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lunes, 30 de julio de 2012

Una nueva historia... por Elena Savalza


Hace casi un año hablaba con mi amiga Liliana sobre el pasado, sobre “dejar ir”, la aceptación y otras tantas cosas que vienen a nuestras conversaciones habituales cuando una relación termina y te encuentras en proceso de sanar. En ese momento, me atormentaba la idea de cortar de raíz el contacto con uno de los hombres más importantes de mi vida, para lo cual Liliana intentaba darme ánimos y mostrarme su apoyo. Hubo un momento de la conversación en que Lily me dijo: “quizá no tengas que dejar de verlo o de hablarle, a lo mejor, sólo es cuestión de que quieras empezar una historia diferente, pero con la misma persona”.


Poco a poco, con el pasar de los meses, fui entendiendo lo que Liliana me quiso decir ese día: se trataba de eliminar de mi vida y del patrón de los pensamientos relacionados con esta persona, aquellos que me causaran enojo, dolor, rencor y toda clase de emociones negativas; para dar paso al amor, la compasión, el perdón y todas las manifestaciones de magia que se merecía alguien que había formado parte importante de mi vida y que, dentro de todo lo malo que pudiera haber existido, compartió conmigo muchas vivencias y momentos preciosos que guardo para siempre en mis recuerdos y en mi corazón.

Dejé de darle importancia a esta parte y continué mi camino. Con el pasar de los meses conocí más gente, trabajé, me tropecé, me caí, me levanté, me equivoqué y aprendí. Pero el concepto de “iniciar una historia distinta con la misma persona” no se había materializado en mi vida, así que no había tenido la oportunidad de vivir, en realidad, la enseñanza que Lily quería que hiciera parte de mí.

Este fin de semana, sin embargo, algo cambió…


Tuve la oportunidad, gracias a mi hermana Marina, de vivir una experiencia de sanación y reencuentro con la niña que fui, de recorrer mi camino de nuevo y detenerme en los lugares y momentos de mi existencia en los que he aprendido a ser la persona que soy ahora, incluyendo los recuerdos no tan gratos, mis tropiezos, mis errores y los momentos en los que me sentí culpable, perdida y sola.

Agradecí infinitamente lo que hasta el momento tengo y re-aprendí que el camino andado no ha sido en vano, porque hoy soy más fuerte y más sabia, sobre todo porque reconozco que jamás dejaré de aprender de mí y que cuando no sepa qué hacer no tengo que presionarme por tener todas las respuestas; de hecho, hasta es natural que no las tenga. Sin embargo, en todo momento, tendré siempre la opción de volver a la premisa básica: practicar el amor por mí misma.

Así, en el camino de amarme y aceptarme, de pronto vino la oportunidad de aceptar, amar y perdonar a aquellos que, por alguna razón, consideré mis verdugos. Justo allí, recordé a Liliana y la idea de iniciar “una historia distinta con la misma persona”. Y entonces, la magia y el amor que siempre ha existido pero que redescubrí en las últimas horas, hicieron su parte y pusieron frente a mí precisamente a aquella persona con la cual mi corazón me gritaba desde hacía tiempo que tenía que comenzar de nuevo.

La vi así: sin sarcasmo, sin cuestionar, sin intentar justificarme, sin criticarle ni reprocharle que no hubiera actuado como se suponía, según mi percepción, debió haber procedido. Sólo comencé a disfrutar del momento presente que estábamos compartiendo y evitando el hacer preguntas para las cuáles no tendremos jamás una respuesta racional. Saqué de mi bolsa la razón y la lógica, dejando que sólo hablara mi corazón.

¿El resultado? Pasé una de las mejores noches que he vivido recientemente. Entendí, por primera vez en mucho tiempo, que no puede haber magia robada, porque la magia no tiene adjetivos ni títulos de propiedad: simplemente es. Llega porque sí, permanece el tiempo que tiene que permanecer y no necesita más que un corazón y una mente verdaderamente dispuesta a recibirla.

Y esa historia distinta, con la misma persona, comenzó a escribirse hace unas horas… ¿Cómo terminará? No lo sé y no lo puedo saber. Sé que sucederá cuando tenga que aprender todo lo que Dios quiere que aprenda aquí: ni antes ni después.



No siempre podemos entender ni controlar todo aquello que nos pasa, pero siempre podemos “volver a lo básico”: practicar y sentir el amor, sin intentar explicar todo lo que nos sucede. Debemos confiar en que estamos en el lugar y momento preciso, con las personas correctas, porque todo forma parte de un plan preciso y detallado que alguien, mucho más inteligente, sabio y sensitivo que nosotros diseñó.

En la medida que aprendamos a disfrutar lo que tenemos y dejar de pensar en lo que no tenemos, es como la vida adquiere sentido. Sólo tienes el momento presente… ¡vivámoslo hoy!


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martes, 17 de julio de 2012

De los amores platónicos y otros monstruos... Por Elena Savalza


Busqué en internet una definición para el amor platónico porque tengo la impresión de que estuve adoleciendo, hace unos días, de ese mal.  Si. Ese amor que se presume imposible, que va más allá de lo físico o lo sexual y que simplemente es, porque sí, sin más razones ni conjeturas. Navegué en varias páginas que me arrojaron algunos buscadores, intentando comprender lo que sucedió el jueves; pero, sin faltarle al respeto a “San Google”, creo que su poder es limitado y que mi corazón y mi mente, juntos o separados, rebasan su capacidad de explicar todas las cosas explicables dentro de este planeta y mundos alternos… (¿Qué dije?).

