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martes, 8 de noviembre de 2011

"Imposible"... Por Elena Savalza


Imagina que despiertas en tu cama, un poco más tarde de lo habitual para un día hábil. Sabes que casi no has dormido y, por un momento, piensas en cerrar de nuevo los ojos para seguir un poco más. De pronto, al extender tu mano hacia la derecha, te encuentras su espalda desnuda: pasó la noche allí.


Lo primero que te dice al despertar es un “me tengo que ir”. Se levanta, se lava la cara y se viste. Tú sales de la cama y lo despides en la puerta de tu habitación con un abrazo que no quieres que se termine y con un “cuídate mucho y que tengas buen día”, seguido de un beso en los labios. Lo ves abrir y cerrar la puerta de tu casa y, antes de salir, se vuelve a asomar para desearte buen día también.


Escuchas el ruido del motor de su auto al arrancar. Decides entrar a la ducha, con agua fría, porque esa cura todos los males. Sabes que cualquier rastro de la noche anterior, debiera irse junto con el agua por el resumidero.


Pero sales de bañar, e incluso después de secar tu cuerpo, él no se fue: se quedó contigo y no sabes por qué.

Te sirves un café para despertar, te arreglas como todos los días, te preparas un sándwich (bueno, realmente dos, porque te mueres de hambre) y desayunas.


Antes de salir hacia el trabajo, te miras en el espejo y te encuentras a una desconocida devolviéndote una estúpida sonrisa de felicidad que sabes que permanecerá allí por el resto del día y que no se quitará ni con cirugía plástica: “fue una muy buena noche”, piensas.  Pero dejas de sonreír de inmediato y te cuestionas la razón.

Sigues recordando la noche anterior, mientras intentas concentrarte en el trabajo. Te parece IMPOSIBLE  explicarte a ti, que en teoría eres toda lógica y toda ciencia, lo que te está sucediendo.

“Hace una semana ni siquiera imaginaba esto, aún seguía removiendo escombros”: es IMPOSIBLE.


No puedes comprender por qué te gusta tanto y por qué disfrutas tanto estar con él. Es como si en algún otro momento de esta vida o de la otra, él ya se hubiera cruzado en tu camino.

Como si cada caricia y cada beso compartidos estuvieran escritos previamente en algún lugar y ustedes solamente estuvieran haciendo una interpretación perfecta de una obra que tenía que ser así.


Es como si todo el mundo desapareciera en ese instante y solamente quedaran ustedes dos, mientras el sexo deja de ser “sólo sexo” para convertirse en algo que tu elocuencia no consigue describir con certeza, pero que sabes que está más allá de los límites que alguna vez te imaginaste.

Y nada de lo que hace unos días tuvo importancia, ni de todo aquello que a lo largo de tu vida hiciste parte de ti al creerlo, tiene sentido ahora. Es una energía que no entiendes de donde viene y que, por lo mismo, te parece IMPOSIBLE que sea real. Pero sigue allí, dentro de ti, asomándose por tus ojos, por tu piel y por tu sonrisa.

Sin embargo, en tu cabeza, también ronda una frase: “es sólo sexo y no hay compromisos”. Cualquier otro deseo es completamente IMPOSIBLE de realizarse.


Y recuerdas sus palabras y sus gestos, mientras le suplicas a Cupido (por cierto ¿Tendrá cuenta de Facebook?) que no intervenga ahora y que no arruine el momento… y vuelves a repetirte: es IMPOSIBLE.



De pronto, a media mañana, te dan una noticia extraña en tu trabajo: “El jueves nos vamos a la Ciudad de México”.


El recuerdo del amor de tu vida regresa a tu cabeza y piensas en la remoción de escombros que iniciaste la semana anterior. Sobre todo, recuerdas aquella frase que escribiste: “te quiero mucho… pero te quiero fuera de mi vida”.

En ese momento caes en la cuenta de que, justamente ese jueves 10 de noviembre de 2011 en que viajarás a México, hará exactamente un año desde la última vez que lo viste y de aquel último beso que te hizo llorar, el día que le tuviste que dejar ir… otra vez.


