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sábado, 12 de enero de 2013

“¿Por qué no te has casado?” y otras preguntas incómodas de los 30’s... Por Elena Savalza


Advertencia a los lectores:

Si tienes una familia feliz y completa, estás casada y/o tienes hijos, tienes una pareja estable o eres hombre, probablemente creas que estoy exagerando. Pero si tienes 30 años o más, eres una mujer trabajadora y profesionalmente exitosa, pero tu estado civil y tu cuenta de Facebook le dicen al mundo que eres “Soltera”, estoy segura de que sabrás de qué hablo.

Es un hecho casi científicamente comprobado que, cuando tu vida profesional es más o menos prolífera, tienes la agenda más saturada que el Presidente de la República (pero sin su séquito de asesores y asistentes personales) y además intentas sacar adelante tus estudios, porque sabes que el aprendizaje no se detiene, mantener una relación amorosa (noviazgo, matrimonio o lo que quieras) y tener hijos, es una misión muy pero muy complicada. No digo que no se pueda, pues conozco a muchas mujeres que lo logran y que tienen una vida equilibrada entre el éxito profesional y su vida en familia; pero, sin temor a equivocarme, para la mayoría de las mujeres el pretender tener una vida laboral exitosa lleva consigo el llegar por las noches a casa y dormir en una cama vacía. Ese precio, no todas están dispuestas a pagarlo.

Afortunadamente, conozco cada día más mujeres que se atreven a tomar el riesgo y viven felices con lo que les deparó el destino, además de disfrutar sus logros. Piénsalo así: estadísticamente somos más mujeres que hombres, por lo cual es completamente lógico que alguna de nosotras quede soltera. Sin embargo, nuestro día a día aún nos impone el reto de romper un enorme paradigma: “Mujer Soltera” no es igual a “Mujer Sola”… y mucho menos “Mujer Infeliz”.

Preguntas como el “¿Por qué no te has casado?” o “¿Por qué no tienes novio?”, o comentarios como “Se te está yendo el tren”, “Por lo menos, ten un hijo para que no te mueras sola”, o “Métele velocidad porque la fecha de caducidad se te está acercando”, hacen que incluso a la más segura de las mujeres, le entre el pánico escénico por su futuro y caiga en fuertes depresiones o cometa errores como aceptar comportamientos inaceptables por parte de alguna pareja, sólo por creer que “no agarrarán más”. Créanme: conozco cada caso, que se sorprenderían de saber las cosas que llegamos a permitir por no pasar la “agonía” de la soledad.

Debido a todos estas interrogantes e ideas preconcebidas que, lejos de ayudar a la causa de las mujeres, hacen que de cuando en cuando nos sintamos más que miserables y hasta reconsideremos el “¿por qué?” de nuestra existencia en el planeta, me he dado a la tarea de compartir con ustedes, algunas reflexiones sobre el tema que, con bastante conocimiento de causa, puedo abordar hoy:


No te tomes tan en serio los comentarios de los demás. Recuerda que, aún en nuestro tiempo, se tiene la creencia de que la única realización posible para una mujer es casarse y tener hijos. Aunque nuestra incursión en el ámbito profesional ya es bastante bien recibida, no podemos negar que nos educaron (también a mi) para casarnos, tener hijos y formar una feliz familia. Es completamente normal que los que ya están de aquel lado nos digan a los que no, que nos “apuremos”, porque ya estamos en la recta final. El tener 30 años o más, y no tener pareja, no te convierte en una fracasada y tampoco tienes por qué justificar ante nadie ni tu soltería ni tu falta de descendencia. El amor y todas las cosas buenas del mundo, llega solo; siempre que estés abierta y receptiva para permitirles entrar a tu vida.

No querer casarte o tener hijos no te hace rara ni anti natural. ¡Para nada! Simplemente en la vida de todo ser humano existe una escala de prioridades, si entre las tuyas no figura el matrimonio o la familia en primer lugar, apégate a lo que para ti funcione y te haga feliz, sin pensar en lo que “la naturaleza” dicta. Después de todo, nadie puede criticar qué es lo correcto o lo incorrecto. Para mí es muy simple: lo correcto es lo que te hace feliz y las únicas prioridades que debes cumplir son las tuyas.

