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lunes, 6 de febrero de 2012

Volver a Empezar... Por Elena Savalza

Un día te despiertas y te das cuenta de que tu mundo no es ni remotamente parecido al mundo que tenías hace unos días. Pasó en realidad muy poco tiempo, pero fue suficiente como para que todo se pusiera de cabeza en tu vida.

No eres la misma. Te sientes débil, te sientes triste y dormir es la única opción viable para ti, a menos que exista alguna forma de desaparecer o, por lo menos, de volverte invisible por un tiempo.

Dormir y esperar que, cuando vuelvas a abrir los ojos, quien sea que te haya robado todo lo que perdiste lo devuelva a su lugar.

Y escribes, porque es lo único que sabes hacer para sacar de tu corazón todo aquello que te estorba para continuar tu camino. Escribes todas esas cosas que jamás dirás y todo lo que por prudencia, por respeto y por amor, hoy debes callar.

Escribes… escribes mucho. Le escribes a él, le escribes a ella, le escribes a Dios.

Hasta que por fin, después de tanto dar vueltas sobre lo mismo, descubres que tus opciones son realmente muy pocas. Probablemente, se resuman en una sola:

Volver a empezar


¿Cómo? No tienes ni idea. Sólo sabes que en el libro de tu vida ha llegado el momento de cambiar la página. Quizá te gustó la historia que se comenzaba a escribir en los últimos párrafos, pero sabes ahora que nada era verdad y que tienes que continuar leyendo, porque si no, corres el riesgo de perderte de la mejor parte del libro.

Pero antes de volver a empezar, sabes también que hay varias cosas que tienes que plantearte para seguir tu camino:

Perdonarte…

… Porque no eres perfecta…

… Porque el castigarte no hará que cambies lo sucedido…

… Porque no eliges a quien amar…

… Porque la cabeza puede darte mil razones, pero el corazón no entiende de lógica…

… Porque no puedes pasar la vida juzgándote tan duramente…

… Porque enamorarse no es un error…

… Porque tu intención jamás fue lastimar, aunque lo hayas hecho…

… Porque confiar no es tan malo, si lo vemos desde la perspectiva de que “Debemos creer para ver”…

… Porque no puedes controlarlo todo…

… Porque, sin importar cuántas veces te hayas equivocado, te mereces una mejor historia…

… Porque sabes que perdiste algo muy valioso para ti, pero también sabes que nadie te quita lo que es tuyo. Así que si eso que perdiste verdaderamente te pertenecía, regresará a ti en alguna parte del camino y podrás dar continuidad a una historia que, quizá, quedó inconclusa. Pero si no era para ti, Dios se encargará de recompensarte y de llenar el espacio vacío que quedó….

Perdonar a terceros…

… Porque no puedes pedirle a otros que actúen como tú quisieras…

… Porque no todos comparten tu perspectiva de lo correcto…

… Porque cada quien actúa conforme a las herramientas espirituales con las que cuenta…

… Porque no puedes pedirle a un gato que ladre, ni a un perro que maúlle…

… Porque no eres responsable del actuar de los demás…

… Porque quizá la conclusión no fue del todo justa y te llevaste la peor parte, pero fue tu elección el dar final así, sabiendo que era la forma de dañar menos a la gente que quieres…

… Porque el resentimiento crea ataduras más fuertes que el mismo amor…

… Porque Dios se encarga…

Aceptar

… Porque nada de lo que sucedió lo puedes cambiar ahora…

… Porque sea que te parezca duro, cruel, injusto, inconveniente o mezquino, en cualquier hora, en cualquier momento, estás donde tienes que estar y el universo marcha como debe ser…

… Porque hasta cuando estás mal, estás bien…

… Porque te espera algo mejor, a partir de que aceptes tu presente y conozcas exactamente el lugar donde te encuentras parada…

… Porque no puedes recomenzar sin hacer un recuento de tus recursos, por lo cual es necesario que te centres en tu realidad actual…

… Porque en esto, como en todo, Dios tiene una lección para ti, que descubrirás muy pronto…