Recuerdas que la última vez que hablaron, él te pidió tener una última conversación de frente, la cual sabes que quizá sea necesaria para cerrar el ciclo, de una vez por todas y para siempre. Pero… ¿verlo de nuevo, exactamente un año después, en la misma ciudad donde se despidieron? Parece broma del destino (y de muy mal gusto). Es IMPOSIBLE.

Sin embargo, te encuentras con una nueva sorpresa dentro de ti: la opción de volver a verlo ahora, ya no tiene la misma importancia que tuvo hace una semana. ¿Qué demonios pasó para que hubiera dentro de ti este cambio? ¿De verdad ya no significa nada?... Todo esto te pasó en menos de una semana: IMPOSIBLE.

Y, de tanto repetir la palabra IMPOSIBLE, viene a tu cabeza el recuerdo de aquella película cuyo final disfrutaste bastante, precisamente por el significado de las 6 imposibilidades: Alicia en el País de las Maravillas, la chica que, enfrentando al Jabberwocky, hizo una remembranza de todo aquello que creyó imposible, pero que la vida le demostró que era posible.


Y al final, descubres que en la vida, todos los días se nos presentan Monstruos con nombre propio, a los cuales debemos erradicar, con la misma espada de voluntad y osadía, que Alicia enfrentó al Jabberwocky, convencida de que podía ganar esa batalla, por IMPOSIBLE que pareciera.

Haces el propósito de enumerar tus imposibilidades y tu maravillosa amiga te ayuda con algunas a la cuenta.

1.        La magia SÍ existe


2.       Una mujer gobernando al país


3.       Se puede caminar en el aire

4.       Los tacones deforman la columna


5.       La luna es de queso


6.       TRUE LOVE DOES EXIST

Sabes que el siguiente año hay elecciones y que uno de los candidatos más fuertes del partido que actualmente gobierna, es una MUJER, a la que siempre has admirado como escritora y funcionario público…

Sabes que se puede caminar en el aire y que se puede volar caminando. Hay muchos a tu alrededor que te han demostrado tener alas y prestártelas, incluso, cuando por alguna razón las tuyas se han averiado…


Sabes que tienes una lesión entre la sexta y la séptima cervical y que jamás te bajas de tus tacones, a menos que verdaderamente peligre tu integridad física…


Imaginas que la luna, aunque no la hayas probado jamás, debe tener un sabor exquisito, porque anoche, en la playa, se reflejaba en todo su esplendor en el agua del mar mientras las olas rompían…

But, if the true love does exist, you really want to believe that…


Y sabes también que la magia verdaderamente existe, porque si no, justo ahora no estarías sintiéndola dentro de ti.

Y de todo corazón, agradeces a aquel ángel de la guardia en el que se ha convertido tu amiga, el que se haya tomado el tiempo para recordártelo…


Ámbar, Wendy, Lily… gracias por estar siempre allí…

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viernes, 23 de septiembre de 2011

"Derecho de Admisión"... Por Elena Savalza

Amo Manzanillo, sin duda. Ese Manzanillo que rompe con todos los pronósticos y que se niega a admitir a “Hilary” por mucho que los reportes meteorológicos digan que a esta hora, debería estar lloviendo, con alto oleaje y con fuertes ráfagas de viento.

Hoy tengo que tomar como sede el VIPS, porque no me da tiempo de comer en casa (de preparar, sobre todo) y porque, además, muero de ganas de unas crepas. Así que en este caso, la falta de tiempo es un pretexto que decido usar a mi favor.

Mientras espero que me tomen mi orden, aprovecho la tranquilidad que todavía se siente en este pasillo del restaurante, para escribir todas las cosas que traigo en la cabeza desde anoche y parte de la mañana de hoy.

Desde que escribo en este blog, me han pasado cosas padrísimas. Me he liberado de miedos (Monstruos), he expresado mis ideas, conocido gente fabulosa y mi cuenta de amigos en Facebook y seguidores en Twitter, ha crecido infinitamente, lo que me ha permitido conocer muchísimas más ideas y opiniones que han enriquecido mi forma de pensar.

Sin embargo, hoy quiero platicarles de la lección más importante que he aprendido a través de la escritura como forma de poner en orden mis ideas y sentimientos, sobre nuestro tema favorito, el amor:

“El corazón no se reserva el derecho de admisión”

¿Cómo llegué a esta conclusión? Muy sencillo:

Anoche pase un muy buen momento con el chico que mi corazón reconoce como “equivocado”, pero que actualmente, mi cuerpo encuentra bastante “adecuado” (¡Ups!... ¿Lo dije?).