Rodéate de gente exitosa y positiva. Hay gente cuya mente siempre está activa y productiva y en sus pensamientos y palabras no existe espacio para amargar la vida de los demás, lejos de eso, se dedican a mejorar todo lo que tocan a su alrededor. Esa es la gente de la cual debes rodearte y de la que debes procurar aprender.

No te conformes con la primera “carcacha destartalada” sólo porque creas que “ya se te fue el tren”. Eso es un error más que común: a veces creemos que la persona que está a nuestro lado, por más imperfecciones, por peor que nos trate o por más cosas inaceptables que haga y que nos duelan, es lo único que hay para nosotras y por más que el día a día nos diga que debemos alejarnos de allí, el temor de quedarnos solas nos hace permanecer e incluso engañarnos con el “mi amor lo va a cambiar” o “no es tan malo como la gente dice”. La gente no cambia sólo porque sí. Estoy segura de que es mucho mejor estar sola, que estar acompañada de alguien que no te respeta ni te valora.

No vivas esperando al hombre perfecto, pero establece una métrica de lo que puede ser aceptable y no te bajes de allí. Muchas mujeres creemos que el tan ansiado príncipe azul de tus cuentos de hadas de la infancia todavía llegará. Si tienes por lo menos mi edad, ya sabes que eso no sucederá. Has conocido los suficientes hombres como para por lo menos identificar qué es lo que esperas en una relación. Establece esa escala y determina cuáles aspectos podrías negociar sin sacrificar tu integridad propia. Pero lo más importante: no permitas comportamientos o actitudes inaceptables, sólo porque creas que no puedes esperar más. Ese hombre bueno que estás esperando, si es que está en tu camino, llegará cuando menos lo pienses. Mientras tanto, debes encontrar sentido a tu vida y desarrollar otros aspectos que te harán sentir feliz y completa.

Tener un hijo no es la única forma de trascender. Si hay algo que he escuchado muchísimo es eso de que si muero sin hijos, no habré dejado ninguna huella en la vida. Sin embargo, considero que la gente al morir es recordada por sus obras, por las enseñanzas que dejó en vida, por la gente que ayudó y por el empeño que puso en cada una de sus acciones. Probablemente yo no tenga hijos, o quizá sí, no está en mis planes aún y realmente no siento la necesidad, el “llamado de la naturaleza” o cualquier cosa que se sienta cuando estás a punto de dar ese paso. Pero estoy segura de que, aunque nunca llegue a ser madre, encontraré otra forma de ser recordada (¡quizá escriba algún día un libro!).

Revisar las razones adecuadas por las cuales convertirte en madre. Considero que ser madre es la decisión más importante que se puede tomar en la vida, porque de ti dependerá nada más y nada menos que el futuro de otro ser humano que no pidió venir. Si lo deseas y crees que asumirás correctamente esta responsabilidad, adelante. Pero si sólo lo haces por “no sentirte sola”, te recuerdo que los hijos, como toda la gente que está en nuestra vida, son prestados: Dios decide cuándo se van y cada ser humano forja su propio destino, así que por más hijos que tengas jamás podrás atarlos a quedarse contigo toda la eternidad.

No pretendas encontrar fuera, lo que no tienes dentro de ti. Esto es muy importante: si la única razón para tener pareja o hijos es porque así te sentirás menos sola, más querida o necesitada, estás en un grave error. El amor inicia contigo misma y si no lo tienes de sobra por ti, será muy difícil que lo encuentres en alguien más. No confundas la necesidad con el amor. El hecho de “necesitar” a una persona para enfocar en ella tu atención, no implica necesariamente que la ames.

