto a la situación que estamos viviendo justo en el momento con el Sapo, tenemos la fortaleza suficiente para “entregársela” (a él o a Dios), porque definitivamente a nosotros no nos servirá. Esto implica la acción de desprendernos emocionalmente del Sapo en cuestión.
  5. Sólo quiero una semana más para entender las cosas: Bien, es muy poco probable que en una semana entendamos por qué el Sapo se tuvo que ir, por qué no quiso ser nuestro Príncipe. O quizá lo entendamos, pero nos neguemos a aceptarlo. En esta parte, independientemente del tiempo, el autor nos habla de la necesidad de quedar en paz con nosotras. Sin importar si entendemos las razones por las cuales el Sapo en cuestión se fue, existe aquí la esperanza de que en algún momento, comprenderemos que fue para nuestro bien. Recuerda: “Si es para bien, será; si no, te espera algo mejor porque así funciona la voluntad divina”.
  6. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar en un panteón: Sin duda alguna, estas líneas definen exactamente la devastación que se siente después de que, por cualquier razón que haya sido, el sapo se fue. En entradas anteriores, hablábamos de la importancia de no negar nuestro sentir con respecto al Sapo.  Siempre, independientemente de lo mal que nos podamos sentir en algún momento, “esto, también pasará”.
Esta fue mi contribución al fomento de la cultura y la sanación de nuestras emociones. Espero que les haya gustado y mil gracias por seguirnos leyendo.