Hoy por la mañana, a pesar de la resistencia a levantarme debido a la enorme desvelada que sentía (por obvias razones), no pude menos que disfrutar enormemente la conversación con uno de los chicos más interesantes que he conocido recientemente y al cual, mi cerebro podría reconocer como “el adecuado”, a pesar de que si le pregunto a mi corazón o a mi cuerpo, lo reconocerían como “el equivocado” (No me pregunten por qué, pero así funciona).

Y entonces, con el grato sabor de boca por las ideas compartidas con este chico que verdaderamente me pone a pensar y que reta a mi cerebro a ponerse a su nivel; y, con los recuerdos de los besos y caricias compartidas con el que anoche me hacía recordar la diferencia biológica básica entre “niño” y “niña”, volteo con mi corazón y le pregunto con la mayor sinceridad que puedo, al fin que sé que con él no puedo andarme por las ramas: “¿Tú qué opinas?”

Y el corazón opinó: pero su respuesta, ya la conozco y ya la podrán adivinar…

Muchas veces el corazón ama a quien menos méritos ha hecho para “conseguir el favor de nuestro amor" (¿Leíste Ámbar?), dicho con todo sarcasmo, pues creo que el amor no se condiciona, se da o no se da.

Sin embargo, el amar a una persona no implica necesariamente que puedas construir una relación duradera y satisfactoria con ella. A veces, simplemente ésta no es “factible” por distintos factores que nada tienen que ver con el amor o la falta de.

Lo que sí tenemos que tener en claro, es que construir una relación es cosa de dos y que siempre es importante establecer para nosotros mismos qué es lo que queremos para una relación de pareja, qué es lo que no queremos y que estamos dispuestos a aportar (y en ocasiones, sacrificar y ceder) para que ésta se desenvuelva de manera exitosa.

Es muy importante el amor en una relación de pareja, sin embargo, al darle paso a la razón, también debemos de tener en cuenta muchos otros aspectos que son más bien de lógica y de “conveniencia”, aunque la palabra suene fuerte; sin dejar de lado, el buen sexo (¡por supuesto!).



Mi conclusión de este medio día, tal como se lo platiqué a Ámbar mientras charlábamos un poco hoy, es que es verdaderamente afortunada la persona que, además de sentir amor, logra llegar a buenos acuerdos que le permitan llevar una relación de pareja armoniosa y constructiva. Si esto además, viene acompañado de unas muy buenas sesiones sobre el colchón… ¡se ganó la lotería!

Pero no le podemos poner al corazón la leyenda de “NRDA” (Nos Reservamos el Derecho de Admisión) como en los antros. El amor, simplemente no la respeta.

Debemos permitirnos sentir, conocer y vibrar con toda la gama de sensaciones que el estar enamorados nos produce. Si es o no, la persona “conveniente” para nuestra vida, eso lo decidirá nuestra razón, independientemente de lo que el corazón llegue a sentir y entonces estará en nosotros, la difícil decisión de saber a quién escuchar.

Por lo tanto hoy, sin reservarme el “derecho de admisión”, decido disfrutar del AMOR que mi corazón siente y sentirá por siempre por Aquél con quien la razón, el destino, la vida, las circunstancias o Dios, no quiso que construyéramos juntos un futuro.

También decido, no sentirme culpable por disfrutar del sexo con quien, en este momento, despierta todas esas tan agradables sensaciones en mi cuerpo.

Y tampoco me culpo, por disfrutar de la compañía y del agradable reto que representa para mi intelecto, de quien de forma tan inteligente y sensible, mantiene mi cerebro corriendo con toda velocidad.

Lo que no me permito, es ponerle una barrera a mis sentimientos, mis emociones y mis sensaciones, disfrazada de objetividad, prejuicios o dudas. Porque hoy sé, que equivocarse solamente es opción, de quien que se arriesga a vivir...

Gracias por seguirnos leyendo y, muy en especial, por compartir nuestros enlaces…

¡Hasta la próxima!

