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miércoles, 25 de enero de 2012

"Si me dejas hablar..." ... Por Elena Savalza



Hace días estoy tratando de hablarte. En realidad, te hablo todos los días (algunas veces, a gritos)…

Pero, como ya es tu costumbre, no me escuchas. Te resulta muy difícil quedarte quieta y jamás permites que mis palabras lleguen a ti.

Hoy necesito que dejes de moverte. Necesito que silencies tu ego y tus pensamientos más abrumadores para que puedas escucharme, porque hay cosas muy importantes que te tengo que recordar:

Comenzaste el año con el firme propósito de cambiar ciertos aspectos de tu vida que no te habían funcionado correctamente en años anteriores. No necesito recordarte cuáles, puesto que sé que los tienes presentes.

Aún no hemos tenido el suficiente tiempo de avanzar. Incluso, no ha terminado ni siquiera Enero, pero algunas cosas de las que estabas segura y de las que creías permanentes en tu vida, simplemente ya no están allí.

¿Alguien se las llevó? Probablemente. Aunque yo creo que si hubieran estado firmemente ancladas en tus raíces, continuarían allí. También creo que si se fueron definitivamente, es porque están dejando un espacio permanente para que pueda ser habitado por algo nuevo y mejor.


En estos días has vivido emociones y sentimientos muy diversos, puedo entenderlo porque he vivido contigo todas las sensaciones que te ha provocado el que tu mundo se hubiera puesto de cabeza tan rápido.

De pronto te ha parecido tocar el cielo y descubrir otra vez a la mujer que ama, que lucha, que llora, que se conmueve y que se alegra por la simplicidad y al mismo tiempo, la perfección del mundo que tiene alrededor.

Pero también has tenido miedo, envidia, coraje, celos y ganas de no ser tú. Incluso, te ha parecido, mirándote al espejo, que la mujer que ves allí es una muy distinta a la que tenías frente a ti hace apenas unos días. Hasta le encuentras arrugas, canas y defectos en la piel y en el cuerpo, que hace unos días no habías percibido. Sin embargo, sabes que no es tu cuerpo el que está envejeciendo, si no tu alma la que, al no estar en paz, refleja el cansancio de pelear todos los días contra ella misma, en lo que tú llamas “muestras de envejecimiento físico”.

Y te cuestionas si lo que siempre creíste verdad, sigue teniendo sentido. Te cuestionas si las personas que has puesto en tu vida en los últimos años, verdaderamente quieres que permanezcan allí. Te cuestionas si todas aquellas cosas que quieres alcanzar y que has perseguido tan fervientemente durante los últimos tiempos, están más lejos o más cerca de ti con tus actuaciones más recientes. O, dicho más claro, te la pasas preguntándote si lo que estás haciendo te acerca a lo que quieres conseguir.

No. La mayor parte del tiempo no estás tranquila. Te sigues peleando contigo y no sabes cómo parar…

¿Sabes por qué? Porque pretendes nadar contra la corriente. Pretendes que sea el camino quien se adapte a tus deseos y no tus deseos al camino que ya tienes predeterminado.

¿Sabes por qué? Porque de pronto decides anteponer los deseos y la felicidad de otros, sobre la tuya; sin darte cuenta del daño que le haces a tu esencia, al admitir condiciones impuestas por otros, en lugar de seguir tus propias reglas.

¿Sabes por qué? Porque se te perdió Dios y no sabes muy bien dónde encontrarlo…

La buena noticia es que no tienes que ir muy lejos, porque Dios está dentro de ti. Para ser precisos, está junto a mí. En muchas ocasiones, somos uno solo…

Como yo, Dios siempre está contigo y sostiene tus pasos cada que tú le permites. Pero, como buena niña rebelde que siempre has sido, de pronto quieres aventurarte a descubrir el mundo por ti misma, es entonces cuando Dios te deja caminar sola… y también te deja caer. Sin embargo, eso no significa que haya dejado, en algún momento, de acompañar tus pasos.

Hoy sólo te pido que te quedes callada y que me escuches. Aunque lo dudes, muchas veces sé mejor que tú lo que te conviene. Por favor, cédeme el volante de vez en cuando.

Porque cuando tu cabeza no pueda decidir, por más que escribas listas completas de “pros” y “contras”, por más que busques “razones” para continuar o parar, recuerda que yo siempre sabré qué hacer.

Si me dejas hablar, será todo mucho más sencillo…

Si me dejas hablar, entenderás que lo único que tienes que hacer es aceptar lo que la vida te pone en frente, sin cuestionar si está bien o está mal, porque el bien y el mal siempre han sido relativos. Todo lo que tienes que hacer es dejarte llevar, disfrutar el momento y dejarlo ir, cuando haya terminado…

Si me dejas hablar, entenderás que no está mal llorar, ni gritar, ni desesperarse, siempre y cuando la desesperación no se apodere de tu ser, porque entonces correrías el riesgo de perder el equilibrio y caer irremediablemente.

Si me dejas hablar, te recordaré que todo lo que necesitas para ser feliz lo tienes dentro de ti y que lo único que tienes que hacer es usar lo que Dios y la vida te dieron a manos llenas, para que actúe en tu favor. Tú tienes todo lo que necesitas. El resto (personas, cosas, lugares y situaciones) son aspectos que Dios puso en tu camino para que tu vida tuviera sentido, pero tú decides su permanencia dentro de tu historia.

Te recordaré que cuando algo o alguien forma parte de tu leyenda personal, no necesitas forzar las circunstancias para que, en determinado momento, vuelva a ti, si es que se ha ido; o se quede a tu lado el tiempo que sea necesario para que aprendas todo lo que tienes que aprender de eso.

Te recordaré que ya antes has tomado decisiones basadas en miedo: miedo a perder, miedo a sufrir, miedo a caer… Y normalmente has perdido, has sufrido y has caído.

Te invitaré a tomar decisiones por amor… Por amor a la vida, a ti misma y a los que te rodean.

Te recordaré cuáles son tus prioridades y que al final del día, la única medida de tu avance será qué tan cerca te encuentres de ellas.

También te diré que lo bueno se obtiene cuando esperas, porque cuando presionas, normalmente lo arruinas (¿te suena conocido?).

Y quizá, sólo quizá, lo que en este momento la vida te esté poniendo, sea una prueba de paciencia y fe…

Si decides aceptarla, yo estaré allí y no te dejaré claudicar.

Pero si decides rendirte ahora (haciendo caso a tu deseo de las últimas mañanas), también estaré allí. Porque vayas a donde vayas, siempre contarás conmigo…

Con amor…

Tu Corazón.