Llegué a la Ciudad de México el pasado jueves para trabajar con ese cliente que atiendo desde hace meses, pero al que me une una historia un poco más… ¿antigua? Bueno, “antigua” podría ser un término que, sin entrar en detalles, la definiera. Sin embargo, ese día no iba a ser para nada parecido a los anteriores, aunque sé que parte de la magia de mi trabajo es que ningún día es igual a otro.


Entré, saludé al “jefe” apurada, pues llegué con retraso, dejé mi maleta en la Recepción (aún no había ido al hotel a hacer mi check in) y subí las escaleras hasta la oficina de mi contacto para comenzar a trabajar. Allí fue cuando lo vi. Estaba sentado de espaldas a la puerta, con una camisa de vestir color rosa y un pantalón de mezclilla, que parecía desentonar con la formalidad del ambiente de la oficina. Después de un “buenos días y perdón por el retraso”, me es presentado el desconocido:

-          Te presento a mi tío… - Me dijo mi contacto
-          Mucho gusto, Elena Savalza…
-          El gusto es mío – Contestó mientras me daba la mano y acercaba su mejilla a la mía para darme un beso.

Era lo suficientemente alto como para que me obligara a estirar un poco mi cuello al saludarlo, pero no tanto como para que no me dejara ver sus ojos: coquetos, no muy grandes pero de un color verde hermoso. Una sonrisa franca, piel blanca bronceada y barba de un día sin rasurar. Su cabello entrecano no me dejaba adivinar su edad, pero después supe que tenía 42 y era divorciado, además de oler a Hugo Boss clásico. Supongo que, con esta descripción, no tengo que ser tan elocuente para decir que el tío desconocido me encantó y lo que sigue de eso.

Para mi buena suerte, unos instantes después de ser presentados nos dieron la “bendita noticia” de que durante los siguientes 6 meses estaremos trabajando juntos, lo cual me hizo, inexplicablemente, sentirme la mujer más feliz del mundo. Entre trabajo y un poco de conversación, pocos minutos nos bastaron para enterarme de lo mucho que teníamos en común y para comenzar a conversar con él como si nos hubiésemos conocido desde mucho tiempo antes. Descubrí también que era atento y caballeroso, además de detallista y simpático, sin restarle méritos al delicioso café que prepara: demasiado bueno y maravilloso para ser real y, sin embargo, estuvo allí frente a mí, convirtiendo esos momentos en algunos de los mejores que recuerdo recientemente.

Lo vi por última vez el viernes, cuando subía mi maleta al taxi y me abría la puerta trasera mientras me recordaba cuánto gusto le había dado conocerme y me daba un beso en la mejilla a manera de despedida. Y desde ese instante, tengo una sonrisa en mi rostro que no entiendo de dónde viene, pero que ni con cirugía plástica logro borrar.

Sí. Sé que puede parecer tonto que a mis casi 30 años, me sienta como si tuviera 15 al haber conocido a alguien que, si bien volveré a ver y con quien seguiré en contacto por cuestiones de trabajo, está demasiado lejos de mi alcance. Ni siquiera puedo garantizar que haya sentido la misma emoción que sentí yo. Sencillamente, no puedo pensar en tener algo más justo por aquella “historia antigua” que antecede a mi relación (ahora comercial, solamente) con ese cliente.

Y sin embargo, me hizo feliz volver a sentir…


Mi corazón pasó de estar dormido por años a enamorarse, robando magia. Después lloró, se decepcionó e, incluso, se conformó con un final que no eligió pero que aceptó al dejar de pelear por una historia forzada. Pero ese día, sentí cómo de pronto y sin que lo controlara, comenzaba a recobrar mi antiguo brillo, mi fortaleza y hasta mi inocencia y mi fe, recuperando la capacidad de enamorarme a primera vista y poner mi  mundo de cabeza en tan sólo unas horas, atreviéndome a ser yo y a dejar fluir aquella energía que tal vez estuvo allí desde hace tiempo pero que no me había permitido proyectar.

Así de mágico y así de ilógico, sin conceptos rebuscados y sin explicaciones profundas, sólo sintiendo lo que de momento es, e ilusionándome con lo que podría ser y quizá no será, pero que el simple hecho de que haya estado de nuevo en mi cabeza me hace feliz.

Y así, después de haber escuchado una vez más "¿Desde cuándo?" de Alejandro Sanz, (Escucha la canción "¿Desde Cuándo?" Alejandro Sanz) cerrando los ojos y sonriendo como idiota, recuerdo por última vez cada detalle y cada gesto antes de salir de mi burbuja, mientras intento regresar a mi vida habitual. Lejos de la Ciudad de México, viendo hacia el mar...

A trabajar, a escribir y a ser de nuevo yo: esa “yo” que no cambio por nada…

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lunes, 30 de abril de 2012

Cenizas al Mar... Por Elena Savalza


Estoy convencida de que ninguna persona le pertenece a otra, por lo tanto nadie te quita lo que es tuyo. Dios pone a la gente en el Camino de la Magia, para que puedas aprender de ella y mientras forme parte de tu historia y tenga algo que aportar a tu vida, permanecerá allí, encendiendo la llama en tu interior e irradiando luz y calor.