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lunes, 18 de julio de 2011

"¿Qué onda con el amor?": Conclusiones al calor del mezcal... Por Elena Savalza

Hola a todos:
Les escribe una relajada Elena, que está sentada plácidamente en un sillón del Starbucks de la ciudad de Colima, capital del estado que lleva el mismo nombre, a tan solo 1 hora con 15 minutos de Manzanillo, el puerto de mis amores.
Como ya les platiqué antes, me acabo de mudar temporalmente (hoy es mi primer día, de hecho), por un proyecto especial de mi retomado trabajo como Consultor.
Los últimos días han sido raros: tensión por la entrega en mi anterior trabajo, una preocupación en el ámbito familiar que, por fortuna, ya tomó su curso normal, y además, preparar el cambio de residencia, que aunque es por poco tiempo y muy poca distancia, no deja de ser foco de tensión.
Pero ahora que estoy aquí, resulta que todo es distinto: la gente con la que debo colaborar, me ha tratado genial y considero que en pocas horas, he conseguido mucho más de lo que esperé, sobre todo en disposición. Por si fuera poco, resulta que siempre sí, viviré solita, en una zona muy bonita que está a unas pocas calles de mi “trabajo de oficina” y además, hay un parque cerca donde puedo salir a correr.
Sin embargo, de la adaptación a mi nuevo entorno, les platicaré después.
Hoy quiero, ya un poco más tranquila con todos los sucesos de los últimos días, platicarles de mi fin de semana.


Después de un cambio drástico de planes, por un problema familiar, decido el fin de semana, aceptar la invitación de Ámbar a cenar.
Pero, por azares del destino (no me pregunten cómo, porque de verdad, ni siquiera sé a qué hora comenzó), me enfrasco en un intercambio de mensajes de texto, digamos un poco… “subidos de tono” con nada más y nada menos que uno de los consentidos de este blog: sí, adivinaron… ¡con Don Sapo!
Cuando veo a Ámbar, yo estaba literalmente “poseída” por las teclas de mi teléfono y una sonrisa estúpida y morbosa invadía mi rostro. Y es que, de verdad, lo prometo… la conexión sensual y la tensión sexual (lo digo así, con todas sus letras, porque ya sé que no es otra cosa) que ese hombre genera en mí, va más allá de cualquier otra cosa. De verdad, es adictivo y es más fuerte que yo.
Después de cenar, fuimos a un bar de una buena amiga y también seguidora de este espacio, Yecko, el bar se llama “Santo Mezcal”. Ampliamente les recomiendo, que cuando vengan a Manzanillo no dejen de visitarlo.
Llegando al Santo Mezcal, a donde iríamos, “solamente porque tenía una consulta qué hacerle a Yecko y no nos íbamos a quedar” (¡ajá!), encontramos a un ex compañero de trabajo de mi hermana menor Isa, que resultó también ser amigo de Yecko, por lo cual, terminamos Ámbar y yo, sentándonos en la barra con ellos.
De pronto, la conversación comenzó a ponerse interesante, puesto que entramos en nuestro terreno favorito: el amor y las relaciones de pareja.
Mientras Yecko y yo, defendíamos una postura un tanto liberal, pragmática y hasta egoísta, según los calificativos dados por nuestros interlocutores; Ámbar y el amigo en cuestión, tenían opiniones completamente distintas a lo que nosotras planteábamos.
Sin embargo, fue una charla por demás interesante, que yo seguía mientras continuaba mi sesión de “cachondeo por SMS” con Don Sapo, quien en ese momento se encontraba intentando materializarme y transportarme hasta su habitación de hotel, que ocupaba esa noche en Cancún.
De esa conversación que se prolongó hasta “el día siguiente”, o sea ayer domingo (eso que solamente íbamos por un momento), puedo sacar las siguientes conclusiones:


·         El amor es un lenguaje universal: Digamos o no, lo aceptemos o no, todos entendemos de alguna forma el concepto de amor en nuestras vidas. Puede incluso tratarse de amor filial, amor por los amigos, por un proyecto o por tu entorno, o en definitiva, por tu pareja; pero todos los seres humanos entendemos el amor como algo esencial en nuestras vidas.
·         Todos tenemos un prototipo de “vida ideal”, que de alguna forma incluye una pareja: Ya sea que pensemos en el tradicional “y vivieron felices…”, que pensemos en un noviazgo eterno, o en un free, absolutamente nadie nos imaginamos sin el apapacho que prodiga una relación de pareja, independientemente del nivel de intensidad o compromiso que exista.
·         No es pecado no querer tener hijos, ni querer una familia tradicional: En teoría, se nos ha educado, sobre todo a las mujeres, para tener una familia “como Dios manda” (papá, mamá, hijos, graduaciones, bodas, bautizos, comidas familiares, partidos de futbol, etc.) Sin embargo, cada día, hay más mujeres (me incluyo) que no tenemos como proyecto de vida una empresa así. Eso, definitivamente no nos convierte en monstruos. Elegimos con responsabilidad, sabedoras de las consecuencias que cualquier tipo de elección traerá en nuestro futuro. Aún ahora, hay quienes voltean a vernos “raro”, pero es una realidad, no todas vemos nuestro futuro lleno de hijos y nietos. A mí, por lo menos, me cuesta mucho trabajo. No descarto que quizá, en otro momento de mi vida podría desearlo, pero definitivamente a mis casi 29 años, no es prioridad.
·         También se puede disfrutar del sexo sin amor: ¡Por supuesto que sí!... y también, siendo mujeres. Defiendo que el sexo es una de las expresiones de amor y comunicación entre pareja más bonitas que conozco y que hacer el amor con alguien a quien amas profundamente es una de las mejores experiencias de la vida. Pero eso no implica, sin embargo, que no sea un acto físico, por lo cual, no siempre es necesario estar enamorado para disfrutarlo. A veces, solamente basta conocer tu cuerpo y que la otra persona te resulte atractivo, agradable y te despierte el deseo… que por cierto, no se parece al amor (si no me creen… ¡pregúntenme por Don Sapo!)
·         “Mi felicidad es responsabilidad mía y de nadie más”: Este fue uno de los tópicos que más conflicto de opiniones generó. Hubo quien dijo que en una relación, tu responsabilidad es hacer feliz a tu pareja. Sin embargo, yo creo que nadie da lo que no tiene. Si yo como persona, espero a que alguien venga a llenar mis vacíos… ¡estoy frita! La principal responsabilidad que, como seres humanos y como mujeres tenemos, es no depender de ningún factor externo para ser felices. Alguna vez leí en el libro de “El Caballero de la Armadura Oxidada” (Robert Fisher, Ed. Obelisco), que “los animales del bosque no esperan a que amanezca nublado o soleado para disfrutar del día que les tocó vivir”. Con los seres humanos pasa lo mismo: mi principal proveedor de felicidad soy yo. Son mis decisiones y la actitud que afronte ante la vida y lo que me pase, lo que determinará la cantidad y calidad de los momentos felices, que construyen día a día mi felicidad. Si yo no encuentro esto en mi interior, difícilmente alguien vendrá a hacerlo por mí.
·         Te puedes enamorar de dos personas al mismo tiempo: Sí, sí se puede. Quizá pueda haber una diferencia en la intensidad, o en las sensaciones que cada una de estas personas te cause, pero se puede y a mí me pasó. Cabe aclarar, que estoy hablando de “enamoramiento”, no de “amor profundo”, este último, es el que debemos construir y que además, lleva implícito otro factor: compromiso de ambas partes.
·         Puedes decidir cuándo alejarte, pero no cuándo enamorarte: El enamoramiento es un proceso natural y carente por completo del más mínimo sentido de lógica. El que diga “yo no me enamoro si no quiero”, se engaña a sí mismo. Lo que sí se puede, es decidir en qué momento retirarte de la batalla, cuando sabes que de alguna forma la has perdido o podrías perderla.
·         El enamoramiento puede tener límite de tiempo, pero el amor, precisa de un trabajo de construcción que requiere un compromiso de pareja: El enamoramiento, dura muy poquito. Incluso puede durarte días u horas… Algunas veces, yo digo en tono de broma, que cuando estoy con alguien “me enamoro” momentáneamente, para disfrutarlo más. Y es que, en realidad, eso puede pasarte. Pero en el momento que esta etapa de ensueño termina, es cuando el verdadero amor pone a prueba su fuerza y su compromiso. Es entonces, cuando de verdad sabemos si la pareja tiene potencial para permanecer junta, o se queda en el bonito recuerdo de lo que fue.
En fin, esto es lo que el mezcal le hace a tu cerebro y a tus ideas. Pero, si además lo acompañas de un rico café y una tarde nublada, realmente podríamos seguir escribiendo por horas, sin encontrarle fin al tema.
Por lo pronto, mi preocupación más cercana es concluir este proyecto y terminar mi estancia en este lugar, porque verdaderamente, comienzo a extrañar la playa.
¡Ah!... pero si ustedes creen que la conversación con Don Sapo, terminó junto con mi mezcal, se equivocan: esa no concluyó, si no hasta el día de ayer por la tarde.
Sin embargo, de eso les platicaré después, cuando no sea horario familiar…
¡Les mando un abrazo desde la bella capital colimense y nos leemos pronto!
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martes, 26 de abril de 2011