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viernes, 26 de agosto de 2011

"¿Hasta cuándo México?": Nuestros verdaderos Monstruos... Por Elena Savalza

Quizá haya a quienes sorprenda o hasta decepcione el leerme en temas que nada tienen que ver con Príncipes, Princesas, Sapos y demás Monstruos. Sin embargo, no creo que se pueda vivir en un “mundo de caramelo” o en un “castillo de azúcar” y ser indiferente a nuestra realidad: nos estamos acabando unos a otros y creemos que está bien.

Cuando comencé a ver el noticiero de López Dóriga anoche, pensé en apagar la televisión para no contaminarme con el horror que vi en las noticias, pero eso sería tan inútil como querer tapar el sol con un dedo. Además, tendría que desconectarme del Facebook o del Twitter y, realmente, no imagino nuestros días sin estos medios de comunicación.

Hoy México me tiene triste…

Sí. Porque amo a mi país y estoy orgullosa de mi tierra. Reconozco sus bellezas naturales, la creatividad de nuestra gente, el espíritu de lucha, el ingenio y la unidad que mostramos cuando nos enfrentamos a situaciones adversas. Si tuviera la oportunidad de elegir dónde nacer, elegiría de nuevo México.

Sin embargo, esta semana mi querido México me ha decepcionado en varias ocasiones:

Desde pequeña he tenido el amor por el futbol metido en el ADN. Me lo inculcaron mis hermanos mayores y crecí enamorada del portero de la selección italiana en el mundial de Italia 1990, que desde mis 8 años, me parecía guapísimo. Aunque a esa edad no entendí muy bien los antecedentes del por qué México no estuvo en el mundial, disfruté el partido de la final Alemania – Argentina, al lado de mis hermanos que desde entonces, me explicaron una de las cosas más complicadas de entender para mí a esa edad: lo que era un “fuera de lugar”.

Comencé a apreciar ese deporte y me jacto de saber sobre él, mucho más que varios hombres que conozco. Soy una fiel seguidora de las Chivas Rayadas del Guadalajara, pero realmente, veo casi todos los partidos de fútbol del fin de semana.

Es por eso que el sábado pasado me indignó la noticia que escuché: balacera en las afueras del Estadio Corona de Torreón, Coahuila, durante el partido entre Santos y Monarcas Morelia.

Familias enteras presenciando un espectáculo que para la mayoría de los mexicanos es, además de cotidiano y popular, un motivo de orgullo y esparcimiento, tuvieron que correr asustadas para agacharse entre las gradas, bajar a la cancha y resguardarse como pudieran.

Hace apenas unos años, nos preciábamos de que en nuestro país, no sucedían los actos de barbarie que ocurrían en los estadios de América del Sur. Pero hoy, la delincuencia, la inseguridad y la impunidad penetró una de las pocas cosas que recientemente a los mexicanos nos generaba alegría colectiva, después de ver el buen desempeño de nuestras distintas selecciones nacionales (exceptuando, por obvias razones, a la que participó en la Copa América de Argentina, llevada a cabo recientemente): el fútbol.

Después, sucedió algo que, como mujer, me llenó de vergüenza: un par de chicas, que al calor del alcohol y con aires de superioridad venidos de no sé dónde, insultaron y agredieron física y verbalmente a los policías que las detuvieron, haciendo gala de un lenguaje tan vulgar y florido que debió ser la envidia de cualquier camionero que las haya escuchado, sin que los flamantes agentes del orden hicieran absolutamente nada para impedirlo.

Me dio vergüenza. Siempre hablamos en este espacio sobre dignidad, sobre amor propio, sobre el respeto… y realmente, ese vídeo, es la antítesis de cualquier cosa que como mujeres nos podríamos permitir. Sentí verdadero horror de imaginar que ese video le daba la vuelta al mundo mientras todos en el exterior creían quizá, en esa falsa imagen de la mujer mexicana.

Sí. Porque podemos ser muy mujeres, muy autosuficientes, muy famosas, muy ricas… pero eso no nos da el derecho de pasar por encima de los demás, perdiendo los más esenciales modales y faltando a las más imprescindibles normas de convivencia. Ante todo: también debemos saber cómo y cuándo ser damas.

Pero todavía no pasaba el furor del tema de las “Ladies de Polanco” en las redes sociales y en los noticieros, cuando se anuncia la noticia del secuestro de otro periodista en Culiacán, Sinaloa, quien a la postre, también habría aparecido asesinado… Y su único delito conocido, fue el de cumplir con la labor tan importante de informar a la población, esa realidad que por todos es conocida: la de nuestro México invadido por ese cáncer que representa la delincuencia organizada.

Lo más triste, es que ni siquiera se le había “invertido” el tiempo aire suficiente a la noticia del periodista muerto, cuando la tarde de ayer, sucede uno de los actos terroristas (sí, terroristas, dije) más crueles y nefastos de los que mi memoria reciente me dan para recordar.

Desde que vi esa noticia, me entristecí profundamente: hasta el momento que me quedé, eran 52 las personas muertas de una manera horrible, calcinadas o asfixiadas en un incendio provocado por el crimen organizado, en una de las ciudades que más quiero: Monterrey, Nuevo León.

Esa ciudad donde tan feliz fui, la que tantos recuerdos hermosos guarda entre sus calles para mí; es también la ciudad que ahora no reconozco y no quisiera reconocer.

Ya en años anteriores, me había tocado ver actos de terror relacionados con el crimen organizado, durante mi estancia en Lázaro Cárdenas, Michoacán hace 3 años, o en un viaje a Reynosa, Tamaulipas, a finales del año pasado, cuando desafortunadamente mi estancia coincidió con la muerte de Antonio Cárdenas Guillén en Matamoros y todos los acontecimientos violentos desencadenados en la frontera norte, relacionados con ese hecho.  Pero sin duda, lo que sucedió en Monterrey, no tiene comparación con nada. Tanto, que de pronto quiero creer que esto no está pasando en mi México querido.


Porque en el México con el que sueño, aún se puede pretender ser policía o ser periodista, sin que el ejercer esas profesiones ponga en riesgo la vida misma.

Y en el México con el que sueño, aún puedo salir a divertirme y disfrutar de un partido de futbol o de una tarde en un casino, sin que eso represente un suicidio masivo.

No tengo banderas ni colores políticos. Pero tampoco soy de la idea de que tengamos que vivir ni con apatía ni con miedo. Porque el miedo, les da el poder a todos aquellos que viven de él. Somos más los que queremos un México libre de violencia, de terror y un México productivo, competitivo, hospitalario y trabajador.