Intenta mantener contacto con el mundo real y entablar lazos fuertes y duraderos, fuera de una relación de pareja. Estoy segura de que, aunque seas soltera, tienes amigos, familia, trabajo, escuela y todo un mundo de posibilidades para estar ocupada y entablar lazos duraderos que sean lo suficientemente satisfactorios como para descubrirte a ti misma y explorar todo tu potencial creativo. Disfruta al máximo todo lo que hagas y cada una de las etapas de tu vida, pues es de todos esos momentos de los que se construye una vida plena y feliz. Tampoco caigas en el error de, por el hecho de no estar con nadie, descuidar tu aspecto personal o tu salud: tú eres lo más importante y verte bien es fundamental para sentirte internamente bien.

Esto no es una biblia, ni una norma o una ley. Las líneas escritas anteriormente son simplemente el punto de vista de una servidora, quien ya recibió las suficientes críticas por su estado civil y gracias a ellas descubrió que más allá de lo que los cánones sociales nos dicten, se puede ser feliz sin necesidad de tener un “príncipe consorte”, aún a los 30. El secreto es muy simple: haz lo que te gusta y mantente abierta a todas las posibilidades. Quizá la vida te sorprenda… cómo quiera que esto sea interpretado.

Nos leemos (o escuchamos) muy pero muy pronto…

Un fuerte abrazo a tod@s...


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domingo, 7 de octubre de 2012

"Simplemente amigos"... Por Elena Savalza


Durante el ciclo de la vida, ninguna transición es sencilla. El pasar de bebé a infante, de niña a adolescente, de joven a adulto, de estudiante a profesionista, de soltera a casada, de casada a divorciada y tantos otros cambios que sufrimos en la vida supone siempre en nosotros cierto periodo de estrés y de adaptación. Incluso hay algunas chicas (¡no entiendo por qué!) a las que el simple hecho de cortarse el cabello o cambiarse el color, las llena de ansiedad.

El final de una historia, necesariamente marca el inicio de otra. Así es la vida, todo pasa, todo cambia y todo termina, muchas veces no sabemos a dónde nos puede llevar y las relaciones amorosas no son una excepción. Hoy quiero referirme específicamente a uno de los grandes dilemas de cuando una historia amorosa se termina: ¿ser o no ser… amiga de mi ex? De primera instancia, quizá muchas de ustedes estén pensando que enloquecí. Tranquilas: les aseguro que todo esto tiene una razón…


Ya les he contado que, por mi trabajo, de pronto debo hacer alguno que otro viajecito corto a algunas ciudades de nuestro país; pues bien, hace unas semanas tuve la fortuna, el privilegio y la gran dicha (sin exagerar) de estar en el hermosísimo Puerto de Veracruz. Mis días allá fueron agitados en cuanto a trabajo, pero también gratificantes y divertidos en el terreno personal. Estaba completamente feliz, compartiendo en Twitter y en Facebook toda la belleza y el folclore de las tradiciones de Veracruz, así como presumiendo de uno que otro platillo típico que me tocó comer de la vasta y deliciosa gastronomía jarocha (para quienes me hacen el favor de leerme fuera de México, la palabra “jarocho” se utiliza para nombrar a las personas originarias del Estado de Veracruz), cuando mi estatus recibe un “like” en particular: era él.

Había estado “saliendo”, por llamarlo de alguna forma, con un chico con el cual la relación había sufrido muchas altas, pero más bajas. A pesar de eso, debo reconocer que compartíamos muy buenos momentos juntos y que despertar con él de cuando en cuando me hacía mantener una sonrisa durante todo el día. Durante algunos meses me sentí enamorada de él, aunque estuve siempre consciente de lo poco probable que era que “lo nuestro” pasara a ser algo más serio, porque ni mis condiciones actuales ni las suyas se ajustaban al escenario ideal para sostener una relación formal. Aún así, era bonito saber que él estaba allí, a sólo unos pasos y siempre dispuesto a escucharme, consentirme y apapacharme...