Creo en los milagros. Sé que éstos existen y que, cuando se presentan, deben ser vividos y disfrutados sin cuestionar, agradeciéndolos como una bendición, porque tienen fecha de caducidad.  El Amor, y la Magia que éste representa en tu vida, algunas veces duran muy poco. Es tan inútil resistir su aparición como prolongar su existencia más allá de lo necesario. El momento de vivirlos nunca es antes ni después: es cuando es…

Cuando el tiempo de vivir el Amor y la Magia pasa, cuando la llama se apaga y las brazas no pueden ni deben volver a arder, es el momento de apagar las brazas, barrer las cenizas y arrojarlas al mar.


Después de devolver la Magia Robada, la Princesa estaba tranquila. Sabía que era lo correcto y aunque lo correcto no siempre la hiciera feliz, a la larga el destino sería sabio y acomodaría de nuevo los caminos. Ella encontraría la estabilidad y la felicidad que estaba buscando y que definitivamente estaban en otra parte. Su éxito no tenía que ser robado porque había luchado mucho por él, como tampoco tenía que robar Magia de nuevo. Desocupaba sus manos y la dejaba ir, pero las mantenía abiertas para recibir algo nuevo y mejor. El futuro comenzaba justo en ese momento y había largo camino por recorrer aún.

Sin embargo, en el intento por devolver la Magia Robada, su portador regresó con ella una noche y con más fuerza:

-        -   Nadie te robó la Magia… - decía, mientras la abrazaba- Estoy aquí…

La Magia tocaba de nuevo a su puerta en esa madrugada tibia, con la misma mirada de suplicio que antes la Princesa prodigó y que tanto dolor reflejaba, cuando tuvo que dejarla ir. Ella sabía que no le pertenecía, pero la Magia y él estaban allí. ¿Qué tenía que hacer entonces? No lo sabía. Sólo entendía que su corazón quería recibirlo de nuevo, pero su mente y la razón le decían que era imposible y que ya había jugado demasiado a la heroína, en su intento por conseguir imposibilidades.

Pasaron los días y ella esperaba que el tiempo hiciera su parte. Pedía a Dios, al destino y a la vida que quitaran de su camino esa Magia que le era ajena, si era que de verdad no fuera para ella. Sabía que había una lección implícita en aquella experiencia, que quizá su apego, su orgullo o su miedo aún no le permitían ver, pero que estaba allí. La Princesa tenía mucho que aprender, pero no sabía aún qué…

De pronto una noche sueña con la vida perfecta, sueña que la Magia era suya y que no tendría que devolverla jamás. Fue un sueño hermoso, donde todo era color de rosa, no había dolor y la felicidad estaba al alcance de sus brazos sin tenerla que dejar ir. Su sueño era con él.

Pero de los sueños se despierta y ella despertó, con los brazos y la cama vacía. La Magia no era real y no estaba allí. Seguía siendo Magia Robada y no se podía permitir tenerla, ni siquiera en sueños.

La Princesa se alejó por unos días y se dedicó a trabajar, a divertirse y disfrutar lo que tenía a su alrededor, siguiendo su camino. Curiosamente, mientras mayor era la distancia que ponía entre la Magia Robada y ella, mayores eran también los frutos de su trabajo y el éxito que la acompañaba. Era como si su bienestar y su brillo dependieran de lo lejos que se mantuviera de la tentación de poseer esa Magia que no le pertenecía. Llegó un momento en que se sentía tan bien, que creía que había terminado. Creía firmemente que al final siempre las cosas estaban bien y si no era así, era porque aún no terminaba. En su caso, parecía que verdaderamente ese episodio de su vida, tan complicado y tan doloroso, ya había llegado a su desenlace. Sin embargo, todavía no tenía clara la lección implícita. Sabía que no había recorrido todo ese camino solamente porque sí, pero no terminaba de comprender las razones.

Entonces, de súbito, el portador de la Magia Robada regresa de nuevo. Aparece otra vez, de la misma forma repentina en la que ella trató de alejarlo, apenas unas semanas antes. Regresa una madrugada para preguntarle si hubieran sido felices juntos y para decirle que nunca había dejado de estar pendiente de ella y de sus logros, para decirle cuánto la quería y lo mucho que además la admiraba. Había habido fuego y parecía que la llama no se había extinguido, quizá quedaban aún brazas de algo que, muy a su pesar, había sido más fuerte de lo que hubiera pensado. Así volvía a comenzar otra vez el mismo círculo vicioso en el cual se había mantenido atrapada todos esos meses, sin saber cómo salir.

Volvió a ceder ante la tentación de tomar prestada esa Magia y la tuvo de nuevo una noche, en territorio ajeno. Volvió a sentirse viva, a sentirse deseada, a sentir el amor y la Magia en su corazón y en todo su ser. Volvió a sentirse mujer y a olvidarse de cualquier complejo o prejuicio, sólo eran ella y él viviendo la maravillosa Magia Robada: el sueño se convirtió en realidad por un momento.

Pero el fuego se apaga por falta de oxígeno, las llamas se convierten en brazas y las brazas en cenizas. Llega el momento en que las cenizas se esparcen por el viento, pero siguen siendo cenizas al fin.


Después de aquella noche, la llama de la Magia Robada, se convirtió en cenizas cuando un torrente de cordura y  razón apagó aquél fuego intenso. El incendio que parecía no tener final se veía ahora convertido en cenizas.

Todo vuelve a su origen. Así como un día, a la orilla de aquella playa surgió el fuego de la Magia, la llama se apagó y ahora la Princesa desecha las cenizas en el mar, donde viajarán por siempre, sin tener derecho a resucitar.