Despedirte

… Porque aquello que tuviste fue útil y valioso en su momento, pero ya cumplió su ciclo en tu historia…

… Porque debes alejarte de todo aquello que te causa dolor, sean personas o situaciones…

… Porque sólo dejando ir, podrás dar espacio para que cosas nuevas y mejores vengan a tu vida…

… Porque nada en esta vida dura para siempre: ni tu angustia, ni tu tristeza, ni tu culpabilidad, ni tu rabia, ni tu dolor…

… Porque todo pasa y todo cambia, así es la vida…

Ver hacia adelante

… Porque aún te queda mucho por hacer, mucho por vivir, mucho por aprender, mucho por lo cual sonreír…

… Porque tienes familia, amigos, trabajo, salud y proyectos…

… Porque aún queda amor en tu corazón…

… Porque dentro de ti tienes todo lo necesario para vivir una vida plena, sin ataduras al pasado…

… Porque aun puedes hacer muchas cosas buenas por ti y por los demás…

… Porque nuevas metas y nuevos proyectos están esperando que decidas levantarte de la cama e ir por ellos…

… Porque el café de la mañana, sabe mejor cuando sabes que tienes mucho por lo cual despertarte…

… Porque hacia atrás ni para tomar impulso…

… Porque Dios está contigo y no necesitas nada más que eso…

… Porque si Dios te dejó caer, también te dará la valentía para levantarte…

… Porque en tu mente y en tu corazón, siempre serás esa Guerrera Fénix que resurge de las cenizas, regresando más fuerte que nunca…

Y ahora que ya lloraste, ya gritaste, ya dormiste, ya viviste el dolor y la desesperación hasta cansarte, solamente debes perdonarte, perdonar, aceptar, dejar ir y gritarte en voz alta:

¡Volvamos a empezar!

“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza y quien a Dios tiene, nada le falta…”

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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Guerrera Fénix II: la lucha contra el miedo y el orgullo... Por Elena Savalza

Hace unos meses, nació una “Guerrera”.

Y no es que las Guerreras se formen siempre de la noche a la mañana, sino que, como en muchos otros casos, la Guerrera Fénix siempre había sido una Guerrera. http://mujeresymonstruos.blogspot.com/2011/06/guerrera-fenix-por-elena-savalza.html

Sin embargo, en ese momento se vio obligada a nacer de nuevo y a reinventarse, porque una parte de ella había muerto, a consecuencia de un duro golpe recibido en su corazón, su alma y en todo su ser.

Desde ese día, la Guerrera Fénix había librado duras y distintas batallas, contra su oponente más importante: ella misma.


Atrapada entre los monstruos del orgullo y del miedo, trataba inútilmente de recuperar la fe, dejando de lado el amor. Incluso, renegando de él y maldiciendo el momento en que éste había entrado en su vida con tal fuerza, que al salir de ella, el efecto fue devastador.

Hoy fue distinto: la Guerrera Fénix decidió enfrentar abiertamente estos Monstruos, tan difíciles de vencer y por lo cual, tantas veces había preferido “sacarles la vuelta” y seguir su vida, con todo y los nefastos efectos de su presencia.

Hace unos días, mi “normalmente sabia” amiga Ámbar, me dijo algo que pocas veces aplico literalmente:

“Haz lo que sientas…”

En el momento en el que hablábamos, le expresaba mi tristeza porque el cumpleaños de “el amor de mi vida” estaba llegando y yo no podía acercarme a él para felicitarlo, ni siquiera por mensaje o una llamada.

Por una parte, el Monstruo del Orgullo, me gritaba (¡alza la voz cada que le place, obvio!) que después de todo lo sucedido, él “no se merecía ni mi amor, ni que yo conservara buenos recuerdos con respecto a él”. De más está decir, que tampoco se merecía ni mis buenos deseos ni mis bendiciones por su cumpleaños.