Estaba terminando mi segundo día de actividades, llegando a mi cuarto de hotel, cuando veo su “like”. Hasta entonces caí en la cuenta de algo que me heló más que el viento del norte: si no es por esa “señal de vida” y esa muestra de que, a la distancia, él estaba pensando de alguna forma en mí, yo me habría olvidado de recordarlo. Este viaje no era como en los tantos otros en los que, alejarme, irremediablemente iba de la mano con extrañarlo. Tuve que ir hasta el otro océano para darme cuenta de algo que no había querido admitir: ya no lo extrañaba…

Salí a divertirme, a escuchar bamba y salsa jarocha, a pasear por las calles del centro y a disfrutar el olor del café y de la algarabía de la fiesta en los portales. El hombre que había ocupado mi corazón seguía allí, pero había cambiado drásticamente de lugar. No sentía vacío en ese momento como tampoco lo siento ahora, sentía una inmensa paz y una alegría que provenía de otra fuente, porque el motivo de mis sonrisas y del brillo de mis ojos definitivamente ya no era él.

Luego, en el Aeropuerto de Veracruz, antes de abordar el vuelo a Guadalajara para regresar a Manzanillo, el abrazo, la mirada y la sonrisa que me despidieron antes de subir al avión, me dieron una pista de por qué mi corazón no se sentía triste de dejar de sentir lo que había venido sintiendo… pero esa historia la contaré después.

Regresé a Manzanillo y, fiel a la promesa que algún día le hice de que le avisaría cuando sintiera que esto se terminara, se lo dije. No hubo dramas, no hubo reproches, no hubo discusión. Él me dijo que deseaba lo mejor para mí, que me quería mucho y que sabía que yo era una excelente mujer. Días después lo volví a ver, por casualidad, y cuando nos encontramos nos abrazamos como siempre, sabiendo ambos que el gusto que sentíamos por vernos era genuino y que lo sentiríamos siempre. En esas circunstancias, es muy poco probable que lo quiera lejos de mi vida. Aún cuando no vuelva a ser para mí lo que fue todavía hace un mes, sé que lo quiero mucho…

En ese viaje entendí que, de pronto, vinculamos los finales de las historias de amor con una muy fuerte carga de dramatismo. Que, necesariamente, para que lo veamos lógico, debe haber engaño, traición, lágrimas y sufrimiento; pero no creo que siempre deba ser así. A pesar de todo lo difícil que fue en un principio, a pesar de las dificultades que tuvimos por estar juntos, a pesar de que a veces deseé no haberlo conocido, en el recuento de daños sé que le debo mucho. Le debo las ganas de volverme a enamorar, le debo los momentos vividos y le debo la caballerosidad del final. Hoy puedo decir que, si hay respeto, madurez y suficiente cariño, se puede comenzar de nuevo y ser amigos, “simplemente amigos”…

¿A alguna le ha pasado? ¿Ustedes qué opinan?

Dato curioso:

Revisando hace unos minutos mí Twitter Line vi este mensaje de una persona que no conozco y que no sigo, ni me sigue, pero que no sé cómo encontró mi perfil:


¡A cuidarme la garganta!… #PorSiLasDudas

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martes, 7 de agosto de 2012

"¿Dónde estás, Amor?"... Por Elena Savalza


Hay un punto en la vida donde tienes que decidir si avanzas y comienzas a obtener los frutos del terreno que sembraste por años o te debilitas y tiras por la borda todo tu esfuerzo anterior. De pronto, al encontrarte por fin en ese punto, llega de nuevo a tu mente la palabra a la que le dedicas gran parte del tiempo en tu vocabulario y gran espacio dentro de tus páginas escritas, pero de la que comienzas a dudar que conozcas su verdadero significado: AMOR.

Lo admito: he buscado el amor sin saber a ciencia cierta qué es lo que es. El que busca encuentra, sí. Pero de sobra sé que para lograr un objetivo, éste debe ser claro y alcanzable. ¿Cómo encuentras algo que, muy probablemente, ni siquiera conozcas?


Creí encontrarlo una noche cuando, tratando de alcanzar el cielo sin despegar los pies de la tierra, vi sus ojos (¡preciosos!) y su sonrisa. Allí estaba el amor (o se le parecía): mirándome, abrazándome, diciéndome cuánto le gustaba la música que yo disfrutaba. Pero así como lo vi, de pronto cambió de lugar. Después lo reencontré al pie del faro viendo las luces del puerto, mientras nos abrazábamos como si no existiera nada más. Hasta me imaginé que, por un momento, la magia estaba tan cerca de mi que la podía tocar con mis manos y llevarla para siempre en mi corazón...