Creo que es, precisamente el miedo a cambiar, el miedo a opinar, el miedo a ser un país distinto, un país exitoso, lo que hace que como sociedad, sigamos viendo este tipo de cosas y pensando que mañana todo seguirá igual y que nada podemos hacer para cambiar nuestro destino como país.

Somos nosotros. Esta es nuestra sociedad y nuestra vida. Nosotros elegimos a nuestros gobernantes y es nuestra responsabilidad informarnos de lo que hacen para poder exigir resultados distintos.

Es nuestra responsabilidad, no marcar una boleta electoral por los colores de un partido, sino por la trayectoria, los logros y las propuestas de nuestros candidatos, independientemente de sus banderas.

Es nuestra responsabilidad educar a nuestros niños de tal forma que prevalezca en ellos la consciencia por el respeto, por la honestidad, por el estudio, por el trabajo duro, por las buenas propuestas y por la participación en los temas que nos involucran a todos.

Te invito a ti, que como a mí, te indigna nuestra realidad, a que no te quedes con las manos cruzadas ante lo que estamos viviendo.

Sé que como yo, quieres también un México mejor… Yo te pregunto: ¿estás haciendo lo suficiente para conseguirlo?

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lunes, 27 de junio de 2011

Monstruo #6: "No me odies por ser bonita"... por Elena Savalza

Para quienes al leer el título de esta entrada, se les haya ocurrido pensar: “¡Ay, Elenita! Bájale a tu vanidad…”, les pido por favor que se relajen y sigan leyendo, porque mi intención con este escrito dista mucho de hacer una descripción elocuente de mis atributos físicos.
Estoy completamente segura de que, prácticamente todos los que nos hacen el favor de leernos, han escuchado la famosa frase:
“Entre mujeres podemos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño”


La teoría popular dice, que por más que las mujeres gocemos hablando mal una de la otra e incluso poniéndonos de pronto y como al descuido una “piedrita en el camino” con la esperanza de que la otra caiga; al final, siempre terminamos saliendo en nuestra propia defensa, para evitar que esa otra, salga lastimada; por el simple principio de solidaridad que nuestro propio género nos exige.
Sin embargo, con tristeza les expreso que me he encontrado en la experiencia diaria, que no siempre ocurre así…
Tengo la fortuna de contar con muy buenas amigas. Gracias a Dios, jamás ha faltado a mi lado una gran mujer en quien confiar y debo confesar que, normalmente, son mis buenas amigas las que con su apoyo, me han hecho salir a flote cuando de pronto creo que el barco se me ha hundido.
Pero también, recientemente he notado una tendencia: mientras más crezco profesionalmente, mientras más tiempo pasa y sigo soltera y sin hijos, mientras más muestro mis capacidades y habilidades en el terreno laboral, mientras más pregono mi libertad de pensamiento y mis ideas, me convierto también en el blanco predilecto de críticas y ataques.
Y adivinen de quiénes…. ¡De mujeres!
Sí, de mujeres que quizá eligieron el matrimonio como forma de vida y que ahora anhelan la libertad que yo sí tengo. De mujeres que eligieron estudiar la Licenciatura en MMC (mientras me caso) y ahora están insatisfechas con su carrera. De mujeres casadas y con hijos que anhelan, quizá, sus más tiernos años de juventud. De mujeres que quizá no se atreven a expresar libremente lo que piensan y sienten por temor a esa crítica y ven con cierto recelo el que yo sí lo haga.
Hablo en primera persona, pero sé que muchas de las que nos leen han pasado en determinada situación por lo mismo. También sé que cada cabeza es un mundo y que hay mujeres que, a pesar de cualquier diferencia, siempre mostrarán mucho respeto y apertura ante ideas que no necesariamente coincidan con las suyas.
Pero, a esas otras mujeres, las que critican y agreden, quiero decirles, con el debido respeto y admiración que me merece cada una de ellas, por el simple hecho de tener la profesión más difícil del mundo: la de ser MUJER…
Sí, me declaro “prófuga del altar”, porque me he escapado algunas veces de él. Ha sido demasiado simple la razón: cada día que pasa, me niego más a la idea de casarme “porque se me va el tren” y agarrar cualquier carcacha de marido. No veo el matrimonio como una puerta de salida de una vida insatisfecha, si no como una opción para que, a través de él y con la elección correcta, pueda contribuir a una sociedad mejor.
Por fortuna, descubrí que tengo más opciones de vida que de la misma forma, me han hecho feliz….
Pero la soltería tampoco es un “camino de rosas”. Como todo en esta vida, tiene sus pros y contras. A veces anhelo un marido con quien pelear o llegar a casa y encontrar quien me dé un beso y un abrazo. A veces quisiera no preocuparme por pagar mis cuentas y solamente dedicarme a decorar mi casa o a tomar el té con mis amigas.
He tenido, sin embargo, la oportunidad de “sacarles” dinero a varios hombres poderosos y ricos con los que, por azares del destino me he relacionado, pero he elegido no hacerlo; sencillamente, porque denigra mi capacidad de autosuficiencia y porque sé que de todas las cosas que un hombre podría aportar a mi vida, el dinero es una de las que, gracias a Dios, puedo proveerme sola.
Elegí una carrera que me apasiona, pero en la que en infinidad de ocasiones, he estado expuesta a tipos que por el simple hecho de ser mujer y estar soltera a mis 28 años, creen que estoy “necesitada de afecto” y me hacen toda clase de propuestas para tener sexo con ellos a cambio de muchas más cosas de las que se pueden imaginar y de las que la sabiduría popular cuenta. Para colmo, muchas veces estos tipos, han sido clientes importantes o mis propios jefes y he tenido que sonreír y decir “no, gracias” con toda la sutileza del mundo, porque no puedo ser "ni tan sangrona ni tan fácil". Me ha tocado hacer  malabares para encontrar el sano punto medio, que ponga a salvo mi integridad física y moral, pero también mi trabajo.
E irónicamente, son tipos que tienen una esposa, que en muchas ocasiones me ve como “una amenaza”, porque secretamente piensa, que por no tener marido quiero quitarle al suyo… sin saber absolutamente nada de mi vida, mis gustos y lo que realmente deseo para mí.
Y bueno… quizá si haces un recorrido por todas las entradas de este blog escritas por mí, vas a corroborar que ha habido más de un hombre en mi vida. ¿Bueno o malo? No lo sé… yo pude hacerlo y así se me han dado las cosas. Si tú elegiste al mismo hombre para siempre y así eres feliz, yo no te juzgo.
Quizá algún día yo encuentre también al hombre que haga que entienda esa perspectiva. Pero también, muchas veces creo que ya lo encontré… y lo dejé pasar, porque sé que la felicidad tiene varios caminos y probablemente, el mío no es el que, por tradición, se le pinta a una Princesa de Cuento de Hadas.
Si, anhelo algunas veces, un Príncipe Azul en mi cuento. Pero con el tiempo aumenta el estándar y me vuelvo más exigente. Así que ya no me conformo con cualquier Sapo para compañero de vida… pero eso no implica que no los disfrute, aunque sepa que “no son el adecuado”. La eterna lucha por encontrar el Príncipe Azul, no se ha vuelto el motor de mi vida, porque afortunadamente, cuento con muchos sueños más.
Digo lo que pienso y lo que siento. Lo escribo cortés y diplomático, pero igual lo digo. No por cinismo, por descaro o por exhibicionismo, si no porque no sería yo, si no compartiera con ustedes algo que me apasiona: comunicar.