Pero, como si fuera poca esta sentencia, el Monstruo del Miedo, también hacía su parte: me decía (con voz bajita y temblorosa), que era una tontería intentar buscarlo y que lo más probable era que, si le hablaba o le mandaba un mensaje expresándole mis felicitaciones, él me rechazara y eso me provocaría un dolor insoportable. Por supuesto, el miedo a sentir dolor, me paralizaba para tomar una decisión y, ante la ausencia de ésta, seguía con la cabeza y el corazón hechos un lío.

Sin embargo, la memoria del corazón y el poder del amor, me dieron una lección desde el comienzo del día:

De pronto, en la madrugada de hoy despierto confundida, pensando que se me había hecho tarde para ir a trabajar. Reviso el celular (no uso ningún otro reloj) y veo la hora. Marcaba las 12:01 am del 7 de septiembre de 2011.

¡Jajajaja! ¡Así o más complot! En cuanto veo la hora y la fecha, el primer pensamiento que cruzó por mi cabeza fue “hoy es su cumpleaños”.

Me recosté y cerré los ojos. Hice una pequeña oración en donde le pedía a Dios que le concediera muchos años más de vida, mucha salud y toda la felicidad del mundo. Además, pedí porque todo el amor que le mandaba en ese momento, llegara de alguna forma hasta él.

Volví a dormir como un angelito. Me levanté, tomé café, me arreglé y fui a trabajar. Pero la vocecita de Ámbar no me dejaba en paz:

“Haz lo que sientas…”

¿Qué se supone que tenía qué hacer? ¿Tomar el teléfono y llamarlo solamente para escuchar su voz? ¡No! Seguro que habría colgado o me habría quedado callada en cuanto lo escuchara. ¿Entonces?... ¿Escribir en el blog y sacar mi frustración y miedo reprimidos? ¡Imposible! ¡Tengo mucho trabajo!

Entonces, sin pensarlo mucho más, decidí enviar un corto y frío mensaje de felicitación, donde solamente le mandaba un abrazo y le deseaba “feliz cumpleaños”…

Lo redacté con orgullo. Ni una pizca de lo que de verdad estaba sintiendo asomó por esas cortas líneas. Lo envié con mucho miedo, pensando en que, si acaso me respondía, sería una respuesta fría y dura que me dolería en el alma leer. Pero ya estaba hecho…

Unos minutos más tarde, vi un mensaje entrante: era su respuesta. ¡Qué hago! ¡Sí contestó!... ¿Lo elimino? ¡No! Eso hice hace unos meses y me arrepentí como no tienen idea…

Y haciendo gala de todo el valor que me quedaba, lo abrí. Menuda sorpresa me llevé al leerlo: agradecimiento, disculpa, ganas de hablar y mucho amor.

Por nada, me pongo a llorar en ese momento. Nunca creí que su respuesta fuera a causarme tanta felicidad…


Seguimos hablando, solamente por dos mensajes más, en los cuales nos reiteramos nuestros deseos de que las cosas hubieran sido distintas, el amor y agradecimiento que aún sentíamos el uno por el otro, la nostalgia por el pasado y lo mucho que valorábamos ambos los años que pasamos, juntos y separados.

Fue un final que nunca esperé. Jamás imaginé que, en mi afán por “regalarle” una felicitación de cumpleaños, obtuviera el mejor de los regalos: perdón mutuo y la confirmación de que el amor que nos tuvimos y el profundo lazo que aún nos une es tan fuerte, que ni el tiempo, ni la distancia, ni el orgullo, ni el enojo, ni los malos entendidos, ni el daño causado, ni las cicatrices del pasado, ni ninguna otra fuerza por poderosa que parezca, puede romper.

Hoy entendí, después de mucho tiempo, como es que el amor, por más ilógico e injusto que pueda parecernos, es la fuerza que mueve al mundo.