Algo me dice que sí pudo ser el amor y que probablemente no entendí cómo tenía que haber sido. Sin embargo, habiendo pasado el tiempo, entendí también que la magia verdadera no se puede ocultar, porque lo auténtico siempre sale a la superficie. Si eso era el amor, se manifestará de nuevo en algún momento…

En ocasiones, lo he buscado en madrugadas cálidas de sueños profundos, con el corazón anestesiado para no sentir. También lo he buscado en días fríos, como quien busca un pequeño rayo de luz y calor dentro de la gélida obscuridad.

Muchas veces ha estado dormido, negándose a despertar. Es tan necio que se niega a salir de su escondite, tan miedoso que se resiste a sentir y tan desesperanzado e incrédulo que se niega a confiar. Es más seguro no atender, es más fácil ignorar y seguir durmiendo. Dormido no siente porque dormido sólo sueña, y en sus sueños todo está bien…

Pero estando el amor dormido, de pronto, alguien lo ha despertado golpeando mi puerta. Llega, me abraza, me besa, me acaricia y se mete en mi cama. Me quedo con su olor en mi cuerpo y las huellas de su paso entre mis sábanas. He despertado confundida y sola, sin saber si de verdad estuvo allí o mi imaginación y mis deseos fueron tan poderosos que lo trajeron a mí, como en un deja vu.

He buscado el amor y hasta creo que lo he sentido; odiando que me abrace como sólo él sabe hacerlo y como a mí me fascina. Odiando que la mujer  fuerte que parece que nada necesita, termine sintiéndose tan tranquila y tan segura allí, en los brazos del amor. Odiando sonreír como estúpida cuando se acaba de ir y que la sonrisa no me dure hasta que le vuelva a ver y le vuelva a sentir. He buscado el amor odiando… ¡Qué irónico! ¿No?


Lo he buscado en la quietud de mi habitación, cuando no distingo otro sonido que el del silencio y el de mis pensamientos recorriendo el paso de cada uno de los minutos transcurridos durante el día que terminó. Lo he buscado con mi mente en calma, cuando mis ojos se cierran y parece que no sabré nada más de ese día; cuando lo único que reconozco es la esperanza de que el mañana traerá consigo un nuevo comienzo y, con él, una nueva oportunidad. Cuando nada me distrae, nada me asusta y nada me duele…

He buscado el amor en distintas ciudades creyendo que, quizá, si me muevo sólo un poco, el amor fluirá y llegará hacia mí. Lo he buscado en muchos aromas y en muchos colores, con la esperanza de que tenga una forma, sabor o un perfume conocido.

Sólo por un momento se me ha ocurrido que el amor crezca en los árboles y que dé flores. Que sea semilla y que germine, que sea fruto y que alimente mi cuerpo, que sea una canción o una plegaria y que alimente mi espíritu…

Lo he buscado en diferentes pieles, en muchos brazos y en infinidad de rostros o cuerpos. Es grato creer que en algún momento el amor llegará y se presentará. Me dirá: “mucho gusto, también yo estuve buscándote” y tendrá un nombre conocido. A lo mejor,  lo encontraré bailando y cantando en algún bar o tocando la guitarra, el piano o el saxofón…

He indagado por él con otras gentes y me dicen que cuando lo tenga en frente sabré reconocerlo. También lo he buscado bajo los rayos del sol o entre la nieve del volcán; entre los árboles del bosque, a la orilla de algún río o entre las olas del mar…

Pero a veces he creído que el amor duerme por allí en alguna cama y que yo no he dado con ella todavía. Por eso lo he buscado bajo el amparo de la noche, bajo la penumbra de lo prohibido y entre las sábanas de lo inconcebible, descubriendo que en esos momentos es cuando soy más “yo”: sin maquillaje, sin ropa, sin poses y sin falsas máscaras. Soy yo, en mi expresión más pura y natural, siendo la versión de mí que más me gusta.