Como tú, he tenido miedo, he dudado, me enojado hasta con Dios… Pero también, he reído mucho y vivido mi vida al máximo. Realmente existen muy pocas cosas que haría distinto si tuviera otra oportunidad. He aprendido de todo lo que me ha pasado, bueno y malo; pero eso no implica que de pronto, caiga de nuevo en los mismos errores, sencillamente porque soy un ser humano. No soy perfecta… solamente soy una mujer.
Me entristece ver, cómo de pronto podemos atacar y criticar, sin saber lo que hay detrás. Pero me enoja sobremanera, el presenciar que muchas veces no necesitamos ser maltratadas ni denigradas por ningún hombre, como en nuestro papel de “víctimas” decimos: entre nosotras mismas tenemos a nuestras principales depredadoras.
No es pecado ser soltera ni profesionalmente exitosa. No es pecado ser independiente y autosuficiente. No es pecado vivir sola. No desear tener hijos por el momento, no me convierte en un monstruo contra natura. Tampoco es delito ser guapa y desenvolverse en ambientes de “hombres”… Solamente es una forma de vivir que algunas elegimos…
Por eso, con toda la dignidad y el derecho que me otorga ser una mujer que ha luchado por lo que ha deseado y que sabe que aún le falta mucho por conseguir, pero también por aportarle a este mundo para que sea un lugar mejor, te digo también, mujer: “No me odies por ser bonita”.
El día que dejemos de vernos como nuestras propias enemigas y dejemos de ser nuestras principales depredadoras, ganaremos el respeto y la voz por la que tanto hemos peleado en nuestra sociedad, en todos los aspectos.

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miércoles, 1 de junio de 2011

Guerrera Fénix... Por Elena Savalza

Hace 24 horas una Guerrera estaba hecha polvo porque una herida del pasado volvió sangrar. Ella creyó, como muchas veces creemos irresponsablemente, que la herida había cicatrizado hacía mucho tiempo y que hoy solamente quedaba la marca sobre su piel y los recuerdos de aquella batalla, en la cual, salió sumamente lastimada.
Pero la herida jamás cicatrizó desde el fondo. Y como sucede en estos casos, solamente bastó un rasguño para que sangrara con más fuerza y con más dolor que antes. La Guerrera se dio cuenta de que en realidad, la herida había sido demasiado profunda y la cicatrización no alcanzó más que la capa superficial de la piel.
Y la consecuencia lógica de una herida que no se limpió profundamente en su momento, es que supuró. Hubo que remover las pequeñas capas de piel para quitar todas las células que se habían dañado y que estaban penetrando cada vez más en el cuerpo y en el corazón de la Guerrera, sin que ella pareciera percatarse. La limpieza de la herida provocó un dolor insoportable, pero por desgracia, absolutamente necesario para que ella comenzara su proceso de renovación. Hoy está segura de poder cicatrizar…
Yo soy esa Guerrera para la cual amorosamente Ámbar escribió su nota el día de ayer y que seguramente, no sólo me reconfortó a mi, si no a muchos de los lectores de este blog.  Esta Guerrera, hoy está decidida a enfrentar el terrible monstruo que significa el peso del pasado.
El lunes me sentí aterrada y perdida. Me sentí tan confundida y tan vulnerable que estuve a nada de escribir mi última entrada para despedirme de este espacio. Ya no quería escribir, porque justo ayer dos de los personajes de mis historias me reprocharon de muy mala forma lo escrito aquí. Uno (el que menos me interesa, realmente) porque su nueva Princesa al leer este espacio descubrió otra faceta de su recién adquirido Príncipe…
Pero el otro verdaderamente me dolió. Con dos frases, el que he considerado “el amor de mi vida”, cuestionó si de verdad lo quería tanto como había dicho, porque conoció aquí otra cara de lo que fue nuestra historia juntos, el antes y el después…
Al leer eso, tuve que regresar el tiempo varios años y reencontrarme con todo el dolor y el coraje que sentí cuando lo perdí. En tan solo unas horas, mi corazón entró en un grave conflicto de información. Llegaron a mi mente todos los recuerdos malos y dolorosos, recuerdos que volvieron a despertar todo el rencor y el miedo reprimido, el dolor, la frustración, el coraje, la tristeza y la decepción que en su momento sentí y que nunca me atreví a expresar.
Fue incomprensible para mi cabeza entender por qué alguien a quien amé tanto y quien fue y sigue siendo tan importante para mí, me generaba al mismo tiempo esta reacción y esta serie de emociones tan negativas, que desbordaron en un llanto incontrolable y un puñado de palabras carentes del más mínimo sentido de cordialidad, pero cronológicamente estructuradas para ser tan hirientes, que seguramente el destinatario recibiría la puñalada directa que en ese mensaje yo estaba enviando.
Y el mensaje tuvo respuesta… De hecho, tuvo tres mensajes de respuesta. Ayer, después de haberle enviado ese correo donde no dejaba lugar a dudas de lo lastimada que me sentía por él y de cómo las emociones negativas acumuladas por años me habían hecho tanto daño, tuvo mensajes de respuesta que no me atreví a abrir y que eliminé de mi buzón de entrada sin conocer su contenido.
Volví a sentir miedo. No me consideré lo suficientemente fuerte como para soportar otra frase que me lastimara y me hiciera desplomarme. Y sí, cobardemente, decidí terminar con la “conversación” y retirarme de la batalla, porque una buena Guerrera también sabe cuándo retirarse de una batalla perdida y cuando luchar hasta el final.
¿Pudo haber sido una frase de disculpa? Es posible, pero muy poco probable. De todas formas, a estas alturas no cambia nada. Como dijera la canción de Enanitos Verdes: “Un buen Guerrero no vuelve la vista atrás”.
Lo amé mucho, lo amé más que a ninguno. No sé si lo que siento todavía por él es amor o es el apego que genera el resentimiento guardado tantos años por todo lo que en su momento no pude expresarle y que apenas ayer dejé salir como una avalancha de reproches sarcásticos. Lo que sí sé, es que al restregárselo en la cara y al quitarme la máscara de niña buena y condescendiente, de amante complaciente, de mujer sumisa y entregada por completo a él, me liberé de un peso que cargué por años.
Hoy me confunde el amanecer... No sé exactamente que pasará en los próximos días ni en qué momento recobraré la paz perdida.
Pero descubrí que apenas hoy, al dejar fluir todo lo que sentía, al dejar de esconder bajo el amor que le tengo, todo el dolor y la frustración que me generó no solamente su ausencia, sino su aparición misma en mi vida; al dejar de confundir el perdón por lo que pasó con la negación de lo sucedido, pude verdaderamente comenzar el proceso para cerrar el ciclo que he mantenido abierto por años.
Hoy comienzo a elaborar el duelo. Sé que lo amé y que significa y significó mucho para mí, aun cuando se atrevió a cuestionarlo y a dudar de ello. También entiendo que ahora que externé todo el coraje y la frustración que me consumía por dentro, estoy dejando un espacio importante en mí interior.
Lo voy a extrañar, quizá más de lo que lo he extrañado durante estos años. Pero poco a poco el vacío que está dejando se irá llenando de mejores cosas y el ciclo cerrará de nuevo. Sé que muy pronto podré volver a decirle desde el fondo de mi corazón, el amor infinito que en distinta forma, siempre le tendré y lo mucho que deseo que encuentre toda la felicidad que se merece.
Seguramente han escuchado hablar del Ave Fénix. Esta criatura mitológica de la antigua Grecia, del tamaño de un águila real, que se distinguía por su singular apariencia de colores exóticos, pero sobre todo, porque cada 500 años se consumía en su propio fuego y finalmente, resurgía de las cenizas, para brillar con todo su esplendor.