Sé que quizá no vuelva a verlo ni a abrazarlo. Pero también sé, que hoy él y yo, a kilómetros de distancia uno del otro, somos un poco más felices que el día de ayer, porque este pequeño gesto de dos personas que decidieron, aunque tarde, dar un paso adelante del miedo y del orgullo, hizo la diferencia en nuestras vidas y la hará por mucho tiempo…

Hoy sé que de verdad, algunas personas están de paso en tu vida, pero otras (como él) llegan para quedarse para siempre en tu corazón…

A veces, los cuentos de hadas no terminan como lo deseamos. Pero eso no significa, que no puedan tener un final feliz…

Gracias por compartir conmigo cada una de estas experiencias y aventuras…

Nos leemos pronto y hasta la próxima…

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miércoles, 1 de junio de 2011

Guerrera Fénix... Por Elena Savalza

Hace 24 horas una Guerrera estaba hecha polvo porque una herida del pasado volvió sangrar. Ella creyó, como muchas veces creemos irresponsablemente, que la herida había cicatrizado hacía mucho tiempo y que hoy solamente quedaba la marca sobre su piel y los recuerdos de aquella batalla, en la cual, salió sumamente lastimada.
Pero la herida jamás cicatrizó desde el fondo. Y como sucede en estos casos, solamente bastó un rasguño para que sangrara con más fuerza y con más dolor que antes. La Guerrera se dio cuenta de que en realidad, la herida había sido demasiado profunda y la cicatrización no alcanzó más que la capa superficial de la piel.
Y la consecuencia lógica de una herida que no se limpió profundamente en su momento, es que supuró. Hubo que remover las pequeñas capas de piel para quitar todas las células que se habían dañado y que estaban penetrando cada vez más en el cuerpo y en el corazón de la Guerrera, sin que ella pareciera percatarse. La limpieza de la herida provocó un dolor insoportable, pero por desgracia, absolutamente necesario para que ella comenzara su proceso de renovación. Hoy está segura de poder cicatrizar…
Yo soy esa Guerrera para la cual amorosamente Ámbar escribió su nota el día de ayer y que seguramente, no sólo me reconfortó a mi, si no a muchos de los lectores de este blog.  Esta Guerrera, hoy está decidida a enfrentar el terrible monstruo que significa el peso del pasado.
El lunes me sentí aterrada y perdida. Me sentí tan confundida y tan vulnerable que estuve a nada de escribir mi última entrada para despedirme de este espacio. Ya no quería escribir, porque justo ayer dos de los personajes de mis historias me reprocharon de muy mala forma lo escrito aquí. Uno (el que menos me interesa, realmente) porque su nueva Princesa al leer este espacio descubrió otra faceta de su recién adquirido Príncipe…
Pero el otro verdaderamente me dolió. Con dos frases, el que he considerado “el amor de mi vida”, cuestionó si de verdad lo quería tanto como había dicho, porque conoció aquí otra cara de lo que fue nuestra historia juntos, el antes y el después…
Al leer eso, tuve que regresar el tiempo varios años y reencontrarme con todo el dolor y el coraje que sentí cuando lo perdí. En tan solo unas horas, mi corazón entró en un grave conflicto de información. Llegaron a mi mente todos los recuerdos malos y dolorosos, recuerdos que volvieron a despertar todo el rencor y el miedo reprimido, el dolor, la frustración, el coraje, la tristeza y la decepción que en su momento sentí y que nunca me atreví a expresar.
Fue incomprensible para mi cabeza entender por qué alguien a quien amé tanto y quien fue y sigue siendo tan importante para mí, me generaba al mismo tiempo esta reacción y esta serie de emociones tan negativas, que desbordaron en un llanto incontrolable y un puñado de palabras carentes del más mínimo sentido de cordialidad, pero cronológicamente estructuradas para ser tan hirientes, que seguramente el destinatario recibiría la puñalada directa que en ese mensaje yo estaba enviando.
Y el mensaje tuvo respuesta… De hecho, tuvo tres mensajes de respuesta. Ayer, después de haberle enviado ese correo donde no dejaba lugar a dudas de lo lastimada que me sentía por él y de cómo las emociones negativas acumuladas por años me habían hecho tanto daño, tuvo mensajes de respuesta que no me atreví a abrir y que eliminé de mi buzón de entrada sin conocer su contenido.
Volví a sentir miedo. No me consideré lo suficientemente fuerte como para soportar otra frase que me lastimara y me hiciera desplomarme. Y sí, cobardemente, decidí terminar con la “conversación” y retirarme de la batalla, porque una buena Guerrera también sabe cuándo retirarse de una batalla perdida y cuando luchar hasta el final.
¿Pudo haber sido una frase de disculpa? Es posible, pero muy poco probable. De todas formas, a estas alturas no cambia nada. Como dijera la canción de Enanitos Verdes: “Un buen Guerrero no vuelve la vista atrás”.
Lo amé mucho, lo amé más que a ninguno. No sé si lo que siento todavía por él es amor o es el apego que genera el resentimiento guardado tantos años por todo lo que en su momento no pude expresarle y que apenas ayer dejé salir como una avalancha de reproches sarcásticos. Lo que sí sé, es que al restregárselo en la cara y al quitarme la máscara de niña buena y condescendiente, de amante complaciente, de mujer sumisa y entregada por completo a él, me liberé de un peso que cargué por años.
Hoy me confunde el amanecer... No sé exactamente que pasará en los próximos días ni en qué momento recobraré la paz perdida.
Pero descubrí que apenas hoy, al dejar fluir todo lo que sentía, al dejar de esconder bajo el amor que le tengo, todo el dolor y la frustración que me generó no solamente su ausencia, sino su aparición misma en mi vida; al dejar de confundir el perdón por lo que pasó con la negación de lo sucedido, pude verdaderamente comenzar el proceso para cerrar el ciclo que he mantenido abierto por años.
Hoy comienzo a elaborar el duelo. Sé que lo amé y que significa y significó mucho para mí, aun cuando se atrevió a cuestionarlo y a dudar de ello. También entiendo que ahora que externé todo el coraje y la frustración que me consumía por dentro, estoy dejando un espacio importante en mí interior.
Lo voy a extrañar, quizá más de lo que lo he extrañado durante estos años. Pero poco a poco el vacío que está dejando se irá llenando de mejores cosas y el ciclo cerrará de nuevo. Sé que muy pronto podré volver a decirle desde el fondo de mi corazón, el amor infinito que en distinta forma, siempre le tendré y lo mucho que deseo que encuentre toda la felicidad que se merece.
Seguramente han escuchado hablar del Ave Fénix. Esta criatura mitológica de la antigua Grecia, del tamaño de un águila real, que se distinguía por su singular apariencia de colores exóticos, pero sobre todo, porque cada 500 años se consumía en su propio fuego y finalmente, resurgía de las cenizas, para brillar con todo su esplendor.