La Princesa aprendió la lección. Sabe ahora que el orgullo y el miedo son los peores enemigos del amor y que no puedes siempre arrebatar cuando pierdes. La Princesa entendió entonces, que ella no eligió el Camino de la Magia que tuvo que transitar, si no que fue el Camino el que eligió a la Princesa que tenía que protagonizar esa historia. Era ella y era su vida, no las habría cambiado por nada ni por nadie más, aunque hubiera podido.

Para obtener algo grande, la vida te impone sacrificios. A veces el precio puede parecer alto, pero al final valdrá la pena cuando te atreves a dejar ir para recibir otra vez.

… Y la Princesa sigue, por el Camino de la Magia, sin intentar que lo imposible se vuelva posible. Simplemente continúa viviendo la vida que le tocó vivir; cerrando ciclos, librando batallas y arrojando, cada vez que sea  necesario, sus mismas cenizas a que se las lleve el Mar, entendiendo que el desecharlas dará espacio para que nuevas llamas y nueva Magia revivan de nuevo…

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domingo, 8 de abril de 2012

Al calor del "Merlot"... Por Elena Savalza

Es un enorme gusto para mí volver a escribir para ustedes, después de algunos días tan pesados como buenos en los que decidí tomarme un pequeño descanso y en los que, espero que también, hayan descansado y renovado energías.

Con algunas notas por concluir, miles de ideas en la cabeza, trabajo acumulado por doquier y buenas noticias llegando por todos lados, es que retomo hoy la continuidad de la escritura en este espacio que tanto aprendizaje personal me ha dejado y tantas oportunidades me ha abierto al exterior.

Hoy quiero hablar de Magia. Sí, ya sé que hablo de Magia muy seguido, pero hoy no se trata de la magia que me robé y que tuve que devolver, ni tampoco de la que a veces he perseguido inútilmente hasta sentirme desesperanzada de encontrarla.

Hoy quiero hablar de la Magia que llega cuando no la esperas y que encuentras sin buscar, cuando de pronto te pasan tantas cosas que volteas al cielo y no sabes si dar las gracias a Dios o pedir una tregua.

Estaba en esos días extraños, en los que todo alrededor me decía que iba por el camino correcto puesto que tantas cosas buenas me estaban pasando en el terreno personal, pero sobre todo, en el ámbito profesional. No había existido un solo día de los recientes en el que no tuviera nada que agradecerle a la vida. Oportunidades, retos, trabajo, salud y gente a mi alrededor que me quiere y apoya de forma incondicional. Sencillamente, sería demasiado injusta si pidiera algo más para mí. Todas las bendiciones juntas estaban llegando a mi vida, simplemente con abrir los brazos y recibirlas.

De pronto el miércoles pasado, junto con mis grandes amigas, Edit y Jessica, se nos ocurre darnos un “gustito” e irnos a cenar las tres, para celebrar el simple hecho de ser mujeres, de ser felices, de ser independientes, de hacer lo que nos gusta y de estar juntas, para seguir compartiendo nuestras experiencias de vida.

Imaginen una mesa en un tranquilo pero bonito restaurante a la orilla de la playa (abro mi comercial, se llama ZLO), escuchando las olas, degustando una pasta italiana y con una botella de vino tinto al centro, para brindar por cualquier cosa que hubiera que hacerlo, tres amigas rayando los 30, en la mejor edad de sus vidas y con unas enormes carcajadas que irrumpían la quietud del lugar.


Al calor del Merlot, comenzaron a surgir todas esas confesiones que las grandes amigas se llevan a la tumba. Invariablemente, el amor ocupó parte central de nuestra temática en la mesa, pero también fueron tema nuestras carreras, nuestros proyectos y nuestros planes a futuro. Incluso, nos ajustó el tiempo para planear uno que otro viaje juntas.

Vi a mis amigas felices. Las vi radiantes, las vi completas, las vi enamoradas del amor y de la vida. Vi a esas chicas que siempre quise ver en ellas, las que no tienen miedo de vivir, de sentir, de disfrutar todo lo que la vida les regale, sin cuestionar nada y sin importar qué dirán. Vi a mis amigas, a las que la felicidad les destilaba por los poros. Vi a las mujeres “fregonas” de las que me precio de rodearme siempre, sentadas en mi mesa. Las vi allí, conmigo, festejando mis éxitos, alentando mis sueños y riendo con mis locuras, al tiempo que compartían las suyas.

De pronto llega mi turno de hablar de amor. Les recuerdo entonces, que me auto impuse una “veda” amorosa, ya que últimamente ese aspecto de mi vida ha contrastado por completo con la felicidad en el ámbito profesional. Sentí completamente necesario tomarme un descanso, analizar mis errores y así volver a reunir fuerzas para regresar al campo de batalla.

Mi semblante cambia y comienza a quebrarse mi voz, al recordar el último de mis amores, que fue también la última de mis mentiras.

Entonces, Edit tomó mi mano y me dice algo que nunca voy a olvidar:

"Lo único que quiero es verte feliz. Sabes que no estoy de acuerdo y que jamás lo aprobaré, pero si tu felicidad está a su lado, no te des por vencida: ¡lucha! Si sabes que tienes una oportunidad, no la dejes escapar, porque podría ser que te arrepintieras siempre."

Debo confesar que me sorprendió lo que me dijo, porque efectivamente, sé que le costó un enorme trabajo. Sin embargo, al calor del Merlot, creo que lo verdaderamente rescatable fue la lección de lealtad y de amistad que me dio.