Pues hoy, como el Ave Fénix, me muestro de nuevo dispuesta a resurgir de las cenizas generadas por el fuego interno que me consumía al no enfrentar mi pasado, para resurgir de ellas con mayor fuerza y con nuevos bríos.
Quizá en algún momento, al igual que yo ahora, sentiste que el mundo se te venía encima. Probablemente pensaste que el túnel oscuro que viste no tenía final y que mañana no amanecería de nuevo…
Es completamente normal sentirse de pronto devastada. Lo que no es normal es estacionarse demasiado tiempo en esa devastación, porque el mundo no permanece estático y debemos adaptarnos a eso…
No esta mal llorar, no está mal sentirse vulnerable de vez en cuando. Absolutamente todas las pérdidas, emocionales o físicas, requieren de un proceso de duelo para poder ser superadas. Este proceso se vive en distintas etapas y es diferente para cada uno de nosotros por lo que nadie te puede decir cómo vivirlo, ni criticarte o regañarte por ser “débil”.
Recuerda al Ave Fénix, que para renacer con mayor fuerza, tenía que resurgir de sus propias cenizas…
Quizá hoy sientas que estás convertida en cenizas, pero estoy segura que mañana volarás con todo tu esplendor y tu belleza de nuevo…
Es cuestión de fe… y si algo le sobra a una Guerrera Fénix, es fe…
Dedico esta nota a Edit: otra Guerrera Fénix que estoy segura, pronto encontrará de nuevo el camino para convertir sus cenizas en la criatura esplendorosa y luchadora que yo sé que es…
¡Gracias por todo su apoyo y nos seguimos leyendo!

sábado, 30 de abril de 2011

Dependencias Destructivas: carta de despedida de un Príncipe para su Princesa... Colaboración Anónima

Hace no mucho tiempo en los EEUU en un lugar donde aplica la pena de muerte, ejecutaron por medio de la inyección letal a un mexicano por un delito que supuestamente él cometió. Uno de sus últimos comentarios fue: "podrán quitarme la vida, pero las ganas de vivir nunca".
La vida en ocasiones no depende totalmente de uno mismo. En el caso de ese hombre, no tenia ninguna alternativa, no podía escapar. Pero a veces la gente es presa de su propia cárcel mental.
¿Y qué es una dependencia destructiva?: es cuando yo mismo permito que alguien controle lo que hago, que decida por mi aun sin que supuestamente yo lo permita. En fin, que esa persona determine qué debo, puedo y quiero hacer.
Uno no reconoce normalmente que así sea. Uno jura que es libre y que todo lo que uno hace es decisión de uno mismo.
Primero, debo aceptar que me quiero, que soy lo más importante en mi vida y que no importa lo que piensen o sientan los demás por mi, primero esta mi felicidad.

Segundo, debo tener determinación sobre cómo quiero vivir, debo hacer a un lado lo que me estorba, ya que la otra persona siempre va a querer estar controlando la situación.

Tercero es accionar;  el preso no podía decidir entre salir libre o no; no tenía opciones. Pero yo no me puedo quedar cruzado de brazos cuando digo que quiero un cambio en mi vida, no me puedo permitir seguir dependiendo de terceras personas para crecer,  no me puedo permitir engañándome creyendo que la gente cambia tan solamente porque tengo fe en que va a cambiar.
Y si descubro que alguien me daña, me largo, me alejo, me desaparezco, me esfumo, me pierdo, me voy…
Es simple; tengo que cortar esa dependencia. Limpiar lo que es basura, romper el esquema absurdo de que debo hacer las cosas como me han enseñado. Dejar de chantajearme a mi mismo con eso de “¡pobrecito de mí, como sufro, soy el tapete písenme, písenme!”...

Soy el amor de mi vida. A partir de ahora no dependo de nadie más que de mi mismo para disfrutar la vida, pero lo hago por amor a mi mismo, porque en realidad me quiero y no puedo permitir que nadie decida mi sentir ni mi pensar.  Eso es libertad.

Y cuando soy libre entonces empiezo a ver a mi alrededor y me doy cuenta que también hay belleza, que no todo son broncas, que empieza a florecer dentro de mi la paz, que algunas cosas me inspiran ternura, que cada amanecer es otra oportunidad para crecer.