Pues hoy, como el Ave Fénix, me muestro de nuevo dispuesta a resurgir de las cenizas generadas por el fuego interno que me consumía al no enfrentar mi pasado, para resurgir de ellas con mayor fuerza y con nuevos bríos.
Quizá en algún momento, al igual que yo ahora, sentiste que el mundo se te venía encima. Probablemente pensaste que el túnel oscuro que viste no tenía final y que mañana no amanecería de nuevo…
Es completamente normal sentirse de pronto devastada. Lo que no es normal es estacionarse demasiado tiempo en esa devastación, porque el mundo no permanece estático y debemos adaptarnos a eso…
No esta mal llorar, no está mal sentirse vulnerable de vez en cuando. Absolutamente todas las pérdidas, emocionales o físicas, requieren de un proceso de duelo para poder ser superadas. Este proceso se vive en distintas etapas y es diferente para cada uno de nosotros por lo que nadie te puede decir cómo vivirlo, ni criticarte o regañarte por ser “débil”.
Recuerda al Ave Fénix, que para renacer con mayor fuerza, tenía que resurgir de sus propias cenizas…
Quizá hoy sientas que estás convertida en cenizas, pero estoy segura que mañana volarás con todo tu esplendor y tu belleza de nuevo…
Es cuestión de fe… y si algo le sobra a una Guerrera Fénix, es fe…
Dedico esta nota a Edit: otra Guerrera Fénix que estoy segura, pronto encontrará de nuevo el camino para convertir sus cenizas en la criatura esplendorosa y luchadora que yo sé que es…
¡Gracias por todo su apoyo y nos seguimos leyendo!