Sin embargo hoy, estando aquí, recordando todo el camino que he recorrido para encontrar el amor, de pronto caigo en la cuenta de cuán inútil fue mi búsqueda. Me entero de cuánto tiempo perdí buscándolo en el exterior y cuánto esfuerzo y energía malgasté en vano, intentando buscar afuera lo que debí empezar por buscar dentro de mí. Nunca me dijeron que el amor siempre ha estado en mi interior y que el amor y yo somos lo mismo…

En mi búsqueda del amor, recordé que cuando juegas siempre existirá la posibilidad de perder, sobre todo cuando el juego es de dos y el resultado no depende sólo de ti. Pero también aprendí que el sólo hecho de saber que existe y que en el momento menos pensado volverá a manifestarse, es suficiente para mantener intacta mi fe en él.

He aprendido que es posible que no sepa aún lo que realmente quiero, pero si sé muy bien qué es lo que no quiero. Sé que los dolores son más profundos cuando tienes más años, pero a esta edad ya entendí que no me muero de eso. Al contrario, siempre saldré más sabia y más fuerte. Me preocuparé el día que se me rompa el corazón o que me rompa toda, sin que pueda recoger mis pedazos para armarme de nuevo.

Y entre tanto encuentro y unos cuántos desencuentros, sólo sé que nada sería de mi vida y ningún sentido tendría vivirla, si no preguntara a cada instante: “¿Dónde te encuentras, Amor?”.


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miércoles, 2 de marzo de 2011

Por que los Sapos De Otros Charcos saben taaaan Buenos! Por Wendy Gonzalez

Primeramente!! estoy taaaaaaaaan feliz que no habia tenido el animo de escribir en contra de los maravillos Sr. Sapos, pero el dia de hoy.. dire las razones por las cuales los amo.

En un principio, debo definir por que lo "prohibido es tan delicioso", pues por la simple razón que aportan adrenalina a nuestro ser, esa inyección de poder pasional que se intesifica con cada sonido emitido por ellos. Este tipo de ENTE vaga por el mundo con una perspectiva de la vida un poco distinta a la que conocemos con los renacuajitos de nuestros Charcos.. por asi decirlo, los renacuajos ya no "conocen" la caballerosidad, la pasion verbal, la dulzura de unas palabras magicas que encienden nuestra mente, en pocas palabras, no saben tratarnos como nosotras merecemos.

¿Por qué nos dejamos envolver por Entes prohibidos? Sencillo. Apesar de ser Mujeres Fuertes, e Independientes, tambien tenemos ese lado muy oculto, que dice dominame. Buscamos la conmoción de un regazo maduro, que atañe a sentimientos ocultos que solo entre dos se conocen.

Si claro! SON PROHIBIDOS! pero a final de cuentas DELICIOSOS!

Solo les dire algo, a estas alturas de mi vida, y despues de probar un sinnumero de renacuajos, solo puedo decirles, " Estoy viva!, lo he vivido, y me ha encantado"

Señoritas! si llega un Sapo de Otro estanque, solo disfruten cada momento, sin pensar que ustedes se mudarán al otro lado!

viernes, 18 de febrero de 2011

DON SAPO, Por Elena S.

Alguna vez alguien me dijo que "en cada príncipe hay un sapo en potencia" y al mismo tiempo que "vas a besar muchos sapos antes de que encuentres a un príncipe".... pero si en los perros hay razas, también hay de sapos a sapos.

Durante toda mi vida (o por lo menos desde hace más de 10 años), me he caracterizado por ser cìnica entre las cìnicas.  Algunos de ustedes, que me conocen o me han conocido en el transcurso de este tiempo, no me dejarán mentir.  Cuando alguien escucha mi nombre "Elena Savalza", seguramente lo relacionarán con un adjetivo como "cabrona", "calzonuda", "vieja loca", "devora hombres", "escondan novios y maridos", etc.

Pues, dejen platicarles que, como dijera uno de mis hermanos "peinaron al rey de la peineta". Asì es amigos, yo creìa que a lo largo de mi vida había conocido a todo tipo de hombres y que me sabia todas sus estrategias y sucias artimañas para traernos como idiotas, pero no solo eso, creìa conocer la vacuna y el antídoto, ya que padecí tremendamente sus enfermedades...