Y sigo descubriendo cosas que estaban ahí pero que no las podía apreciar por tener los ojos cerrados ante una supuesta realidad de la cual no me podía escapar. Y entonces empiezo a disfrutar la vida, empiezo a saborear de nuevo ese rico café.
Voy redescubriendo que mis ideas pueden también ser vulnerables, que a veces me puedo equivocar, pero que debo darme permiso de equivocarme, y aún así no pasa nada. La vida sigue y yo con ella disfrutando de mi café.
Poco a poco voy reconociendo que tengo derecho a amar, y que otros tienen también derecho a amarme, que así como alejo de mi a quien no quiero, debo aceptar que se acerque a quien si quiero.
Pero para entonces ya habré logrado comprender el verdadero sentido de la vida,  que es en realidad goce, disfrute, placer. Quizás habrá alguna pena, pero también es parte de la vida misma, mas no significa que deba yo vivir penando. Los problemas no son más que tropiezos que nos sirven para crecer.
La vida es tan simple pero nosotros la hacemos compleja, hay belleza en todas partes sólo que la belleza es muy subjetiva y eso es lo más interesante. Aquí lo importante es que cada quien disfrute esa belleza a su manera.
Te confieso que hace muchos años cualquier cosa me deprimía. Pero un buen día entendí que no podía seguir chantajeándome so pretexto de que las cosas tenían que ser a mi manera. Y entendí que tenía derecho a equivocarme, pero también que debía reaccionar rápido.

Ahora no se en verdad si hago o no lo correcto, tan solo me dejo llevar por el momento, dejo fluir la vida,  trato de analizar menos y disfrutar mas. Me levanto y lo primero que veo cuando salgo a la calle es el cielo, cuando es de mañanita me detengo unos segundos y observo el firmamento y veo las estrellas, luego respiro profundo y siento como entra el aire fresco en mi cuerpo.
Disfrutar la vida es desvelarme escribiéndote esto porque si no lo hago ahora mañana no sé si me anime.
Esto no es una clase de motivación ni nada que ver,  es simplemente querer transmitirte que mi vida no es perfecta, pero que yo la hago a mi manera y que trato de compartirla con mis aciertos y errores con las personas que aprecio.
Yo creo firmemente que Dios existe, aunque no me apego a las religiones,  me ha dado por estudiar las diferentes creencias religiosas, pero no me convencen los planteamientos que tienen, sobre todo cuando se trata de que casi todas siembren miedos para mantener cautivos a sus seguidores. Pero entiendo que es de respetar cada idea o planteamiento de la gente y con eso no me meto.
También creo en el Amor y en la pareja pero considero que como tú bien dices no tienen porque estar hermanados, y en efecto, hay muchas parejas sin amor. Pero el amor como tal es algo tan lindo y tan complejo que a veces nos desequilibra y nos da miedo, y a veces tratamos de suprimirlo, de encubrirlo, de evitarlo, pero es algo que tarde o temprano sale, así como sale el sol después de la noche y nadie lo puede evitar.
Cuando uno madura, se da cuenta de que no hay razón para negar algo tan sublime y que no hay nada que se compare al placer de sentir lo que se siente junto a la persona amada y ahí se pierde la razón y el intelecto deja de funcionar.
Sabes, fue muy lindo y reconfortante saber que de alguna forma he estado presente en tu vida, pero si digo que las dependencias destructivas son cosas que uno permite que se den entonces debo sostener con pruebas lo que digo, sino, soy incongruente entre mi decir y mi accionar.  Por tanto y para no entrar en discusiones he tomado una decisión muy linda, que creo que me va a facilitar mi accionar en la vida.
Te doy las gracias por haberme permitido compartir un poquitito de mi forma de pensar, también te agradezco enormemente la oportunidad de volverte a ver y saber de ti, en verdad ha sido una gran emoción la que sentí cuando me contactaste en el FB, y sobre todo porque fue el parte aguas para poder sacar un sentimiento que tenía ahí guardado durante mucho tiempo y que por tonto no pude expresar en su momento. Pero eso no tiene importancia, después de todo solamente yo sé lo que sentí por ti.
Agradezco a Dios la oportunidad de coincidir en este mundo y en este tiempo contigo.
Suena a despedida pero tal vez en algún otro tiempo volvamos a coincidir, eso solamente el tiempo lo dirá.