A veces por más que sueltas, te das cuenta que aquello que debes dejar partir, simplemente no quiere irse. Y en no pocas ocasiones te sigues cuestionando, después de soltar, si de verdad fue lo correcto o si deberías volver a perseguirlo y a “luchar por ello”, como Edit me dijo.

La verdadera magia que descubrí esa noche, fue la muestra de apoyo y de amistad de las dos grandes mujeres que compartieron la mesa (y tres botellas de Merlot). La Magia fue saber que estaban allí y que lo estarían a pesar de que, en mis locuras, de pronto las metiera en líos el seguir conservando mi amistad.


Creo que, si algo he aprendido recientemente, es el valor de los verdaderos amigos en mi vida. Lo aprendí de una manera muy dura, pues desafortunadamente tuve que perder a una gran amiga para valorar a los que tengo.

Sin embargo, también entendí que muchas veces el árbol de la amistad debe sacudirse hasta las raíces para tirar los frutos podridos y esperar que vuelva a florecer.

Los grandes amigos están contigo en las malas y te alientan en tu lucha cuando crees desfallecer, pero también son los que se ganan el genuino derecho de compartir tus éxitos y tu felicidad.

A la gente que estuvo y a la que ahora está, muchas gracias. Sin ustedes, yo sería “menos yo”.

¡Nos leemos pronto!



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domingo, 11 de marzo de 2012

Magia Robada... Por Elena Savalza

Alguna vez leí que cuando no se puede volver hacia atrás, lo único que tenemos que hacer es concentrarnos en encontrar la mejor manera de seguir hacia adelante.

A veces Dios pone pruebas que nos parecen insoportables de llevar, simplemente para desafiar nuestra fortaleza y demostrarnos que, después de caer, por más bajo que se haya descendido, siempre habrá una nueva oportunidad para levantarse e iniciar de nuevo.

Ojalá existiera una receta infalible para que los nuevos comienzos no dolieran como duelen. Ojalá hubiera un bálsamo lo suficientemente efectivo como para que el dolor disminuyera con sólo querer. Lo cierto es que, los cambios de página, nunca me han resultado fácil. Pero sé que el quedarse por mucho tiempo leyendo los mismos párrafos, podría hacer que me perdiera de una maravillosa historia al final del libro.



Hubo una vez una Princesa que transitaba por el Camino de la Magia, sin que supiera exactamente si seguía el sendero correcto. Únicamente se guiaba por las escasas señales que le enviaba, de pronto, su corazón desubicado; ese corazón al que la Princesa tenía tanto tiempo de no escuchar, que ya le era muy complicado percibir esa voz interior que estaba allí siempre, a la espera del momento adecuado para tomar la palabra.

Pero una noche, el corazón le habló. A pesar de las fuerzas con las cuales su cabeza, sus prejuicios, su lealtad,  su miedo y su orgullo intentaron ocultarlo, allí estaba el sonido de su voz, tan claro y tan elocuente, que era imposible ignorarlo.

Su corazón le estaba diciendo esa noche, el lugar exacto donde la Magia, que por tanto tiempo buscó, se encontraba.

¿Lo sabía desde antes? Probablemente sí. Pero el sentido del deber y de la lealtad, le decían que volteara hacia otro lado, así que intentó por todos los medios callar el sonido de la voz de su corazón.

Esa Magia estaba en un lugar inaccesible para ella. Aunque era real, simplemente no le pertenecía.

Por días enteros, la Princesa se permitió sentir eso que de nuevo había encontrado e, incluso, jugó en su mente y en su corazón con la idea de que pudiera ser verdadero. Se imaginó viviendo con esa Magia por siempre. Soñaba y sonreía, por momentos, llenándose de ilusión y con la convicción de que, por más obstáculos que tuviera que enfrentar, al final del camino valdría la pena cualquier esfuerzo, si lo intentaba con fe.

Volvió a intentar sentir, volvió a intentar creer, volvió a intentar tocar con las manos el cielo: el pedazo de cielo que en ese momento Dios, la vida, el destino o sus propias elecciones y deseos, le estaban ofreciendo.

Sin embargo, el atreverse a vivir esa Magia, también significaba para la Princesa- Guerrera librar una de las más duras batallas de su vida y para la cual no estaba ni remotamente preparada. Incluso, consideraba que ni siquiera contaba con las armas suficientes para hacerlo. Solamente tenía la fe que por momentos su corazón le infundía en pequeñas dosis y la abrumadora sensación de quien sabe desde el principio que a veces, aún ganando, pierdes.

Tenía el enorme deseo de que la Magia no se esfumara, pero sabía que el desear no era suficiente.

Y se peleó con ella misma, con sus miedos, con sus prejuicios, con su falta de lealtad, con la sensación de estar robando la Magia, con el remordimiento de no estar caminando derecha, con la angustia de que el verdadero dueño de esa magia robada, descubriera el robo. Estaba peleando contra la idea de causar dolor a gente que quería mucho y de que ese daño fuera irreparable.

Todos los días se levantaba con la convicción de que tenía que dejarla ir, aunque no le gustara. Tenía que soltar esa parte de su vida y desaparecer eso que estaba sintiendo, pero no sabía cómo hacerlo.