MONSTRUO #3: Conociendo al poderoso enemigo llamado Egocentrismo… Por Elena Savalza

-“La verdad es que ya no estoy triste. Sé también que no puedo estar enojada, porque reconozco ampliamente que no hay motivos para que lo esté. Pero aún no puedo creer que me haya rechazado. No entiendo por qué ni siquiera por sexo me buscó…”- Le comentaba a Chuy cuando me llevaba a casa, refiriéndome por supuesto, al Príncipe que no fue…
-“Quizá, - continué en tono de broma- haya solamente una cosa para sentirme mejor: una sesión de sexo con un patán, de esos de los que ninguna mujer con cerebro se enamoraría, pero que son divinos en la cama…”
- ¡Estás verdaderamente loca si piensas que ese niño (refiriéndose al Principito), es la persona ideal para que hagas tus fechorías!... Tremendo ego el tuyo, mamacita, que te hace pensar que este tipo de cosas, te harán sentir mejor…”- Respondió Chuy antes de que le diera un beso en la mejilla y me bajara de su coche.
El diálogo con el que comienzo esta entrada, lo tuve en la madrugada del sábado ante pasado, cuando regresaba de la fiesta de Arali.
Jesús es un escaso ejemplar de Príncipe Amigo, de esos que te escuchan y te entienden como lo hace una amiga; pero también te cuidan, te consienten, te abrazan y se convierten en los más fieros al defenderte, como lo haría un Príncipe por su Princesa. Verdaderamente, me considero afortunada de tenerlo como amigo.
Desde hace más de dos semanas, cuando derramé mis últimas lágrimas en el coche de Ámbar (ver entrada El Príncipe y su Armadura II: La noche del sábado), caí en la cuenta de una realidad: tengo un enorme defecto en mi carácter que me ha hecho sufrir tremendamente en los últimos tiempos, se llama egocentrismo.
Les confieso que desde ese día, he tratado de escribir sobre el tema y no he podido concretar nada hasta hoy. Lo primero que ha venido a mi cabeza es que me cuesta muchísimo trabajo distinguir en dónde termina la autoestima para dar paso al egocentrismo.
Autoestima… sí, quererme a mi misma. Creo que me quiero. Cuido mi cuerpo, me arreglo, soy una chica segura de mí misma y reconozco ampliamente mis capacidades. De pronto, hasta puedo culpar a mi signo zodiacal, Leo, en ser “el rey del zodiaco” y líder por naturaleza, por lo cual está determinado desde el complot de los astros, el que en muchas ocasiones llame la atención más de la cuenta. Tiene lógica… ¿o no?
Pero entonces, ¿qué papel está jugando el egocentrismo en mi colección de defectos de carácter?
Haciendo uso de mi memoria reciente, me doy cuenta por ejemplo, en mis relaciones laborales, que muchas veces se me ha criticado por “tratar de sobresalir” y por no poder trabajar como equipo con todos, por percepción de los demás de mis aires de autosuficiencia. No me ha sido fácil moldear esta parte. Incluso, una vez uno de mis jefes me dijo que “tratara de sustituir al hablar el yo por el nosotros”. Ni siquiera había caído en la cuenta de que me la pasaba hablando de mí…
Lo que sí es cierto, es que recientemente ha habido una constante en mis “interacciones con el sexo opuesto”. Soy demasiado susceptible al rechazo, simplemente no lo soporto.