Creo que no puedo decir adiós, sino hasta siempre…

domingo, 17 de abril de 2011

"Princess Having Fun!"... ¡por eso adoro el Boras!... Por Elena Savalza

Hola a todos, quiero informarles que a lo largo de estos meses en los que los hemos hecho partícipes de nuestras travesuras, penas, decepciones y también de muchas alegrías, hemos aprendido  una valiosa lección: los buenos momentos, si bien pueden ser muchos, también son demasiado cortos, así que hay que documentarlos y compartirlos, para hacerlos más duraderos.
En un principio, pensamos en tomar solamente la típica fotografía facebookera (sí, la auto foto, que sale toda fuera de marco, pero normalmente con tu mejor sonrisa). Pero creo, que algunas cosas valen la pena ser contadas.
Con esta idea en la cabeza, es que comenzamos esta crónica de lo acontecido el fin de semana que por cierto, estuvo lleno de fiesta, sorpresas y diversión…
Viernes por la noche:
Wendy, desde la Guadalajara Hermosa, estaba padeciendo tremenda depre sapera, la cual era consolada a larga distancia vía nextel (¡Bendito Dios por la tecnología!), por Ámbar. Dicha crónica se define ampliamente en la entrada Decisiones del Corazón.
Ámbar, desde el bello puerto de Manzanillo, había declarado desde temprana hora su elección por “hurañear” y quedarse en casa, para descansar de una ajetreada semana de trabajo. Dicho sea de paso, esto ayudó bastante para que pudiera apoyar a Wendy en sus momentos difíciles.
Elena (esa soy yo), la Princesa Rebelde, también en Manzanillo, tenía su compromiso con la socialité por cuestiones de trabajo, el cual era ineludible. Sin embargo, sabedora de que “mientras más corriente más ambiente”, se deshizo en cuánto pudo y cómo pudo de cumplir con dicha representación, para asistir a la fiesta de cumpleaños de Arali.
Al llegar a la fiesta, fue un gustazo enorme encontrarme con mis antiguos compañeros de trabajo y muchos amigos queridos. No hay forma de verlos sin que recuerde todos los buenos momentos y realmente, a pesar de que hace más de un año que no convivo con ellos diariamente y de que algunos se van y otros llegan, sigo sintiéndome en ese lugar, como si estuviera en casa.
Transcurría la noche con un asado riquísimo, entre bromas, cervezas, Malibú y frases célebres y memorables que en antaño hicieran nuestros días de trabajo más llevaderos. De pronto, me acerco al asador y veo un chico que hasta ese momento, era para mí un completo desconocido, el cual sin embargo, mostraba muchas atenciones conmigo.
Arali, se percata de que interactuaba con el desconocido en cuestión, cuando haciendo gala de sus dotes de anfitriona, me presenta con él.
Pronto comenzaría la hora del baile. Debo confesar que tengo 2 pies izquierdos y que bailar definitivamente no es mi hit (aunque por mi espíritu fiestero todo mundo piensa lo contrario).  Sin embargo, el desconocido en cuestión (que en ese momento ya sabía su nombre), se ofreció cortésmente a enseñarme todos los pasos de la quebradita.
Así que, aprovechando a mi maestro gratis de baile, comienzo a bailar con el Principito (lo llamaremos así por el momento), al principio asustada por sus pasos y quebradas extravagantes, pero después bastante confiada, pues sus brazos, su espalda y su estatura, eran más que suficientes para que yo no tuviera peligro de caer al piso en el intento por aprender a bailar.
En eso, el Principito pasa de ser “atento” a ser… digamos… un Sapo depredador. ¡Sí!... el niño comienza a hacerme preguntas ligueras (ya saben, el “estudias o trabajas” o el “tienes novio”, etc.). Percatándome de esto, no puedo evitar seguirle el juego y comenzar a coquetear con él (Lo siento, mi mujer sapo es demasiado fuerte aún en mi personalidad).
Avanzaba la noche entre la insistencia del Principito y las miradas protectoras (y hasta un tanto celosas) de mi querido amigo y casi hermano Chuy que a cada momento volteaba a ver cómo el niño me abrazaba mientras bailaba y de cuando en cuando se acercaba a preguntarme si estaba bien o en qué momento quería que me lo espantara (siempre cuidándome mi amiguito, por eso lo adoro).
En un momento, se termina la cerveza y nos toca ir por más. El Principito hace la “movida maestra” de arreglar que yo me fuera con él en el asiento trasero del coche. Yo hago como que no me doy cuenta y me voy con los chavos por más cerveza. En el trayecto, comenzamos a cantar y el Principito comenzó a ponerse romántico, cantarme al oído, etc., mientras el otro chico que iba con nosotros, hacía su parte también preguntándome si podía llamarme entre semana.
Cuando ambos me enfadan, les digo:
-          A ver Mis amores, antes de continuar de Don Juanes conmigo, muéstrenme sus credenciales de elector, necesito saber sus fechas de nacimiento para erradicar cualquier cargo de conciencia.
Ambos sacan sus credenciales. El chico que venía conduciendo ostentaba en su fecha de nacimiento el año 1987. “Es un nene” pensé. Pero, mi sorpresa vendría cuando el Principito saca su credencial y leo su año de nacimiento: 1991.
¡Sí! En un momento me estaba convirtiendo en una harpía asaltante de cunas…
Le comento, con la mayor sutileza posible, lo siguiente:
-          Mi vida, para mí es un halago que un niño tan lindo como tú, esté tratando de conquistarme por el motivo que sea. Pero, ubícate por favor… ¡Te llevo casi 10 años!
-          ¡A mí no me importa! – me contesta enojado el Principito – Te aseguro que si me das la oportunidad, no vas a arrepentirte… Sé hacer muchas cosas que te harán sentir muy bien…
Demasiado tentador… Imaginen mi cara de buitre al ver a un chavito bastante bien formadito, con la energía de un adolescente… prometiéndome cosas que me harían sentir muy bien…
Sin embargo, decidí no tentar al destino. Contra todos los pronósticos y la oportunidad de un “encuentro fácil”, le pedí a Chuy que me llevara a mi casa. 
No sé cómo hizo el Principito, pero consiguió mi teléfono. Al momento de escribir esto, llevo 4 llamadas perdidas, 2 recibidas y un mensaje de texto de él, insistiendo en que quiere “volver a verme” para demostrarme que la edad no importa y que puede hacerme sentir tan bien como cualquier hombre mayor.
¡Qué tal! ¿Se avientan?... Yo lo estoy considerando seriamente….
¡Llegó el sábado!:
Desvelada por el arribo a casa a las 4 am, me levanto a trabajar. Día relajado en la oficina y yo, con la autoestima por las nubes después de que el Principito me hiciera la noche y de ver su insistencia por teléfono. Decido ponerle un post a Ámbar en el Facebook, convocando a seguir la fiesta. Sí, nos iríamos a comer a la Kamelia… y quién sabe, ese lugar suele darnos bastantes sorpresas en cuanto a diversión.
Pero, obviamente la fiesta no podía parar allí. Con tremenda actitud de festejo, Ámbar y yo decidimos continuar en la noche “triunfando como las grandes”, en nuestro lugar consentido de Manzanillo, el Bora´s.
Debo decirlo, mi amiga se veía tremendamente bien con su mini vestido verde militar y sus súper ojazos.
Llegamos al bar y tomamos una mesa doble, a la espera de que Zahamara se animara a ir con nosotras y esperando también a nuestro amigo Erick. Extrañamos un poquito a Polo, nuestro mesero consentido en el Bora´s, que por suerte un poco más tarde se acercó a saludarnos, ya que iba llegando.
Transcurría la noche entre temas picantes y actualizaciones de chismes, cuando un par de chicas se nos acercan a preguntarnos si podían sentarse con nosotras en la mesa. Esto no hubiera sido ningún problema, si no es porque una de ellas era, precisamente, una de las mejores amigas del ex Sapo más reciente de Ámbar (referencia: leer entrada Volviendo a Empezar). 