Por eso, la soberbia, mala consejera para quienes muy seguido la escuchamos, me impidió ver el bosque por concentrarme en un árbol.... y a mi colección de sapos con potencial de príncipes, se agregó uno nuevo, una especie que hoy llamaremos "Don Sapo"....

¿Por qué "Don Sapo"?, se preguntarán ustedes... Bien, comencemos a definir las características que lo vuelven un "Don":

  • Dinero, dinero y más dinero: el tipo tiene lo que quiere, en cuestion material y a la hora que lo quiere, nada es un reto. Amén de su super coche, o de su casa "al sur" del DF (San Angel, Polanco, etc.), empresa propia, entre otras "comodidades".
  • Posición de poder e influencia: Socialité por naturaleza y convicción. Este tipo, se desenvuelve en un círculo exclusivo y se destaca entre los de su "gremio", por tener una posición privilegiada que le permite tomar decisiones que afectan a otros.
  • "Vestido para matar":  Obvio, trajes caros y de marca, zapatos finos, Black B, perfumería, plumas Le Mont Blanc, etc.
  • Considerable atractivo fìsico: Si bien no es guapísimo.... con todo lo anterior, ¿quien de ustedes no lo voltearía a ver?
  • Frecuenta lugares caros: Si vas a comer con él, serás tratada con excesiva cortesía y servilismo... y pagará por tu plato fuerte, el equivalente a lo que gasta en comida de forma semanal, cualquier mortal.
  • Conversación amena y trato caballeroso: Por supuesto, hombre de mundo, lee mucho, conoce mil lugares y a parte, "se desvive" en atenciones por tí.
Chicas: sean completamente sinceras... ¿quien de ustedes no estaría poquito menos que "encantada" por un tipo así?... ¿opondrían resistencia?...

Pues bueno... un "Don Sapo" llegó a mi vida recientemente, pero con un plus: mensajes y llamadas a toda hora y a cualquier hora, se portaba divino... ¿Sus frases favoritas?, allí les va la lista:

  • "Chiquita; últimamente no me dejas dormir"
  • "No sé lo que haces, pero todo el tiempo estás en mi cabeza"
  • "Me tienes loco, te quiero y solo pienso en estar contigo"
  • "Eres sensacional... fuera de serie!!"
  • "Podría enamorarme de tí, sin duda alguna!"
  • "Tienes que escuchar la canción "bla,bla,bla" .... hoy la escuche y pensé en tí"
  • "Estoy muy ocupado... pero aún así, todo el tiempo estás conmigo"
  • "Te admiro tanto!!.. eres una mujer fuerte, inteligente, tierna, dulce..."
Vuelvo a preguntar.... ¿opondrían resistencia?

Por supuesto que no!!!.....

Pues, yo tampoco opuse resistencia. Tuve la mala fortuna de no inmunizarme ante el venenoso aliento de  "Don Sapo" y cual sapo... atrapó al mosquito, sació su apetito... y se fué!!

Como dijera una canción de Arjona: "sin decirme nada, sin decir por qué, ni una coartada ni una explicación"... Simplemente, desapareció y al desaparecer, dejó en su lugar un montón de preguntas sin respuesta, muchos hubieras.... y un tremendo dolor a mi ego.

Por eso les comparto esta historia de "Don Sapo", porque si tienen la mala fortuna de encontrarse con uno, deben saber cómo identificarlo y cómo huir a tiempo.

Y si alguna de ustedes ya conocio a algún "Don Sapo" en su vida, deben saber que ellos son los jodidos y no ustedes, que se conformaron con lo que cualquiera puede llegar a tener y no buscaron dentro de ustedes a la GRAN MUJER que son, deben recordar que "el que se va sin ser corrido vuelve sin ser requerido" y que Dios es tan bueno, que siempre quita de nuestro camino las situaciones o personas que no aportan nada a nuestro crecimiento.

Algo mejor está por venir, si tan solo tenemos fé y sincronizamos nuestra voluntad con la Voluntad Divina.

Los quiero mucho y hasta la próxima!!