Simplemente, su corazón estaba tan seguro de que era allí donde pertenecía, que lo único que atinaba era a decirle a su cabeza que esperara un poco más, a ver que sucedía. Por cada “no” de su cabeza, el corazón le decía un “quizá sí”. Ese acto de fe la mantuvo, por algún tiempo, esperando a que sucediera un milagro y las cosas pudieran voltearse a su favor.

Sin embargo, tenía que llegar el momento impostergable: tenía que llegar el momento de dejar de vivir en la mentira y afrontar una realidad que, por dura que le pareciera, rescataría a la Princesa- Guerrera de su prisión auto impuesta.

Tenía que tomar una decisión que no le era sencilla: luchar contra lo que quería y hacer lo que debía, lo que implicaba aceptar que el mundo y las cosas son cómo tienen que ser y que el tiempo no regresa, ni perdona.

Pero también tenía la opción de intentar vivir esa Magia Robada por el tiempo que tuviera que ser, aceptando lo inaceptable, sintiéndose viva en la mentira, comiendo con los restos del verdadero banquete. Viviendo pequeños momentos de felicidad cada día, a cambio de horas enteras de angustia, a cambio de su tranquilidad y de su paz interior y con el riesgo de convertirse en la Bruja Malvada de un cuento de hadas que no le pertenecía.

Ante ese escenario, la voz del corazón no podía hablar mucho más fuerte que la de la razón.  El camino que debía tomar estaba ya señalado: dejar ir esa Magia Robada y empezar de nuevo, recordando que cada final es un nuevo comienzo.

Así que una mañana, la Princesa decidió alejarse del lugar donde se encontraba esa Magia que no le pertenecía. ¿Fácil? No, no lo fue. Siempre existió en ella la sensación de que parte de esa Magia hubiera podido pertenecerle. Además, al alejarse tuvo que dejar ir uno de los tesoros más valiosos que la vida le había regalado durante los últimos años, pero el dejarlo ir estaba implícito en la penitencia que tenía que pagar por intentar apropiarse de algo que no le pertenecía.

¿Qué lecciones dejó esta historia en su vida? Aún le cuesta trabajo descifrarlas. Ella sigue sin entender las razones por las cuales tuvo que vivir eso, precisamente ella. Pero confía en que un día Dios y la vida le devuelvan todo lo que perdió y que las cosas regresen a su lugar…



Hoy, la Princesa intenta…

Intenta salir del agujero en el que cayó…

Intenta encontrar claridad al final del camino…

Intenta, con todas sus fuerzas, que el amor en su corazón sea más fuerte que su egoísmo y sus deseos de "saldar cuentas"…

Intenta hacer lo correcto, aunque no la haga feliz... 

Intenta que, al alejarse de la Magia Robada, ésta se multiplique en el lugar al que verdaderamente pertenece…

La Princesa bendice…

Bendice la Magia que conoció…

Bendice el lugar a donde esta magia, verdaderamente, pertenece.

La Princesa se aleja…

Se aleja con la convicción de que todas las batallas de la vida enseñan algo, incluso cuando te retiras o cuando pierdes. El reto ahora, es descubrir el mensaje que Dios le envió a través de esta experiencia.

La Princesa espera…

Espera por un cuento de hadas mucho mejor, porque sabe que a pesar de haber fallado, todos merecemos una mejor historia…

"... Y la Princesa sigue, por el Camino de la Magia, intentando conseguir que lo imposible se vuelva posible... y buscando un cuento de hadas donde no sea la Bruja Malvada, un cuento donde sea lo que es: una Princesa...”

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sábado, 3 de diciembre de 2011

Por el Camino de La Magia... Por Elena Savalza

 
“Cada persona que se cruza en tu camino, no lo hace por azar. Dios tiene mensajeros en la tierra que utiliza como medios para comunicarse con nosotros; sobre todo, en aquellas ocasiones en las que no somos lo suficientemente receptivos o no tenemos la tranquilidad para quedarnos quietos y escuchar su voz por sí sola.”
Hubo una vez, hace algún tiempo, una Princesa que se enamoró perdidamente de un Príncipe, muchos años mayor que ella. Al principio, las cosas iniciaron como una relación sin compromisos y con la consigna de no enamorarse. Con el paso de los meses, sin embargo, el corazón los traicionó a los dos y, de aquella relación casual, surgió un amor muy fuerte y una de las cosas más hermosas que ella hubiese vivido nunca.
Pero nada resultó tan bien como hubieran deseado. Después de dos años de permanecer juntos, el miedo a cambiar sus circunstancias de vida y su entorno, pudo más. El Cuento de Hadas terminó muy mal: un sueño frustrado de ser madre y un “adiós” con muchos huecos y muchas dudas.
Por dos años, esta Princesa guardó en su corazón la imagen idealizada de aquél Príncipe que tanto amó. En realidad, no se puso a pensar mucho en la forma que esa relación marcó su vida ni en el daño que él le pudo hacer en su momento, con toda su indecisión. Para ella solamente existía el recuerdo de los momentos bonitos de una historia que no debió haber terminado y la ilusión de que un día, la vida le daría la oportunidad de volver a verlo y de poner a prueba qué tan fuerte había sido lo que antes habían sentido.
Durante ese tiempo, esta Princesa se dedicó a trabajar arduamente, a irse de fiesta y a conocer Príncipes (realmente fueron Sapos, la mayoría) que entraron y salieron de su vida sin penas ni gloria. Pero un día, por azares del destino, Dios la vuelve a poner junto a aquél Príncipe, en la misma ciudad donde tantas veces estuvieron juntos,  reuniéndose de nuevo con él.
Al principio sintió que no sintió nada. Pero, como dice la canción, “No hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada”.
Le bastaron algunos encuentros más para darse cuenta de que él seguía tan presente en su vida como lo había estado años atrás. En ese preciso instante decidió retirarse, porque sabía que era más que inútil tratar de recuperar algo que, en su momento, él no quiso salvar.
Y entonces siguió siendo cínica y frívola (en ningún cuento de hadas que se precie de serlo, falta una Bruja), como lo había sido en los últimos años, desde que se separó de él. En el fondo, no la hacía feliz, pero se había negado por completo la posibilidad de que alguien más ocupara el altar que ella le había puesto a él.
Un mal día, él descubre muchas cosas de ella que jamás imaginó, incluidos algunos detalles de su historia juntos, que él nunca pensó que ella hubiera visto, sentido y vivido de esa forma.
Entonces enfureció, por el propio peso de su frustración y de su culpa, al ver tan claramente reflejados los errores que anteriormente cometió, arremetiendo duramente contra ella. En ese momento, la Princesa se convirtió en una Guerrera que se defendió con todo y terminaron enfrascados en una serie de reproches que se acumularon por tantos y tantos años de silencio.
Ese día, fue para ella como volverlo a perder. Se enojó, se entristeció, lloró y volvió a sentir las mismas ganas de morirse que había tenido tres años antes. Pero ese día, entendió también que apenas estaba iniciando para ella el proceso de duelo y que ése era el primer paso para recuperarse de aquella pérdida que por años le había impedido llevar una existencia plena y sin ataduras al pasado.
Lo que más le dolió fue aceptar que, a partir de ese momento, ya nada en absoluto la unía con él (ni siquiera el resentimiento). También le dolió mucho pensar en que, muy probablemente, él estaría enojado por siempre con ella y que nunca más volverían a saber uno del otro.