Sabía que a mi amiga no le gustaba nada la idea, pero el Bora’s estaba lleno, así que, al confirmar que Zahamara y Erick no llegarían, les hablé a las chicas para que tomaran la mesa, pero no la separaron, si no que se sentaron con nosotros.
Después de 2 o 3 comentarios en donde Ámbar hacía visible su incomodidad ante la situación, se me ocurre decirle “por favor, ya suéltala, no permitas que arruine tu noche”.
Justo al comentar esto, volteo hacia la puerta y venía entrando una chica que es compañera de trabajo y amiga de El Príncipe que no fue (si, el mismo que no se quitó la armadura y que decidió tomar “la tercera opción”, mayor referencia ver entradas El Príncipe y su Armadura I, II y III). Al hacer mención de esto, Ámbar me regresa la estocada comentando en tono sarcástico “por favor, ya suéltala, no permitas que arruine tu noche”: ¡Touché!
Cuando ni siquiera habían pasado 5 minutos de esto, la vida me recuerda entonces eso de “ten cuidado con tus deseos, porque pueden hacerse realidad”. Sí, la energía, la atracción, lo que ustedes quieran llamar, me jugaron una mala pasada: el Príncipe que no fue hace su flamante aparición en el bar…
-          ¡Oh por Dios! – comento nerviosa – Ámbar, ¡mira quién acaba de llegar!…
Ámbar voltea a verme entre divertida y sarcástica y me dice: “recoge tu lengua porque te la vas a pisar”. De inmediato comenzamos a correr apuestas. Yo aseguraba que se quedaba y que ni siquiera me saludaría, Ámbar aseguraba que me saludaría pero que no se quedaría.
Me volteo hacia la playa, tratando de hacer como si no hubiera notado su presencia y con la esperanza de que las olas del mar reventando me quitaran el nerviosismo que sentía en ese momento, cuando siento la fuerza de su mirada. Ya me había visto y me estaba viendo. Así que no tuve más remedio que voltear…
Al cruzar nuestras miradas él intenta sonreír y me levanta la mano en señal de saludo. “¡Maldita sea, me encanta cómo se ve con esa camisa!”, pensé. Respondo en la misma forma el saludo, con una sonrisita nerviosa y levantando un poco la mano. Estaba tratando de digerir esa mirada, cuando sin más ni más, se acerca a la mesa y me saluda con un beso en la mejilla, al tiempo que le da la mano a Ámbar.
Intercambiamos 2 o 3 frases, las cuales ni siquiera recuerdo, pero así como llegó se fue. No solamente de nuestra mesa, también del bar.
Ámbar había ganado la apuesta. Y en mi cabeza, solamente la frase del poema que escribí hace unos días (“Cuando ya no piense en ti”):
“Si un día, cuando ya no piense en ti, llego a encontrarte por casualidad, no me desvaneceré ni enrojecerán mis mejillas. Te sonreiré, te saludaré como quien saluda a un amigo querido… y seguiré mi camino sin voltear hacia atrás y sin volver a pensar en ti…”
Transcurrió la noche y hubo de todo. De hecho, puedo decir que estuvo extraña pero bastante divertida. Una pelea entre turistas (el Bora’s es frecuentado casi siempre por la misma gente y nos ubicamos perfectamente, por lo cual, nunca sucede nada fuera de lo común y, al ser clientes frecuentes, tanto los meseros como los de seguridad nos protegen y nos cuidan, como el fin pasado, de los tipos que se quieren pasar de listos), otro turista que se vio lindísimo al protegernos del pleito que se llevaba a cabo justo en nuestra mesa, un poco de sangre y al final, todo volvió a la normalidad.
Este incidente, sin embargo, nos cambió la noche para bien. Las chicas a las cuales Ámbar tuvo tanta aversión en el principio, terminaron consiguiéndonos cervezas gratis con los rijosos. Yo veo de lejos a nuestros guaruras de la semana pasada (si, los amigos del Muñequito) y les hablo reclamando “dónde estaban cuando los necesitábamos”. De inmediato, los chicos nos llenaron la mesa que en un principio era sólo para 2, con más de 7 personas, entre ellos un chinito que no medía ni siquiera 1.50 m, pero que se subió a bailar a nuestra mesa, ganando la simpatía de todos los asistentes al bar y el apodo del “Tachidito”.
La banda se esmeró tocando rock clásico. La Cuca, Panteón Rococó, El Tri, El Gran Silencio, La Maldita Vecindad, Caifanes, Plástico, Ganja y hasta Maná, hicieron su aparición a través de las voces de los chicos de La Tostada de Pata.
La euforia colectiva de nuestra mesa, se extendió por los asistentes cuando empezamos a pedir a coro que la banda tocara “Ámbar” y “Caminando”. Bailamos, cantamos a todo pulmón y nos la pasamos genial con nuestros improvisados amigos que llenaron nuestra mesa.
Al final, las últimas canciones que tocó la banda, fueron precisamente las que estábamos pidiendo. Estaba yo cantando y bailando con todo el corazón y la energía que podía, las primeras frases de “Caminando”… “Ya estoy aquí parado esperando subirme a ese barco, estoy viendo hacia el mar y veo caracolitos volando…”  cuando en el “no hay, no hay prisa de llegar…”  vuelvo a sentir esa mirada que 3 horas antes pudo haber arruinado mi noche: sí, él regresó.
Sentí como se me quedaba viendo al bailar, mientras yo cerraba los ojos y disfrutaba de una de mis canciones favoritas, haciendo como si no lo vi. De nuevo, en el momento de bailar, volteo hacia el mar para ocultar mi nerviosismo; y funcionó, porque al dar de nuevo la cara hacia la barra, él había desaparecido…
La banda había terminado de tocar, así que decidimos irnos, no sin antes despedirnos de nuestros ahora amigos frecuentes (los guaruras) y las nuevas amigas (sí, las que Ámbar no quería en la mesa), así como de todos los que estaban en nuestra mesa y las mesas de alrededor que interactuaron con nosotros como si nos hubiéramos conocido de siempre.
Nos subimos al coche, contentas por la divertida noche que habíamos tenido. Al llegar a casa le pregunto a Ámbar:
-          Por favor dime ¿no puse cara de idiota al verlo, verdad?
-          No – contesta Ámbar- solamente te viste un poco sorprendida, no esperabas que te saludara ¿verdad?
-          Deseaba que no lo hiciera. – contesté yo -  Toda la semana lo he tenido en el papel de “decidió ser un tonto” y esperaba que siguiera manteniendo ese lugar.
-          Sí – me dice Ámbar- pero para tu mala fortuna, es un caballero y otra vez te demostró que no tienes nada que reprocharle. Tú buscas un motivo para tenerle coraje, pero no puedes, porque a pesar de todo, pudo haber tenido miedo o pudiste no haberle gustado, pero sigue siendo un tipazo.
-          Sí –  contesto resignada- Quisiera que me dejara de gustar, pero realmente, a pesar de cualquier cosa… el tipo me sigue fascinando y no puedo evitarlo…
En fin, para no hacerles el cuento más largo, va el resumen de lo aprendido en este fin de semana:
  1. Los buenos momentos duran muy poco, por eso hay que documentarlos y compartirlos.
  2. “Mientras más corriente, más ambiente”… no descarten jamás una fiesta de amigos, la noche puede traer sorpresas muy gratas.
  3. No subestimes jamás el poder de tus pensamientos…  Toda la semana pensé en él, hasta que materialicé su presencia, justo en el lugar al que por 2 semanas consecutivas he ido para olvidarme de él.
  4. Sin importar que haya pasado, no descartes ninguna oportunidad de conocer a la gente y divertirte. Ya ven, Ámbar no quería compañeras de mesa, pero terminamos pasándonosla muy bien y con 2 nuevas amigas y varios amigos más que hicieron que la noche, realmente valiera la pena.
  5. Vive, vive cada momento intensamente, es único e irrepetible. Puede ser que, como nosotras, repitas cada fin de semana el mismo lugar, pero definitivamente… cada experiencia es completamente distinta y vale la pena vivirla. Tu actitud ante los hechos, lo determina todo.
Deseamos que su fin de semana, haya sido tan divertido como el nuestro…