Siempre he estado acostumbrada a obtener la atención del chico que me ha dado mi gana. Cuando alguien me gusta, difícilmente me quedo con las ganas de tenerlo conmigo. Ha sido como una compulsión, porque incluso, ha habido ocasiones en que me ligo a un chico y después ni su nombre recuerdo y, obviamente, esto lo hago cuando hay un público al que pueda presumir de mis hazañas. Pocas de estas relaciones han sido duraderas debido a que a pocos de estos chicos he tomado en serio, como Príncipes con potencial. Mis decisiones me han llevado también a coleccionar una larga lista de especies distintas de Sapos.
Pero de verdad… ¿los Sapos son ellos? … ¡Auch! Me hubiera gustado que La Condesa, hubiera agregado a su descripción de la Mujer Sapo, algunas especificaciones sobre el egocentrismo que existe en su personalidad. Sin embargo, creo que la realidad es más que evidente y salta ante mis ojos: el centrarme en mis necesidades, mis gustos, mis caprichos, mis deseos… ha hecho que tire por la borda algunas buenas oportunidades de estar con un verdadero Príncipe.
Así es. Reconozco al enemigo: se llama egocentrismo y significa centrarme en mi misma y en que solamente mis necesidades son importantes, mis ideas tienen valor, mi historia es la digna de contarse, mis problemas son los más grandes, mi, mi, mi….
Pero ¿qué pasa cuando una egocéntrica cree haber encontrado el amor? Sencillo: espera que el Príncipe esté allí, para cumplir con sus expectativas… a sabiendas, de que en muchas ocasiones no podrá alcanzarlas, porque está esperando más de lo que de verdad puede una persona dar.
Y, obviamente, al ser los estándares son demasiado altos, en muchas ocasiones, termina haciendo huir al Príncipe, convirtiéndolo en Sapo. Entonces busca desesperadamente el consuelo en las ancas de otro sapito, para no reconocer a su yo herido ante la idea del rechazo…
El monstruo del egocentrismo, también provoca en quien lo padece, conductas como la adicción al control, al ligue (y al sexo fácil en muchas ocasiones), impaciencia y querer que las cosas se hagan siempre conforme a sus planes…
Es completamente devastador para un egocéntrico, ceder una pizca del control tan merecido y ganado, según sus conceptos. Pero sin duda, lo peor que puede pasar, es que alguien se atreva a no querer seguir contigo…
Es por eso, que recientemente sufrí tanto por Don Sapo, quien se atrevió a irse cuando él quiso y no cuando yo lo decidiera. Es por eso, también, que ahora me cuesta tremendo trabajo  asimilar que no le gustaba tanto al Príncipe que no fue… Y si, el dolor del ego, duele más que el del corazón para un egocéntrico. Es muchísimo peor que te rompan el ego, a que te rompan el corazón; sin embargo, es sumamente complicado distinguir cuál dolor es cuál…
En estos días, he dado pasos importantes contra él. El primero, fue reconocerlo; el segundo, el reconocer que además de mi lado cínico y divertido, también tengo mi lado cursi. Porque ustedes no lo saben, pero me costó mucho trabajo publicar el poema de “Cuando ya no piense en ti…” debido a que se contraponía por completo a mi auto imagen de Mujer Sapo.
Sé que este terrible monstruo vive conmigo. También sé que ningún Príncipe va a llegar con su espada en su hermoso caballo blanco a rescatarme de él. La única que puede ponerle un “hasta aquí” soy yo misma… Y honestamente, reconozco que aún no descubro cómo. Lo que sí sé, es que no voy a quedar a la mitad de la batalla y que espero encontrar pronto la forma de erradicarlo…
Ya les contaré cómo me va en mi batalla contra el Ego...