Así siguieron los meses posteriores, en los que ella sentía que las historias bonitas de cuentos de hadas ya habían cumplido su ciclo en su vida. De pronto había, alguno que otro Sapo disfrazado de Príncipe, pero nada que tocara su corazón en serio.
Por fortuna, el día del cumpleaños de él, pudieron romper esa barrera de rencor que les había impedido comunicarse y aceptaron ambos su parte de culpa en la situación, reconociendo que el amor que se habían tenido había sido muy fuerte y que siempre se querrían (de distinta forma), pero que ahora estaban muchísimo más lejos de poder formar parte cada uno de la vida del otro, puesto que sus caminos ya se habían separado lo suficiente.
En ese momento ella se sintió libre, pero triste de nuevo: tenía que soltarlo y, a pesar de los años que ya habían pasado, no era algo que supiera cómo hacer.
Decidió que era tiempo de comenzar a reconstruir su corazón y de quitarle la eterna etiqueta de “cerrado por remodelación”. Inició también a remover los escombros del pasado y a desterrar cualquier residuo de rencor y de ataduras, de recuerdos y de sueños rotos. Empezó de nuevo, a intentar recuperar su brillo y sus alas que había perdido: la Princesa quería volver a volar.
Pero de pronto, mientras estaba en ese trance, un día aparece un nuevo Príncipe, que le envía una solicitud de amistad, que la invita a salir sin conocerla y que comienza a buscarla de una forma de lo más extraña y desenfadada…
Ella, aún encerrada en su caparazón, aún con miedo por lo que estaba viviendo, auto incapacitada para tener una relación de pareja, para enamorarse y para dejarse querer; con miles de temores y excusas para no abrirse, acepta conocerlo.
En esas circunstancias se encontraba cuando él llegó a su vida: completamente cerrada a una relación verdadera y medianamente normal, enfrascada en un disfraz de Bruja Cínica que por mucho tiempo había llevado y que le había costado un enorme trabajo quitarse, al grado de que, a veces, creía que ya era parte de ella y que si se despojaba de él, se sentiría completamente desnuda.
Y, como en los cuentos de hadas, hubo de nuevo un mejor primer beso que los que nunca había recibido: ese fue el beso que despertó a la Princesa de su larga pesadilla.
Volvió a sentir “mariposas en el estómago” al probar sus abrazos, sus caricias y sus besos: en otras palabras, volvió a vivir.
Tantas cosas volvía a descubrir dentro de ella, que anteriormente creía completamente inalcanzables de nuevo, que le pareció imposible que esto le ocurriera en tan poco tiempo. Hacía años que no vivía algo así, que no sentía esa energía y esa conexión al hacer el amor con alguien: con él volvió a volar y a tocar el cielo.
Conforme pasaron los días, cayó en la cuenta de que sus más grandes excusas (el no tener tiempo, el no poder enamorarse y el que una relación normal y bonita no fuera para ella) estaban dejando de ser importantes. Con él, dejó de actuar como muñequita hueca y empezó a sentir.
Por primera vez en muchos años, el fantasma de aquél otro Príncipe de su pasado, no se metió en su cama, porque en ese momento ella estaba completa: estaba con él…
Pero la Princesa cometió un error: aceptar, previamente y sin conocerlo, un acuerdo absurdo que incluía entre sus cláusulas el no mezclar sentimientos, como si éstos fueran objeto de negociación. Y entendió, después de unos días, que ese acuerdo ya no podía funcionar, por lo menos, no para ella. Sencillamente, quería darse a sí misma otra oportunidad y se dio cuenta de ello gracias a los días transcurridos junto a él.
Comenzó a sentir la necesidad, otra vez, de estar con alguien que quisiera estar con ella, que no le diera miedo abrazarla o besarla en público, que quisiera tomarla de la mano y que se dejara querer… porque recordó que todavía podía hacerlo.
Descubrió en él a un ser humano increíble y le pesó muchísimo, más de lo que hubiera querido, el no haberlo podido intentar con él. Era simple: él no estaba preparado para ese nuevo paso que ella le invitaba a dar.
Entonces ella, decidió romper ese acuerdo y retirarse de allí. Sabía que, si se quedaba, terminaría irremediablemente enamorada, por mucho que él le ofreciera las pociones mágicas para que eso no sucediera. No era que considerara que enamorarse fuera malo, pero sí sabía, que ya no podía imponerle a su corazón la pena de confiar sus ilusiones en algo declarado previamente imposible.