martes, 19 de abril de 2011

La noche en que morir no fue una opción... Colaboración anónima

Amanecí en una cama distinta a la mía. No hay nada de extraño en eso, ya que después de haber perdido al último hombre del cual me enamoré verdaderamente, el amanecer en brazos distintos, ha sido una constante en mi vida, una compulsión casi imparable…
 Sin embargo, el día de hoy no es como una mañana cualquiera después de una de tantas noches. Hoy mi cuerpo tuvo un precio… y se pagó con billetes de alta denominación, que conservo hoy en mi cartera.
 Ayer, mi “amiga” me invitó como tantas veces a una fiesta, pero esta fiesta no era como tantas otras.
 Había champagne del mejor, comida, bebida y todo tipo de excesos en la lujosa casa a la orilla de la playa.
 No era la única chica de mi edad que estaba allí… Era extraño: había hombres mayores y mujeres jóvenes (incluso más que yo) tan “complacientes” que hasta parecía que lo disfrutaban. De pronto, mi amiga me presenta a uno de ellos, el más feo y viejo de todos… pero también, al que todos, sin excepción, trataban con servilismo excesivo y llamándolo “Señor”…
 Definitivamente, él era el jefe…
 Tardé bastante en reaccionar, cuando mi “amiga” me pidió mi bolsa, la cual no volví a ver hasta hoy en la mañana, incluyendo entre mis pertenencias mi celular y mis llaves.
 De pronto, todo me pareció demasiado claro. Las bolsas cruzadas en el pecho en los hombres que estaban allí, las extrañas llamadas por nextel que todos hacían, las caras de expectación y los paquetes misteriosamente envueltos, no dejaban lugar a duda: había por lo menos 6 narcotraficantes a mi alrededor y por obvias razones, estaban armados y estaban escondiéndose…
 Sin celular, sin mis llaves, sin dinero, sin poderme acercar a mi “amiga” porque el jefe me había elegido a mí para acompañarlo, era muy poco lo que podía hacer…
 Podía gritar, podía tratar de salir corriendo, pero ¿cuánto tiempo pasaría para ser alcanzada por esos hombres que lo menos que querían era un escándalo que los pusiera en la mira de sus tantos enemigos o de la policía?... No, huir no era una opción; negarme a “acompañar” al jefe, tampoco lo era…
 Y fue así, como sus labios comenzaron a besarme, mientras yo trataba de no respirar por la repulsión que su aliento me provocaba, aunado al asqueroso  resoplido de su nariz…
Sentí con asco su lengua dentro de mi boca y traté de pensar en otra cosa. Después casi lo consigo, cuando comenzó a tocar mis pechos y desabrochar mi blusa en la sala de la casa…
Me llevó a su habitación, me recostó en su cama. Me quitó la ropa y se subió en mí, entrando una y otra vez, pidiéndome que me moviera como si lo estuviera disfrutando…
No lo disfrutaba propiamente, pero por alguna razón fisiológica mi cuerpo lubricaba y el sentirlo adentro no era tan desagradable como podría imaginarlo… o quizá si, pero tampoco tenía opción de hacer nada distinto a lo que estaba haciendo en ese momento. 
De cualquier manera, esa tortura que iniciaba y terminaba en ese momento, se repetiría una vez más solamente en el resto de la noche…
Y entonces vino “la mañana siguiente”… y al comprobar la asquerosidad de su cuerpo desnudo que estuvo encima del mío y dentro del mío, solamente pude sentir ganas de volver el estómago y restregarme el cuerpo con jabón en la regadera con agua caliente, esperando que quitaran cualquier rastro de lo que fue la peor noche de mi vida.
Me vestí y él ya estaba despierto… “Te volveré a llamar, no lo dudes. Has sido fantástica…” Sonrío fingidamente cuando me abraza y entonces, viene de mis labios la frase que no olvidaré:

-          “Necesito dinero, ¿cuánto vas a darme?”.
-          “Estaba listo para eso” – contestó al tiempo que abría su cartera y sacaba una cantidad de dinero equivalente a lo que yo ganaba en una quincena.

Salí de la habitación y mi bolsa estaba en la sala. La tomé y huí, lo más rápido posible, sin voltear atrás, consolándome con la idea de que el sacarle unos billetes era mucho mejor que haberle permitido abusar de mí como lo hizo. Y también, mucho mejor que haber terminado muerta, en una noche de fiesta…
Era una decisión de supervivencia, de la cual no estoy orgullosa. Pero como tantos otros errores en mi vida, la asumo con valentía, sabiendo que morir tampoco era una opción…