A ella le habría encantado que sus circunstancias fueran distintas, pero también sabía que había tiempo para todo y que ése no era su tiempo, no con él, por lo menos. Había un escalón que tenía que subir, pero él necesitaba quedarse donde estaba un tiempo más, porque estaba viviendo su propia batalla.
En el proceso de dar final a esta corta historia, hubo algunas situaciones adversas y malentendidos, ocasionados principalmente por la incapacidad de comunicarse con el corazón y por toda la confusión de sentimientos que, en especial, ella tenía: sabía que debía dejarlo ir pero no estaba completamente segura de querer hacerlo. De alguna forma, le habría gustado quedarse allí, esperando a que sucediera un milagro y teniendo un poquito más de “eso” que estaba volviendo a encontrar.
Y su migraña regresó, el estómago dolió y finalmente, una infección en las vías respiratorias, manifestó toda la frustración y emociones encontradas que la Princesa tenía y la confusión en su corazón que, por mucho tiempo, perteneció a un lugar lejano e inalcanzable y que ahora ya no sabía a dónde ir. Lo supo porque, al revisar su pasado, sus fotos, sus poemas, sus recuerdos y todas las cosas que la habían unido a aquél otro Príncipe hacía algunos años, sus sentimientos y la forma en que lo había tenido presente, habían cambiado: su corazón, definitivamente ya no estaba allá con él.
Así, la Princesa, enferma del cuerpo, trataba de preservar su corazón a salvo, de mantenerse tranquila, feliz y en paz, pero simplemente no lo conseguía. Sabía que había “algo” que tenía que sacar, pero no sabía cómo. Lo único que le quedaba claro es que había, en poco tiempo, avanzado muchísimo más por el Camino de la Magia, que en años anteriores. Había llegado demasiado lejos como para pretender dar marcha atrás.
Hubo un propósito por el cual Dios mandó a este nuevo Príncipe a su vida: fue para despertarla de aquella larga pesadilla que por años vivió. Ese propósito fue cumplido a cabalidad y, ahora que despierta, no quiere volver a dormir. Sabe que, aunque no le guste del todo la idea, es indispensable dejar ir también esta etapa, tomar de nuevo sus alas y volver a volar.
Si una cosa aprendió en todos esos años, es que es completamente inútil tratar de prolongar un ciclo, porque Dios no se equivoca: tiene sus tiempos y sus métodos y, aunque no los entendamos ni mucho menos los aprobemos, algunas veces simplemente hay que dejarse llevar, dejar de contrariarlo y aceptar que, aunque no sepamos hacia donde volar, Él no nos permitirá perdernos por completo.
Todo cambia, todo termina y todo pasa; pero Dios, como quiera que lo entendamos, siempre permanece en un mismo lugar, donde siempre podemos encontrarlo cuando nos sintamos perdidos.
Ahora, hay una Princesa que descubre, habiendo retirado los escombros, que su corazón no sufrió fisuras irreparables y que está listo para volver a ser habitado.
La Princesa regresa por el Camino de la Magia, aquella que se consigue solamente cuando el amor nace desde el fondo de tu corazón.
En el trayecto, seguramente enfrentará nuevas batallas y tendrá que convertirse, de vez en cuando, en la Guerrera que siempre ha sido. Incluso, quizá, de pronto tenga que sacar de nuevo su disfraz de Bruja del armario, pero no permanecerá enfundada mucho tiempo en él, porque nunca más querrá volver a ser la Bruja de su propio cuento.
Otros cuántos Sapos volverán a aparecer y, probablemente, vuelva a sentirse cansada de intentar romper hechizos para rescatar al Príncipe.
Pero la Princesa Guerrera ya recordó que la magia existe, puesto que la volvió a sentir dentro de ella, y que quiere mucho más, sin importar cuántos Sapos tenga que besar.
Por lo tanto, bendice enormemente al Príncipe que la despertó de nuevo y agradece a Dios por su corta, pero significativa, presencia en su vida. Le desea que, en alguna parte de su propio camino, también encuentre aquello que esté buscando, sea lo que sea. Y espera también, que en un futuro, se atreva a subir el escalón que le falta...
Y la Princesa sigue por el Camino de la Magia, intentando conseguir que lo imposible se vuelva posible…

Este es mi cuento de hadas, el tuyo, el de él, el de ella y el de todos los que, a pesar de los tropiezos, siguen firmes por el Camino de la Magia
Dedicado, hasta Argentina, a nuestra querida Sis Fernie; quien un día me dijo: “Y tendrás más magia que Harry Potter…”

Vos sabés…
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